Publicidad

Las enfermedades cardiovasculares más frecuentes entre los habitantes de Quito

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en todo el mundo. Cada año provocan alrededor de 20,5 millones de fallecimientos, una cifra que refleja la dimensión de un problema de salud pública estrechamente relacionado con la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo y el sedentarismo.

En Quito, como en otras grandes ciudades, estos factores de riesgo se combinan con cambios en los hábitos de vida, jornadas laborales prolongadas y una alimentación con exceso de sal, azúcares y grasas. Conocer las patologías más habituales y sus señales de alerta es clave para actuar a tiempo.

Hipertensión arterial: un riesgo silencioso

La hipertensión arterial es una de las afecciones cardiovasculares más extendidas. Se produce cuando la presión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias se mantiene elevada durante un periodo prolongado.

Uno de sus principales peligros es que suele avanzar sin síntomas claros. Algunas personas pueden experimentar dolor de cabeza, mareos, visión borrosa o palpitaciones, pero la ausencia de molestias no significa que la presión esté controlada. Sin tratamiento, puede dañar el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos.

Medirse la presión de forma periódica, reducir el consumo de sal, mantener un peso saludable y seguir las indicaciones médicas son medidas esenciales para prevenir complicaciones.

Enfermedad coronaria e infarto de miocardio

La enfermedad coronaria aparece cuando las arterias que llevan sangre al músculo del corazón se estrechan o se obstruyen, generalmente por la acumulación de placas de colesterol. Este proceso, conocido como aterosclerosis, puede desarrollarse durante años sin causar señales evidentes.

Cuando el flujo sanguíneo se bloquea por completo, se produce un infarto de miocardio. El síntoma más reconocible es una presión o dolor intenso en el centro del pecho, que puede extenderse hacia el brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula. También pueden aparecer dificultad para respirar, sudor frío, náuseas, debilidad o una sensación repentina de angustia.

Ante estos signos, es fundamental solicitar atención de urgencia de inmediato. Esperar a que el dolor desaparezca o trasladarse por medios propios puede retrasar un tratamiento que resulta decisivo para reducir el daño cardíaco.

Insuficiencia cardiaca y arritmias

La insuficiencia cardiaca se produce cuando el corazón pierde capacidad para bombear la sangre que el organismo necesita. No significa que el órgano se haya detenido, sino que trabaja con menor eficacia. Puede aparecer como consecuencia de una hipertensión mal controlada, un infarto previo, enfermedades de las válvulas o alteraciones del músculo cardíaco.

Entre sus síntomas más habituales se encuentran la falta de aire, especialmente al caminar o tumbarse, la hinchazón de piernas y tobillos, el cansancio persistente y el aumento rápido de peso por retención de líquidos.

Las arritmias, por su parte, son alteraciones del ritmo cardíaco. El corazón puede latir demasiado rápido, demasiado despacio o de forma irregular. Las palpitaciones, los mareos, los desmayos y la fatiga pueden ser señales de alerta, aunque en algunos casos no provocan síntomas y se detectan durante una revisión.

Accidente cerebrovascular: una emergencia médica

El accidente cerebrovascular, también llamado ictus, ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo. La hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y algunas arritmias aumentan el riesgo.

Sus señales suelen aparecer de forma repentina: dificultad para hablar o entender, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, desviación de la boca, problemas de visión, confusión o un dolor de cabeza muy intenso e inusual.

Una forma sencilla de recordarlas es comprobar si la persona puede sonreír, levantar ambos brazos y repetir una frase. Si no puede hacerlo con normalidad, hay que llamar inmediatamente a los servicios de emergencia. Cada minuto cuenta para limitar las secuelas.

Cómo proteger la salud cardiovascular

La prevención debe comenzar antes de que aparezcan los síntomas. No existe una única medida capaz de eliminar el riesgo, pero la combinación de varios hábitos saludables puede reducirlo de forma notable.

  • Controlar periódicamente la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
  • Seguir una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado.
  • Limitar la sal, los productos ultraprocesados, las bebidas azucaradas y las grasas saturadas.
  • Realizar actividad física adaptada a la edad y al estado de salud.
  • Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol.
  • Dormir lo suficiente y buscar estrategias para gestionar el estrés.
  • Tomar los medicamentos prescritos y no suspenderlos sin consultar con un profesional sanitario.

La importancia de las revisiones médicas

Muchas enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse o controlarse si se detectan a tiempo. Las revisiones permiten identificar factores de riesgo que no siempre producen molestias y establecer un plan personalizado.

La prevención no depende únicamente de la edad. Las personas jóvenes también pueden desarrollar hipertensión, colesterol elevado o alteraciones del ritmo cardíaco, especialmente si existen antecedentes familiares, obesidad, diabetes o consumo de tabaco.

Cuidar el corazón implica prestar atención a los hábitos diarios y reconocer las señales de alarma. Una consulta a tiempo, una medición rutinaria o un cambio sostenido en la alimentación pueden marcar la diferencia entre un factor de riesgo controlado y una urgencia cardiovascular.

Artículo anteriorCuánto ha pagado el Valencia por Braulio Vázquez y su sustituto
Artículo siguientesv elversberg vs bayern munich standings tras el 1-2