Cómo proteger a los niños de las infecciones al volver al colegio
El regreso a las aulas favorece la circulación de virus y bacterias. El contacto estrecho, los espacios compartidos y la convivencia diaria hacen que aumenten los catarros, la gripe, la enfermedad de manos, pies y boca, la tos ferina o, en algunas zonas y circunstancias, el sarampión. La prevención empieza en casa y debe mantenerse también en el entorno escolar.
La medida más eficaz es tener al día el calendario de vacunación. Antes de comenzar el curso conviene revisar con el centro de salud si faltan dosis o si el niño necesita alguna vacuna adicional por su edad, sus condiciones médicas o un viaje reciente. La inmunización protege al menor y ayuda a reducir la transmisión entre compañeros.
Vacunas y revisión médica antes del curso
Las vacunas frente a enfermedades como el sarampión, la tos ferina, la poliomielitis o la gripe desempeñan un papel esencial. Algunas infecciones pueden causar complicaciones importantes, especialmente en bebés, niños con enfermedades crónicas o personas inmunodeprimidas.
La vacunación antigripal se recomienda cada temporada para los grupos indicados por las autoridades sanitarias. También es aconsejable consultar al pediatra si el menor presenta asma, diabetes, cardiopatías, problemas inmunitarios u otras circunstancias que puedan aumentar el riesgo de complicaciones.
Higiene de manos y hábitos cotidianos
Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos es una de las medidas más sencillas para limitar los contagios. Los niños deben hacerlo al llegar al colegio y a casa, antes de comer, después de ir al baño, tras toser o sonarse y después de jugar al aire libre.
Cuando no haya agua disponible, puede utilizarse una solución hidroalcohólica, siempre bajo la supervisión de un adulto en los más pequeños. No debe aplicarse sobre manos visiblemente sucias y conviene guardarla fuera de su alcance para evitar ingestas accidentales.
- Enseñar a toser o estornudar en la parte interior del codo.
- No compartir vasos, cubiertos, botellas, chupetes ni toallas.
- Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sucias.
- Limpiar con regularidad los objetos que se manipulan a diario.
- Mantener las uñas cortas y evitar morderlas.
Ventilación, descanso y alimentación
La ventilación adecuada de las aulas y de las estancias del hogar ayuda a reducir la concentración de partículas respiratorias. Siempre que sea posible, es recomendable renovar el aire de forma periódica, especialmente durante los recreos o entre clases.
El descanso también influye en la salud infantil. Mantener horarios regulares de sueño, ofrecer una alimentación variada y asegurar una buena hidratación ayuda al organismo a afrontar mejor la temporada de infecciones. No es necesario recurrir a suplementos o productos para “reforzar las defensas” salvo que exista una indicación médica.
Qué hacer si aparecen síntomas
Un niño con fiebre, mal estado general, dificultad para respirar, vómitos repetidos o síntomas que le impidan participar con normalidad en clase debe quedarse en casa y ser valorado según la intensidad y la evolución del cuadro. En caso de duda, la familia debe contactar con el centro de salud.
Si aparecen lesiones en la boca, las manos o los pies, como ocurre en la enfermedad de manos, pies y boca, es importante evitar el contacto estrecho hasta recibir orientación sanitaria. La mayoría de los casos son leves, pero el menor debe beber líquidos y vigilarse la aparición de signos de deshidratación.
La tos ferina puede comenzar como un catarro y evolucionar hacia ataques de tos intensos. El sarampión suele asociarse a fiebre alta y una erupción que se extiende por el cuerpo. Ante una sospecha de estas enfermedades, conviene avisar antes de acudir al centro sanitario para evitar exponer a otras personas.
Precauciones frente a mosquitos y viajes
El dengue no suele transmitirse por el contacto habitual entre escolares, sino principalmente por la picadura de determinados mosquitos. Sin embargo, puede diagnosticarse tras viajes a zonas donde circula el virus. Si el niño regresa de un área de riesgo con fiebre, dolor intenso, erupción o malestar, debe comunicarse el antecedente del viaje al profesional sanitario.
En lugares donde haya mosquitos, se aconseja utilizar ropa que cubra brazos y piernas, repelentes adecuados para la edad y mosquiteras. Los repelentes deben aplicarse siguiendo las instrucciones del envase y nunca sobre heridas o mucosas.
La colaboración entre familias y colegios, clave
La prevención funciona mejor cuando existe una comunicación fluida entre las familias, el centro educativo y los servicios sanitarios. Informar de alergias, enfermedades crónicas, tratamientos o diagnósticos contagiosos permite adoptar medidas y proteger a los niños más vulnerables.
Con vacunas actualizadas, higiene de manos, ventilación, descanso y una actuación responsable ante los primeros síntomas, la vuelta al colegio puede afrontarse con mayor seguridad. Prevenir no significa aislar a los menores, sino enseñarles hábitos saludables y actuar pronto cuando sea necesario.



