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Bilbao 2036: más tecnología en los hoteles, pero sin perder el factor humano

La hotelería de Bilbao afronta una década de transformación marcada por la tecnología, la evolución de los hábitos de viaje y la necesidad de ofrecer experiencias más personalizadas. Sin embargo, el avance digital no apunta a sustituir el trato humano, sino a liberar tiempo para que los profesionales puedan centrarse en lo que más valor aporta al huésped.

Esta fue una de las principales ideas abordadas en el Smart Travel News Roadshow Bilbao, celebrado en el auditorio del Spirit Hotel Gran Bilbao. La conversación reunió a Txema Oteo, de Destino Bilbao, y Raúl Amestoy, de Spirit Hotel Gran Bilbao, en un diálogo conducido por Juan Daniel Núñez, fundador de Smart Travel News.

Una hotelería más tecnológica y conectada

La pregunta de partida fue directa: ¿cómo será la hotelería de Bilbao dentro de diez años? La respuesta pasa por imaginar establecimientos capaces de anticiparse a las necesidades de sus clientes, integrar mejor la información y ofrecer servicios más ágiles desde el primer contacto.

En 2036, muchas de las interacciones habituales en un hotel estarán probablemente apoyadas por herramientas digitales. Las reservas, el acceso a la habitación, las peticiones de servicios o la comunicación con el establecimiento podrán gestionarse desde el móvil o mediante sistemas automatizados.

La tecnología también permitirá conocer mejor las preferencias de cada visitante. El objetivo no será únicamente acumular datos, sino utilizarlos para construir experiencias más relevantes: desde recomendaciones adaptadas al motivo del viaje hasta propuestas relacionadas con la gastronomía, la cultura o el ocio de Bilbao.

La inteligencia artificial como apoyo, no como sustituto

La inteligencia artificial se perfila como una de las herramientas con mayor capacidad para cambiar la gestión hotelera. Puede ayudar a analizar la demanda, ajustar recursos, mejorar la planificación de turnos y responder a consultas frecuentes durante las 24 horas.

También puede facilitar la personalización de la estancia. Un sistema bien integrado podría detectar necesidades concretas, sugerir actividades según el perfil del viajero o agilizar la resolución de incidencias. No obstante, la utilidad de estas soluciones dependerá de cómo se implanten y de la confianza que generen.

La automatización no debe convertirse en una barrera entre el hotel y sus clientes. En un sector basado en la hospitalidad, la eficiencia tecnológica tendrá sentido si mejora la experiencia sin hacerla más fría o impersonal.

El valor diferencial seguirá estando en las personas

El crecimiento de las herramientas digitales no elimina la importancia del equipo humano. Al contrario, puede reforzarla. Si las tareas repetitivas quedan automatizadas, los profesionales podrán dedicar más atención a recibir, escuchar y acompañar a los huéspedes.

La capacidad de resolver una situación inesperada, recomendar un lugar poco conocido o interpretar una necesidad que el cliente no ha expresado seguirá dependiendo de la experiencia y la sensibilidad de las personas. Ese conocimiento del entorno es especialmente relevante en un destino como Bilbao, donde el visitante busca algo más que una habitación.

El hotel del futuro tendrá que combinar dos dimensiones: una operativa muy eficiente y una relación cercana. La primera aportará rapidez y comodidad; la segunda, confianza y recuerdo. La ventaja competitiva estará en encontrar el equilibrio entre ambas.

Bilbao como destino: tecnología con identidad local

La transformación de los hoteles no puede analizarse al margen de la evolución de Bilbao como destino turístico. La ciudad ha consolidado una identidad propia vinculada a la cultura, la gastronomía, la arquitectura y su relación con el entorno urbano y natural.

Los establecimientos tendrán la oportunidad de actuar como una puerta de entrada a esa identidad. Las plataformas digitales pueden facilitar el acceso a contenidos, rutas y propuestas locales, pero será la recomendación humana la que aporte contexto y autenticidad.

El reto consistirá en evitar que la digitalización homogeneice la experiencia. Un hotel conectado no tiene por qué ser igual en Bilbao, Lisboa o Berlín. La tecnología debe adaptarse al carácter de cada destino y ayudar a ponerlo en valor.

Nuevas expectativas para los viajeros

Los clientes serán cada vez más exigentes con la sencillez de los procesos. Esperarán poder reservar con facilidad, recibir información clara, personalizar determinados aspectos de su estancia y resolver dudas sin esperas innecesarias.

Al mismo tiempo, crecerá la preocupación por la privacidad, la seguridad de los datos y el impacto ambiental de la actividad turística. Los hoteles tendrán que explicar mejor qué información recopilan, para qué la utilizan y cómo protegen los datos de sus huéspedes.

La sostenibilidad también estará ligada a la innovación. La gestión inteligente del consumo energético, del agua y de los recursos permitirá reducir costes y avanzar hacia modelos más responsables. En este punto, la tecnología será una herramienta, pero no una solución automática: requerirá objetivos claros y decisiones coherentes.

El desafío para el sector hotelero

Prepararse para 2036 implica invertir en sistemas, pero también en formación. Los equipos necesitarán comprender las nuevas herramientas y saber cuándo utilizarlas. La capacitación digital deberá avanzar al mismo ritmo que la innovación tecnológica.

Además, los hoteles tendrán que revisar sus procesos para evitar que cada aplicación funcione de manera aislada. Una experiencia fluida exige que los distintos sistemas compartan información de forma segura y que el empleado pueda disponer de una visión completa del cliente.

La conversación celebrada en Bilbao dejó así una conclusión clara: el futuro de la hotelería no se decidirá únicamente por la cantidad de tecnología instalada. Se definirá por la capacidad de utilizarla para ofrecer un servicio más ágil, más sostenible y, sobre todo, más humano.

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