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China amplía a 38 países su alianza de inteligencia artificial mientras Estados Unidos prepara una advertencia

La World AI Cooperation Organisation (WAICO), la alianza internacional de inteligencia artificial impulsada por China, ha pasado de 29 a 38 miembros en apenas un mes. El crecimiento se produce mientras el Departamento de Estado de Estados Unidos prepara una carta dirigida a los 35 países firmantes de su AI Opportunity Statement para advertirles de que no deberían participar simultáneamente en los dos marcos.

La misiva estadounidense todavía no ha sido enviada, no tiene una fecha pública de distribución y, según el borrador conocido, tampoco menciona expresamente ni a China ni a WAICO. Su objetivo sería reducir el solapamiento entre las alianzas tecnológicas que lidera Washington y la nueva estructura con sede en Shanghái.

Dos redes internacionales con países compartidos

El conflicto no se limita a una disputa diplomática. También plantea un problema de estrategia, comercio e infraestructura. WAICO cuenta ya con 38 miembros, mientras que Pax Silica, la coalición tecnológica vinculada a Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Singapur, Australia e Israel, reúne a 25 firmantes.

Además, varios países aparecen en las distintas listas. Algunos han suscrito el compromiso estadounidense para impulsar la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, se han incorporado a la organización promovida por Pekín. La carta que prepara Washington pretende acabar con esa ambigüedad, aunque no existe por ahora un mecanismo formal que obligue a los gobiernos a escoger una sola alianza.

Firmar el AI Opportunity Statement y entrar en WAICO no incumple ningún tratado internacional. Por tanto, una advertencia unilateral no puede convertir automáticamente esa doble pertenencia en una infracción. La presión estadounidense tendría que apoyarse en incentivos comerciales, acceso a tecnología o cooperación en materia de seguridad.

La soberanía digital como alternativa al modelo de bloques

WAICO se presenta como la estructura institucional del principio de soberanía digital defendido por China. Esta idea sostiene que cada Estado debe poder decidir cómo desarrolla y utiliza sus tecnologías, sin quedar subordinado a las reglas de una potencia extranjera.

El planteamiento ya aparecía en la iniciativa china sobre gobernanza global de la inteligencia artificial presentada en 2023. La novedad es que ahora cuenta con una organización internacional y con una competencia directa frente a las propuestas estadounidenses.

Pekín ha insistido en que el desarrollo de la IA debe basarse en la cooperación y no en el control exclusivo de un grupo reducido de países. También ha anunciado miles de plazas de formación para profesionales de países en desarrollo, aunque esa cifra no ha sido verificada de forma independiente.

La estrategia se completa con acuerdos tecnológicos y con la expansión de modelos de inteligencia artificial chinos en países del Sur Global. El objetivo es ofrecer herramientas, servicios y conocimientos sin exigir formalmente una alineación geopolítica equivalente a la que Washington parece querer promover.

Los modelos con pesos abiertos ganan influencia

Uno de los principales instrumentos de esta política son los modelos con pesos abiertos. Los pesos son los valores internos que un sistema de IA ajusta durante su entrenamiento para aprender a generar texto, analizar imágenes o realizar otras tareas. Cuando esos pesos se publican, desarrolladores y empresas pueden descargar el modelo, adaptarlo y ejecutarlo en sus propios servidores.

Esta fórmula facilita la expansión internacional porque reduce la dependencia de una plataforma concreta. Según los datos disponibles en Hugging Face, la familia de modelos Qwen, desarrollada por Alibaba, superó los 3.000 millones de descargas en seis meses y generó más de 300.000 modelos derivados. En el mismo periodo, Gemma, de Google, registró 418 millones de descargas, y Llama, de Meta, 227 millones durante 2026.

Las cifras de descargas no equivalen necesariamente a usuarios activos o implantaciones empresariales, pero sí muestran la capacidad de distribución de los modelos abiertos. También explican por qué los controles de exportación sobre chips avanzados no bastan para frenar la influencia tecnológica china.

El hardware complica la estrategia estadounidense

Washington ha limitado el acceso de China a determinadas GPU avanzadas de NVIDIA. Las GPU son procesadores especialmente adecuados para ejecutar en paralelo las enormes operaciones matemáticas que exige el entrenamiento de modelos de IA.

Sin embargo, China está desarrollando alternativas propias, incluidos ASIC diseñados para tareas concretas de inteligencia artificial. A diferencia de una GPU generalista, un ASIC está optimizado para una función específica, lo que puede mejorar su eficiencia aunque reduzca su flexibilidad.

La aparición de modelos competitivos entrenados con hardware nacional debilita el argumento de que depender de la tecnología china implica necesariamente utilizar sistemas inferiores. También permite a Pekín ofrecer soluciones más completas a países que tienen dificultades para acceder a los chips occidentales.

Una elección que muchos países quieren aplazar

Para numerosos gobiernos del Sur Global, mantener relaciones con ambos bloques ofrece ventajas económicas y políticas. Estados Unidos aporta inversiones, semiconductores y cooperación con empresas tecnológicas; China ofrece modelos abiertos, infraestructura y acuerdos de despliegue con menos condiciones explícitas.

La exigencia de exclusividad puede resultar especialmente difícil para países que todavía están construyendo sus capacidades digitales. Elegir una única red podría encarecer el acceso a la tecnología y limitar las opciones de interoperabilidad futura, es decir, la capacidad de conectar sistemas y servicios de distintos proveedores.

La Organización de las Naciones Unidas mantiene por ahora el principal espacio en el que ambas posiciones pueden dialogar. Su panel científico independiente sobre IA celebró en julio su primer diálogo en Ginebra, mientras WAICO continúa ampliando su red y Washington sigue sin enviar la carta.

La situación deja a Estados Unidos ante un problema de credibilidad. Las restricciones a los semiconductores no han impedido que China desarrolle modelos competitivos, y las herramientas de código abierto chinas se extienden sin las mismas limitaciones de exportación. Mientras no exista un acuerdo internacional que defina las reglas, la presión para elegir bando puede terminar acelerando la división tecnológica que pretende evitar.

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