
China prueba robots humanoides para controlar el tráfico en Hangzhou
China ha empezado a utilizar robots humanoides para vigilar el tráfico en Hangzhou, una de las ciudades más tecnológicas del país. Estas máquinas pueden realizar gestos similares a los de un agente, detectar algunas infracciones y enviar avisos a un centro de control, aunque todavía no tienen capacidad para detener vehículos ni imponer multas.
El despliegue supone uno de los primeros usos visibles de robots humanoides fuera de fábricas, laboratorios o entornos de demostración. Su función no consiste únicamente en llamar la atención: también pretende automatizar parte de la vigilancia vial y reforzar la presencia de los servicios de tráfico en zonas especialmente concurridas.
Un robot de casi dos metros con cámaras y radares
El modelo utilizado es el T2, desarrollado por SUPCON Information. Mide 1,88 metros, pesa 98 kilogramos y está equipado con cámaras, radares y un sistema de computación integrado que procesa la información captada en tiempo real.
Estas tecnologías permiten identificar situaciones como la circulación de motoristas sin casco, vehículos detenidos sobre un paso de peatones o peatones que cruzan cuando el semáforo está en rojo. El sistema emplea visión artificial, una rama de la inteligencia artificial capaz de analizar imágenes y reconocer objetos, personas o comportamientos concretos.
El robot también cuenta con brazos articulados en siete puntos de movimiento. Gracias a ellos puede reproducir las señales habituales de los agentes de tráfico y sincronizarlas con el ciclo de los semáforos. De este modo, no se limita a observar, sino que participa visualmente en la regulación de la circulación.
La inteligencia artificial detecta, pero una persona decide
El aspecto más relevante del sistema es su limitación operativa. Cuando el robot identifica una posible infracción, no sanciona directamente al conductor o al peatón. Registra el incidente y lo envía a un centro de avisos, donde personal humano revisa la información y decide cómo proceder.
Este modelo combina automatización y supervisión humana. La inteligencia artificial se encarga de analizar grandes cantidades de imágenes y señales, mientras que los operadores mantienen la responsabilidad sobre las decisiones posteriores. Así se reducen, al menos en teoría, los riesgos derivados de una identificación incorrecta o de una interpretación errónea de la escena.
Además, los robots no funcionan como una red de vigilancia continua. Según la empresa, trabajan aproximadamente entre las 7:00 y las 18:00 horas, se desplazan entre ubicaciones predeterminadas y son gestionados desde una plataforma central.
Más de 170.000 avisos desde mayo
Desde mayo, unas 15 unidades desplegadas en Hangzhou habrían registrado más de 170.000 advertencias. SUPCON sostiene que las infracciones relacionadas con la conducción sin casco y los pasos de peatones se han reducido más de un 40% durante el periodo de funcionamiento de los robots.
La compañía también afirma que el reconocimiento de infracciones supera el 95% de precisión. Sin embargo, estas cifras proceden del fabricante y no han sido verificadas de forma independiente, por lo que deben interpretarse con cautela. No se han detallado, por ejemplo, las condiciones exactas de las pruebas ni el número de falsos positivos y falsos negativos.
SUPCON asegura haber probado el modelo durante miles de horas bajo la lluvia, con temperaturas elevadas y en momentos de gran afluencia. Estas pruebas son importantes porque los sistemas de visión artificial pueden ver afectado su rendimiento por la iluminación, las condiciones meteorológicas, las aglomeraciones o los obstáculos que bloquean parcialmente la escena.
Una expansión que va más allá de Hangzhou
La empresa ya cuenta con cerca de 50 robots activos en ocho ciudades de tres provincias chinas y prevé acercarse a las 200 unidades antes de que termine el año. Hangzhou no es, además, la primera ciudad del país en experimentar con este tipo de dispositivos: también se han documentado despliegues similares en Shenzhen, Wenzhou y Chengdú.
El movimiento responde al creciente interés de los fabricantes chinos por encontrar aplicaciones comerciales para los robots humanoides fuera de la industria. Durante años, estos dispositivos han funcionado como escaparate tecnológico, capaces de caminar, saludar o ejecutar coreografías, pero todavía tienen dificultades para justificar su coste en el mercado de consumo.
El control del tráfico ofrece un entorno más acotado y predecible. Los robots pueden ocupar posiciones fijas, utilizar fuentes de alimentación planificadas y centrarse en un conjunto limitado de tareas, en lugar de desenvolverse en cualquier espacio doméstico o urbano.
Exportar robots policiales plantea nuevos obstáculos
Otras compañías chinas ya estudian llevar estos sistemas a otros mercados. AiMOGA, respaldada por el fabricante de automóviles Chery, considera que podría existir demanda en regiones con condiciones meteorológicas exigentes, como Oriente Medio o el Sudeste Asiático, donde los robots tendrían que soportar calor extremo o temporadas de lluvias monzónicas.
La exportación, sin embargo, sería mucho más compleja que la de un vehículo convencional. Cada robot tendría que integrarse con los sistemas informáticos de las fuerzas de seguridad locales, superar certificaciones específicas y cumplir las leyes de protección de datos de cada país.
También quedarían por resolver cuestiones como la conservación de las imágenes, el acceso a los registros, la responsabilidad ante un error del sistema y el grado de supervisión humana necesario. Por ahora, el experimento de Hangzhou muestra una vía concreta para aplicar robots humanoides, pero también deja claro que su adopción dependerá tanto de la tecnología como de la regulación y la confianza pública.



