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Claude ayudó a explotar una vulnerabilidad que permitió acceder a cuentas de empleados de OpenAI

Un equipo de investigadores de seguridad logró comprometer cuentas de empleados de OpenAI tras encontrar un fallo en el foro de ayuda de la compañía. Para desarrollar el ataque utilizaron modelos Claude Opus, capaces de analizar código, identificar errores y generar herramientas de explotación en pocas horas.

La vulnerabilidad se encontraba en community.openai.com, una plataforma basada en Discourse. El problema estaba relacionado con el procesamiento de imágenes subidas por los usuarios y permitía, bajo determinadas condiciones, ejecutar código malicioso en el servidor.

Un fallo en la conversión de imágenes HEIF

Discourse emplea un sistema de optimización conocido como FastImage para revisar y transformar los archivos gráficos que se publican en sus foros. Sin embargo, esta herramienta no es compatible de forma nativa con el formato HEIF, utilizado habitualmente por dispositivos móviles para almacenar fotografías con una compresión eficiente.

Cuando el foro recibía una imagen HEIF, el archivo se desviaba a ImageMagick, una colección de herramientas de código abierto empleada para leer, convertir y modificar imágenes. ImageMagick, a su vez, dependía de una biblioteca adicional para interpretar ese formato.

Fue en esa última fase donde los investigadores localizaron el fallo. Un archivo preparado de forma maliciosa podía provocar un desbordamiento de búfer en la memoria dinámica. Este tipo de vulnerabilidad aparece cuando un programa escribe o lee datos fuera del espacio que se le ha asignado, lo que puede alterar el funcionamiento de la aplicación o permitir la ejecución de instrucciones no autorizadas.

La inteligencia artificial aceleró el desarrollo del ataque

El equipo de seguridad utilizó Claude Opus 4.8 para examinar el código afectado y comprender cómo podía aprovecharse el error. El modelo ayudó a identificar las condiciones necesarias para activar el desbordamiento y generó un primer exploit, es decir, una herramienta diseñada para aprovechar una vulnerabilidad concreta.

Ese primer intento no consiguió superar las protecciones de Discourse. Posteriormente, los investigadores recurrieron a Claude Opus 5 para crear una nueva versión del exploit. En menos de cuatro horas, el sistema de IA produjo un código capaz de ejecutar instrucciones de forma remota al cargar una imagen especialmente manipulada.

La ejecución remota de código es una de las amenazas más graves en ciberseguridad. Permite que un atacante ejecute órdenes en un equipo o servidor sin tener que estar físicamente delante ni disponer inicialmente de credenciales válidas. En este caso, la prueba permitió leer el archivo /etc/hosts, una configuración interna del servidor que puede revelar información sobre la red y los sistemas conectados.

El acceso podía extenderse a GitHub, Slack y el correo

El alcance del fallo no se limitaba al foro de ayuda. Los investigadores aseguraron que podían tomar el control de cuentas de ChatGPT y Codex vinculadas a usuarios afectados. Codex es el servicio de OpenAI orientado a tareas de programación, análisis de código y asistencia en proyectos de desarrollo.

El riesgo aumentaba porque estas cuentas podían tener conectados otros servicios externos. Entre ellos se encontraban repositorios privados de GitHub, herramientas de comunicación interna como Slack y cuentas de correo electrónico.

Durante la investigación, el equipo llegó a hacerse con la cuenta de un empleado cuyo Codex estaba conectado al GitHub privado de OpenAI. Como demostración del acceso conseguido, creó una solicitud de cambios, conocida como pull request, en uno de los repositorios internos de la compañía.

La acción no implicaba necesariamente que los investigadores hubieran modificado el código de producción, pero sí demostraba que una vulnerabilidad en un foro podía convertirse en una vía de entrada a sistemas y servicios vinculados a las cuentas de los empleados.

OpenAI corrigió el problema en menos de catorce horas

El equipo comunicó el hallazgo a OpenAI antes de hacer públicos los detalles. La compañía solucionó el fallo en menos de catorce horas, bloqueando la vía de ataque y reduciendo el riesgo de que otros actores pudieran aprovecharla.

El origen del problema estaba relacionado con un parche aplicado aproximadamente un año antes. Según los investigadores, esa modificación no se documentó como una corrección de seguridad y tampoco recibió un identificador oficial de vulnerabilidad, lo que pudo dificultar su seguimiento y evaluación.

El incidente pone de manifiesto que las cadenas de procesamiento aparentemente secundarias, como la conversión de una imagen, pueden comprometer aplicaciones completas. También evidencia la importancia de revisar las bibliotecas de terceros y de registrar adecuadamente cualquier cambio que afecte a la seguridad.

Los ataques asistidos por IA reducen los tiempos

Uno de los aspectos más relevantes del caso es la velocidad. Desde el descubrimiento inicial hasta la explotación de las cuentas transcurrieron menos de 72 horas. La inteligencia artificial no sustituyó por completo a los investigadores, pero sí aceleró tareas como el análisis del código, la identificación del fallo y la creación de variantes del exploit.

Este escenario obliga a actualizar las estrategias de defensa. Los equipos de seguridad ya no deben considerar únicamente las capacidades de los atacantes humanos, sino también las de agentes de IA capaces de trabajar de forma continua, probar distintas alternativas y adaptar sus instrucciones a las protecciones encontradas.

La corrección rápida evitó que el problema permaneciera abierto durante más tiempo, pero el caso deja una conclusión clara: incluso los servicios de grandes compañías tecnológicas pueden quedar expuestos a través de componentes aparentemente menores. La seguridad de las cuentas y de las integraciones externas debe protegerse con el mismo rigor que la infraestructura principal.

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