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Dinamarca prepara una ley para proteger la voz y el rostro de sus ciudadanos frente a los deepfakes

Dinamarca quiere convertir la identidad digital en un derecho protegido por ley. El Gobierno danés ha presentado una reforma de la normativa de propiedad intelectual para impedir que se difundan imágenes, vídeos o audios generados con inteligencia artificial que imiten de forma realista el rostro o la voz de una persona sin su consentimiento.

El proyecto todavía debe completar su tramitación parlamentaria, pero el Ministerio de Cultura espera que entre en vigor a comienzos de 2027. La medida pretende proteger tanto a ciudadanos anónimos como a artistas, intérpretes y otras figuras públicas frente a los usos no autorizados de su identidad.

El objetivo: frenar la difusión, no la creación

La propuesta danesa se centra en la difusión de estas imitaciones digitales. Es decir, no busca prohibir necesariamente que alguien genere un contenido sintético, sino impedir que lo comparta públicamente o lo ponga a disposición de otras personas cuando utiliza la apariencia o la voz de alguien sin permiso.

Esta distinción resulta relevante en internet. Un vídeo falso puede crearse en pocos minutos con herramientas de inteligencia artificial y alcanzar a miles de usuarios antes de que la persona afectada tenga siquiera conocimiento de su existencia.

La ministra de Cultura danesa, Zenia Stampe, ha señalado que uno de los objetivos principales es facilitar que las grandes plataformas retiren rápidamente el material manipulado. La rapidez es esencial: cuanto más tiempo permanece publicado un deepfake, mayor es su capacidad para causar daños personales, económicos o reputacionales.

Qué es un deepfake y por qué resulta difícil de detectar

Un deepfake es un contenido audiovisual generado o modificado mediante inteligencia artificial para hacer creer que una persona aparece en una escena, pronuncia unas palabras o realiza una acción que nunca protagonizó. Los sistemas actuales pueden alterar rostros, sincronizar labios, reproducir gestos y generar voces muy parecidas a las reales.

La clonación de voz, por ejemplo, permite crear un modelo capaz de reproducir el timbre y la forma de hablar de una persona a partir de fragmentos de audio. En manos de estafadores, esta tecnología puede emplearse para simular una llamada de un familiar, un directivo o un representante de una empresa.

También se han extendido las imágenes íntimas manipuladas sin consentimiento, en las que se coloca el rostro de una persona sobre el cuerpo de otra. Estas prácticas pueden afectar especialmente a mujeres y tienen consecuencias similares a otras formas de violencia digital, aunque el contenido no sea auténtico.

El problema es que el ojo humano ya no siempre puede distinguir una imagen real de otra generada por IA. Los errores visibles de los primeros modelos, como manos deformes o rostros artificiales, son cada vez menos frecuentes. Además, las pruebas realizadas con contenidos reales procedentes de redes sociales muestran que algunos detectores automáticos pierden una parte importante de su precisión.

Dos niveles de protección

La reforma danesa plantea dos capas de protección. La primera se aplicaría a cualquier persona y cubriría las imitaciones digitales realistas de sus rasgos personales, especialmente el rostro y la voz.

La segunda ofrecería una protección específica a artistas e intérpretes. En su caso, la imagen, la voz y la forma de actuar pueden constituir una parte esencial de su actividad profesional. La norma facilitaría que pudieran reclamar frente a usos comerciales o promocionales no autorizados.

El texto también contemplaría excepciones para la caricatura, la parodia, la sátira y la crítica política o social. El objetivo es proteger la identidad de las personas sin limitar la libertad de expresión ni impedir que se utilicen recursos humorísticos o críticos en el debate público.

Europa ya obliga a identificar los contenidos artificiales

La iniciativa danesa se suma a las obligaciones europeas sobre transparencia. Desde el 2 de agosto de 2026, la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea exige identificar determinados contenidos generados o manipulados mediante IA, incluidos los deepfakes.

El artículo 50 de esta norma establece obligaciones de información para los proveedores y usuarios de sistemas de inteligencia artificial. El incumplimiento puede conllevar multas de hasta 15 millones de euros o del 3% de la facturación mundial de la empresa, según cuál sea la cantidad aplicable en cada caso.

La diferencia es que Dinamarca pretende conceder a cada persona un derecho adicional: poder oponerse a la difusión de una imitación digital realista de su identidad, aunque el contenido esté correctamente señalado como artificial.

Francia y Reino Unido también endurecen la respuesta

Otros países europeos han aprobado o impulsado medidas complementarias. Francia prohíbe compartir contenidos generados con IA que representen a una persona sin su consentimiento cuando no resulte evidente que son artificiales o cuando no estén debidamente identificados.

En el Reino Unido, crear o solicitar deepfakes de carácter íntimo sin permiso es delito desde febrero. La difusión de este tipo de material puede castigarse con hasta dos años de prisión.

Estas iniciativas reflejan una preocupación común: la legislación no puede limitarse a exigir etiquetas si el contenido falso ya ha causado un perjuicio. Una advertencia puede informar al público, pero no evita por sí sola el acoso, el fraude o la pérdida de reputación.

La eficacia dependerá de la retirada rápida

El proyecto danés representa un avance para los derechos sobre la propia imagen y la voz, pero su aplicación plantea dificultades. Internet no tiene fronteras y una publicación alojada fuera de Dinamarca puede seguir siendo accesible para sus ciudadanos.

Además, para retirar un deepfake primero hay que detectarlo y demostrar que afecta a una persona concreta. Los sistemas automáticos todavía cometen errores, mientras que la revisión humana no siempre puede seguir el ritmo de la circulación de contenidos en las redes sociales.

La norma será efectiva si combina un derecho claro de reclamación con canales ágiles para denunciar y retirar material. También será necesario que las plataformas conserven pruebas, actúen con rapidez y expliquen sus decisiones.

Dinamarca pretende así adelantarse a un escenario en el que la voz y el rostro puedan copiarse con facilidad. El reto será encontrar el equilibrio entre la protección frente a la suplantación digital y la defensa de la libertad de expresión.

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