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El CEO de Shopify advierte del gran problema de dejar que la IA haga el trabajo de los empleados

La inteligencia artificial generativa prometía liberar a los trabajadores de las tareas más repetitivas. Sin embargo, su uso sin supervisión está creando un efecto contrario en muchas empresas: documentos que parecen profesionales, pero obligan a otros empleados a invertir tiempo en revisarlos, corregirlos o rehacerlos.

Tobias Lütke, fundador y consejero delegado de Shopify, ha puesto nombre a este fenómeno: las granadas de slop. El término describe el contenido generado con IA que se envía directamente a otra persona sin que su autor haya comprobado antes si es correcto, útil o siquiera necesario.

Contenido con buena apariencia y poco valor

Una granada de slop puede ser un correo electrónico interminable, un informe lleno de frases vacías, una presentación de PowerPoint o un fragmento de código que nadie ha probado. A primera vista, el resultado puede parecer sólido porque mantiene una estructura ordenada, utiliza un lenguaje formal y presenta una apariencia similar a la de un trabajo terminado.

El problema aparece cuando el destinatario intenta utilizarlo. Puede encontrar datos incorrectos, conclusiones que no se desprenden de la información disponible, instrucciones incompletas o un texto tan extenso que resulta más difícil de entender que el original.

La expresión procede del concepto slop, utilizado para referirse al contenido masivo y de baja calidad generado automáticamente. En el entorno laboral, la granada se produce cuando una persona traslada a un compañero la responsabilidad de verificar el resultado de la IA.

De requisito empresarial a uso más racional

La advertencia de Lütke resulta especialmente llamativa por su trayectoria reciente. Hace poco más de un año, el máximo responsable de Shopify pidió a sus empleados que, antes de solicitar más personal o recursos, demostraran que la inteligencia artificial no podía realizar el trabajo planteado.

La compañía convirtió así el uso de la IA en una prioridad interna. La idea era que las herramientas capaces de generar texto, imágenes, código o análisis se incorporasen a la actividad diaria antes de ampliar equipos y presupuestos.

Ahora, el directivo reconoce que aquella presión pudo llevar a parte de la plantilla a utilizar la tecnología de manera excesiva. En lugar de centrarse en mejorar la calidad del trabajo, algunos empleados habrían empezado a producir más contenido simplemente porque podían generarlo en pocos segundos.

La conclusión es clara: la IA no es el problema por sí misma. El riesgo aparece cuando se confunde rapidez de generación con productividad y se da por terminado un trabajo que aún necesita revisión humana.

La revisión sigue siendo una tarea esencial

Los modelos de IA generativa son sistemas entrenados con grandes cantidades de datos capaces de crear respuestas nuevas a partir de una instrucción. No razonan como una persona ni comprueban automáticamente que cada afirmación sea cierta. Generan la respuesta que consideran más probable según los patrones aprendidos.

Por eso pueden inventar datos, interpretar mal una petición o escribir código con errores. El resultado puede ser convincente sin ser fiable. La revisión humana sirve para comprobar los hechos, adaptar el tono, eliminar información innecesaria y confirmar que el contenido responde al objetivo original.

En este contexto, Lütke plantea un uso más moderado de la tecnología. La IA puede resumir un correo largo, proponer una estructura para un informe o ayudar a localizar información. Lo que no debería hacer es convertir una tarea sencilla en un documento voluminoso que otra persona tenga que descifrar.

El coste oculto del llamado workslop

El fenómeno no se limita a Shopify. Un estudio elaborado por BetterUp Labs y el Laboratorio de Redes Sociales de Stanford con 1.150 empleados de oficina en Estados Unidos muestra hasta qué punto se ha extendido este problema.

El 41% de los participantes aseguró haber recibido contenido de este tipo durante el mes anterior. Cada trabajador dedicó, de media, una hora y 56 minutos a analizar o revisar material generado por IA que consideraba poco útil. Además, el 52,7% reconoció haber enviado a sus compañeros algún contenido de esas características.

Los investigadores describen este tiempo perdido como un impuesto invisible. Su cálculo sitúa el coste en 186 dólares mensuales por empleado. En una compañía con 10.000 trabajadores, la cifra podría acercarse a los nueve millones de dólares al año.

La confianza profesional también se resiente

El daño no se limita a la productividad. Los trabajadores que reciben una granada de slop tienden a valorar peor a la persona que la envía. El contenido sin revisar se interpreta como una señal de mala praxis profesional, falta de criterio o escaso respeto por el tiempo de los demás.

El 36% de quienes habían recibido este tipo de material afirmó que preferiría no volver a trabajar con esos compañeros. De este modo, un uso descuidado de la IA puede deteriorar la confianza dentro de los equipos y dificultar la colaboración.

La experiencia de Shopify refleja una lección cada vez más relevante para las empresas: introducir inteligencia artificial no consiste únicamente en poner herramientas a disposición de la plantilla ni en exigir que se utilicen. También es necesario establecer criterios de calidad, responsabilidades claras y una revisión humana antes de compartir cualquier resultado.

La verdadera productividad no se mide por la cantidad de texto que una máquina puede generar, sino por el valor que aporta después de ser comprobado, editado y utilizado correctamente.

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