Helsing y Rakuten acercan los drones militares con inteligencia artificial al Ejército japonés
Japón ha comenzado a probar el dron de ataque HX-2, desarrollado por la empresa alemana Helsing, con Rakuten como socio local para facilitar su entrada en el mercado de defensa del país. Las pruebas de campo continuarán hasta finales de septiembre de 2026, aunque por ahora no existe un pedido formal confirmado.
El acuerdo sitúa a Rakuten, uno de los grandes grupos tecnológicos y de comercio electrónico de Japón, como intermediario entre Helsing y las Fuerzas de Autodefensa Terrestres japonesas. La operación llega en un momento de fuerte modernización militar para Tokio, que busca reforzar sus capacidades frente al aumento de la presión estratégica de China en el Mar de China Meridional y en el entorno del estrecho de Taiwán.
Un dron de 12 kilos y 100 kilómetros de alcance
El HX-2 es un vehículo aéreo no tripulado de ataque diseñado para operar en grupos coordinados. Según las especificaciones comunicadas por Helsing, puede alcanzar una velocidad de hasta 220 kilómetros por hora, tiene un peso aproximado de 12 kilos y ofrece un alcance de hasta 100 kilómetros.
El aparato incorpora Altra, el sistema de software de Helsing para coordinar enjambres de drones, sensores y unidades de artillería. Esta tecnología permite que varios dispositivos compartan información y distribuyan tareas incluso cuando no mantienen una conexión de datos permanente.
En términos sencillos, un enjambre de drones funciona como un equipo de unidades autónomas que puede reorganizarse según la información disponible. Si un aparato deja de operar o una zona queda fuera de cobertura, el sistema puede adaptar la misión con los recursos restantes. Helsing asegura que las decisiones críticas continúan bajo supervisión humana, un principio conocido como humano en el circuito.
Las pruebas japonesas, todavía sin contrato de compra
Las Fuerzas de Autodefensa comenzaron a evaluar el HX-2 durante la primavera. La primera fase habría incluido una misión de búsqueda y ataque con varios drones coordinados, un paso que permitió superar la evaluación inicial y avanzar hacia el actual acuerdo de pruebas.
La campaña de campo se prolongará hasta finales de septiembre. Helsing y Rakuten no han detallado el lugar de los ensayos, el número de unidades empleadas ni el presupuesto asociado. Tampoco han confirmado que Japón vaya a adquirir el sistema una vez finalizadas las pruebas.
La ausencia de un pedido definitivo obliga a interpretar el acuerdo como una fase de evaluación tecnológica y operativa. El resultado dependerá de factores como la precisión del sistema, su resistencia a interferencias, la integración con las redes militares japonesas y la capacidad de mantener la operación en entornos con comunicaciones limitadas.
Rakuten aporta la conexión con el mercado japonés
La participación de Rakuten puede resultar llamativa por su actividad principal en el comercio electrónico y las telecomunicaciones, pero el grupo cuenta con experiencia previa en tecnologías de drones. La compañía opera servicios de reparto con aeronaves no tripuladas en Japón desde 2016 y su filial Rakuten Mobile ha participado en ejercicios conjuntos entre Japón y Estados Unidos relacionados con comunicaciones móviles.
Su papel también responde a las particularidades del mercado de defensa japonés. Las empresas extranjeras deben afrontar barreras lingüísticas, procedimientos de contratación diferentes a los europeos y una relación estrecha con los organismos públicos y los socios industriales locales. Para Helsing, disponer de un intermediario con conocimiento del entorno regulatorio y empresarial puede facilitar el acceso a las licitaciones y evaluaciones gubernamentales.
El fundador de Rakuten, Hiroshi Mikitani, es además uno de los empresarios japoneses que más apoyo ha mostrado a Ucrania. Esa posición coincide con la visión de Helsing, una empresa creada en Múnich en 2021 con el objetivo de desarrollar sistemas de defensa basados en inteligencia artificial para democracias occidentales.
Japón aumenta su inversión en sistemas no tripulados
El contexto presupuestario favorece la llegada de estas tecnologías. El gasto japonés en defensa para 2026 supera los 9 billones de yenes, alrededor de 60.000 millones de euros, la cifra más elevada de su historia. Una parte creciente de esa inversión se dirige a los llamados activos no tripulados: drones aéreos, vehículos terrestres autónomos y sistemas navales capaces de operar con una intervención humana limitada.
Durante décadas, Japón mantuvo restricciones políticas y legales que limitaron el gasto militar y las exportaciones de armamento. Esas barreras se han relajado progresivamente a medida que Tokio revisa su estrategia de seguridad y refuerza la cooperación con Estados Unidos y otros países aliados.
La apuesta por los drones busca construir una defensa costera por capas sin depender exclusivamente de grandes plataformas tripuladas. Estas aeronaves pueden cubrir amplias zonas, realizar labores de vigilancia y, en determinados modelos, ejecutar ataques con un coste y un riesgo operativo inferiores a los de los aviones convencionales.
El reto será producir a gran escala
Helsing ha desarrollado parte de su actividad en el contexto de la guerra de Ucrania, donde los drones y el software de coordinación se han convertido en elementos centrales del campo de batalla. La empresa también ha planteado fabricar miles de unidades para Ucrania y alcanzar una producción de hasta 1.000 aparatos mensuales en una planta alemana.
Sin embargo, la posible entrada en Japón añadiría presión a una cadena de suministro que todavía debe demostrar que puede crecer con rapidez. La producción simultánea para Ucrania, Alemania y un eventual cliente japonés exigiría asegurar componentes, capacidad industrial, mantenimiento y formación de operadores.
La próxima referencia será el cierre de las pruebas en septiembre. Si el HX-2 supera la evaluación, Japón podría aprobar un primer pedido y Rakuten tendría la oportunidad de convertirse en el socio permanente de Helsing en el mercado asiático de defensa. Hasta entonces, el acuerdo representa una alianza tecnológica prometedora, pero aún no una compra militar cerrada.



