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De qué va Klara y el Sol y por qué se ha convertido en la película más polémica de Taika Waititi

Klara y el Sol, la adaptación cinematográfica de la novela de Kazuo Ishiguro, apuntaba a ser uno de los grandes estrenos de 2026. La combinación de ciencia ficción, drama familiar, inteligencia artificial y un reparto encabezado por Jenna Ortega y Amy Adams parecía diseñada para conquistar tanto al público como a la crítica.

Sin embargo, el proyecto dirigido por Taika Waititi ha terminado convertido en uno de los mayores descalabros cinematográficos del año. La película ha recibido una respuesta crítica especialmente negativa y su distribuidora, Sony Pictures, ha reducido de forma drástica su presencia en los cines de Estados Unidos. Además, su estreno comercial ha sido cancelado en varios mercados europeos, entre ellos España.

Una historia sobre inteligencia artificial, enfermedad y pérdida

La película está ambientada en un futuro cercano y sigue a Klara, una androide de inteligencia artificial interpretada por Jenna Ortega. Estos dispositivos, conocidos como amigos artificiales, están diseñados para acompañar a niños y adolescentes y ofrecerles apoyo emocional.

Klara permanece durante buena parte del inicio expuesta en el escaparate de una tienda, observando el comportamiento de las personas mientras espera que alguien la compre. Su existencia cambia cuando una mujer, interpretada por Amy Adams, la adquiere para acompañar a su hija Josie, una adolescente con una enfermedad degenerativa vinculada a modificaciones genéticas.

A medida que la salud de Josie empeora, Klara desarrolla una relación de profunda devoción con el Sol. La androide llega a creer que la estrella puede curar a su amiga, una idea que desencadena una serie de decisiones y sacrificios con consecuencias familiares, éticas y emocionales.

El punto de partida permite abordar cuestiones como la soledad, el duelo, la identidad y los límites de la tecnología. También plantea una pregunta central: hasta dónde pueden llegar los seres humanos al utilizar una máquina para sustituir, proteger o incluso prolongar una relación afectiva.

Qué significa la bioética en Klara y el Sol

Uno de los ejes de la historia es la bioética, la disciplina que analiza las consecuencias morales de las decisiones relacionadas con la salud, la biología y la tecnología. En este caso, la película pone sobre la mesa la manipulación genética, el tratamiento de enfermedades y la posibilidad de crear máquinas capaces de imitar el cariño humano.

El relato también se aproxima al transhumanismo, una corriente de pensamiento que defiende el uso de la ciencia y la tecnología para ampliar las capacidades físicas o mentales de las personas. Las modificaciones genéticas de Josie y la existencia de Klara forman parte de ese futuro en el que la frontera entre lo humano y lo artificial es cada vez más difícil de definir.

La inteligencia artificial de Klara no funciona únicamente como una herramienta técnica. La androide interpreta gestos, observa conductas y construye sus propias explicaciones sobre el mundo. Este proceso no implica necesariamente que posea una conciencia humana, pero sí que puede aprender patrones y responder de forma aparentemente emocional.

El principal problema: convertir un drama filosófico en una comedia

La novela de Ishiguro se caracteriza por su tono contenido, su melancolía y una narración centrada en la mirada limitada de Klara. El lector descubre la sociedad y sus conflictos a través de una protagonista que observa a los seres humanos sin comprender del todo sus códigos, contradicciones y sentimientos.

La adaptación cinematográfica se aleja de esa perspectiva y apuesta por una estructura más convencional. El resultado, según la recepción crítica, es una mezcla de drama familiar, ciencia ficción sentimental y comedia física que no termina de encontrar un equilibrio.

Waititi, conocido por combinar humor irreverente y emoción en películas como Jojo Rabbit y Thor: Ragnarok, habría trasladado ese estilo a una historia que exigía mayor contención. Los gags y las situaciones extravagantes pretenden aligerar el relato, pero acaban chocando con la enfermedad de Josie, el miedo de su familia y la dimensión trágica de las decisiones de Klara.

La consecuencia es una película difícil de clasificar. Intenta conmover con un drama sobre la pérdida y, al mismo tiempo, busca provocar risas mediante recursos bufonescos. Para sus detractores, esta combinación trivializa el dolor de los personajes y debilita los dilemas morales que hacían singular a la novela.

Una recepción crítica devastadora

El fracaso de Klara y el Sol se hizo visible desde sus primeras valoraciones. La película llegó a registrar un 25 % de aprobación crítica en Rotten Tomatoes, una cifra que aceleró la retirada de la cinta de buena parte de las salas previstas en Norteamérica.

La reducción del número de cines y la cancelación de estrenos en varios países han convertido la película en un lanzamiento prácticamente invisible. La estrategia comercial dificulta todavía más que la producción recupere su inversión o alcance la repercusión que se esperaba de ella.

El revés también afecta a las aspiraciones de sus protagonistas. Jenna Ortega y Amy Adams han sido señaladas como dos de los elementos más sólidos de la propuesta, aunque sus interpretaciones no han conseguido compensar los problemas de guion y de tono.

El tropiezo más grave de Taika Waititi

La polémica llega en un momento delicado para la carrera de Taika Waititi. El director neozelandés había consolidado una imagen de autor capaz de combinar sensibilidad, humor absurdo y cine comercial, pero sus trabajos más recientes han recibido una respuesta menos entusiasta.

Con Klara y el Sol, el cineasta parece haber llevado esa fórmula hasta un punto de ruptura. La película no solo se aparta de la sutileza de la obra original, sino que tampoco consigue funcionar plenamente como comedia o como drama. Esa crisis de identidad explica buena parte de su fracaso crítico y comercial.

La adaptación partía de un material con potencial para abrir un debate actual sobre la inteligencia artificial y la sustitución tecnológica de los vínculos humanos. Pero, al perder el punto de vista de Klara y subrayar sus emociones con sentimentalismo y humor, la película ha terminado convirtiéndose en uno de los grandes ejemplos de cómo una mala decisión tonal puede desactivar una historia prometedora.

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