Una cubierta desarrollada en España consigue enfriar superficies hasta 12,9 °C sin electricidad
Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han desarrollado una nanoestructura polimérica capaz de reducir la temperatura de distintas superficies expuestas al sol. El sistema puede lograr descensos de hasta 12,9 °C sin recurrir a electricidad, circuitos de refrigeración ni consumo energético directo.
La propuesta se basa en una cubierta diseñada para gestionar la radiación solar y favorecer la disipación del calor. Sus posibles aplicaciones abarcan desde edificios y tejados hasta vehículos y otros elementos que permanecen expuestos a la radiación solar durante largos periodos.
Refrigeración pasiva frente al calor del sol
El funcionamiento de esta tecnología se encuadra en la llamada refrigeración radiativa pasiva. A diferencia de un aire acondicionado o de un sistema convencional de refrigeración, la cubierta no necesita un compresor, ventiladores ni una fuente de alimentación para reducir la temperatura de la superficie protegida.
El material actúa sobre la energía que recibe y emite una superficie. Su estructura polimérica, diseñada a escala nanométrica, permite controlar mejor la interacción con la luz solar y con la radiación térmica. El objetivo es limitar el calentamiento durante el día y facilitar que el calor acumulado se libere hacia el exterior.
Este enfoque resulta especialmente relevante en zonas urbanas, donde los tejados, las fachadas, los vehículos y el pavimento pueden alcanzar temperaturas muy elevadas durante las olas de calor. Una cubierta que reduzca el calentamiento de estos elementos podría contribuir a disminuir la demanda energética asociada a la climatización.
Hasta 12,9 °C menos en las superficies
Las pruebas realizadas con la nanoestructura han registrado una reducción de temperatura de hasta 12,9 °C en las superficies tratadas. La cifra representa el máximo observado en las condiciones analizadas, por lo que el rendimiento puede variar según factores como la radiación solar, la temperatura ambiente, la humedad, el viento o el tipo de soporte.
Esta precisión es importante porque la refrigeración pasiva no sustituye automáticamente a todos los sistemas activos. En entornos con una elevada carga térmica o con necesidades constantes de refrigeración, la cubierta podría funcionar como una solución complementaria para reducir el esfuerzo de los equipos convencionales.
Aplicaciones en edificios y vehículos
Uno de los campos con mayor potencial es el de la construcción. Aplicada sobre tejados o fachadas, la cubierta podría ayudar a mantener más estables las temperaturas interiores y a reducir el uso de aire acondicionado. En edificios de oficinas, viviendas, almacenes o instalaciones industriales, este efecto tendría un impacto directo sobre el consumo eléctrico durante los meses más calurosos.
El sector del automóvil también podría beneficiarse de esta tecnología. Un vehículo aparcado al sol acumula rápidamente calor en el techo, el capó y el habitáculo. Al reducir la temperatura de esas superficies, el sistema podría facilitar el enfriamiento posterior del interior y disminuir la energía necesaria para alcanzar una temperatura confortable.
La solución también podría estudiarse para contenedores, equipos instalados en exteriores, infraestructuras urbanas y dispositivos que necesiten mantener sus componentes dentro de un determinado rango térmico. En todos estos casos, el atractivo principal es que la refrigeración se produce sin consumo eléctrico durante su funcionamiento.
Un material ligero y con posibilidades de escalado
El uso de una matriz polimérica puede facilitar la fabricación de recubrimientos ligeros y adaptables a diferentes superficies. Frente a soluciones más pesadas o complejas, una cubierta de este tipo podría integrarse con mayor facilidad en materiales de construcción, carrocerías y otras estructuras.
Sin embargo, antes de llegar a un despliegue comercial será necesario evaluar su durabilidad, resistencia a la intemperie, mantenimiento y comportamiento en condiciones reales. La exposición prolongada a la radiación ultravioleta, la lluvia, el polvo o los cambios bruscos de temperatura puede afectar a las propiedades de cualquier recubrimiento.
Una respuesta tecnológica a las olas de calor
El desarrollo llega en un contexto de aumento de las temperaturas extremas y de creciente presión sobre las redes eléctricas. Durante una ola de calor, la demanda de aire acondicionado puede alcanzar niveles muy elevados, especialmente en ciudades y edificios mal aislados.
Las cubiertas de refrigeración pasiva no eliminan por sí solas el problema, pero ofrecen una vía para reducir la carga térmica de las superficies y complementar otras medidas, como el aislamiento, la ventilación natural o la instalación de sistemas solares.
La nanoestructura polimérica desarrollada por el CSIC muestra así el potencial de los nuevos materiales para mejorar la eficiencia energética. Su siguiente reto será demostrar que la reducción de hasta 12,9 °C puede mantenerse de forma estable en distintas condiciones y trasladarse a productos capaces de fabricarse y utilizarse a gran escala.


