La inteligencia artificial se topa con un nuevo límite: el dinero barato
La expansión de la inteligencia artificial afronta un nuevo cuello de botella. No se trata únicamente de la disponibilidad de chips avanzados o de la electricidad necesaria para alimentar los centros de datos, sino del coste de financiar su construcción.
Los inversores se han vuelto más selectivos a la hora de prestar dinero a las empresas que desarrollan esta infraestructura. Compañías como CoreWeave, Nebius y Nscale, que necesitan endeudarse para levantar centros de datos y alquilar capacidad de cálculo, llevan varias semanas encontrando dificultades para colocar bonos en el mercado.
El cambio tiene consecuencias directas: si la deuda resulta demasiado cara o no llega a tiempo, los nuevos centros de datos pueden retrasarse, los proyectos pueden reducirse y la capacidad disponible para entrenar y ejecutar modelos de IA crecerá más despacio de lo previsto.
El mercado ya no financia cualquier promesa de crecimiento
Durante los últimos años, el auge de la IA ha atraído cantidades históricas de capital. Las empresas podían emitir bonos, captar inversión y cerrar acuerdos de financiación para construir instalaciones que, en muchos casos, todavía no generaban ingresos suficientes para cubrir sus costes.
Ese escenario ha empezado a cambiar. Los compradores de deuda exigen ahora más garantías, tipos de interés más elevados y contratos que demuestren que existirá una demanda real para la capacidad informática proyectada.
Un bono es, en esencia, un préstamo que una empresa obtiene de inversores. A cambio, se compromete a devolver el capital en una fecha futura y a pagar intereses. Cuando los mercados perciben más riesgo, esos intereses suben. Para una compañía que debe invertir miles de millones antes de empezar a obtener beneficios, la diferencia puede alterar por completo la viabilidad de un proyecto.
Nscale retrasa su salida a bolsa
La presión financiera ya se refleja en decisiones empresariales concretas. Nscale ha pospuesto hasta diciembre su salida a bolsa, en un contexto en el que los posibles financiadores de un centro de datos destinado a Anthropic están reclamando condiciones más exigentes.
Una salida a bolsa permite obtener capital mediante la venta de acciones, pero también sirve para reforzar la confianza del mercado y facilitar futuras emisiones de deuda. Retrasarla puede ofrecer más tiempo para ajustar la valoración y cerrar acuerdos de financiación menos costosos.
El problema no es exclusivo de una compañía. Los bancos y fondos que durante 2025 participaron en la financiación de centros de datos ya comenzaron a estudiar mecanismos para protegerse frente a posibles retrasos en las obras, sobrecostes y una llegada más lenta de los beneficios asociados a la IA.
Los riesgos que preocupan a los inversores
Uno de los temores es que los proyectos tarden más de lo previsto por la oposición vecinal, los procesos administrativos o las limitaciones de la red eléctrica. Construir un centro de datos no consiste solo en adquirir servidores: requiere suelo, permisos, conexiones de alta tensión, sistemas de refrigeración y contratos de suministro energético.
También existe incertidumbre sobre el ritmo al que la inteligencia artificial se convertirá en un negocio rentable. Aunque la demanda de servicios de IA crece con rapidez, muchas empresas todavía están probando cómo transformar el uso de modelos generativos en ingresos recurrentes.
Además, los inversores consideran que ya tienen una exposición elevada al sector. En otras palabras, no necesariamente han dejado de creer en la IA, pero sí están menos dispuestos a asumir riesgos adicionales sin una compensación mayor.
Más deuda, pero a un precio mucho más alto
La financiación no ha desaparecido. Hasta septiembre, las empresas vinculadas a la inteligencia artificial habían captado unos 466.000 millones de dólares en deuda, más de cuatro veces la cifra registrada un año antes, según estimaciones de Morgan Stanley.
La diferencia está en las condiciones. El mercado sigue ofreciendo dinero a los proyectos considerados sólidos, pero penaliza a las compañías que dependen de futuros contratos, de valoraciones elevadas o de una expansión de la demanda que todavía no está plenamente demostrada.
Por eso, el problema actual puede resumirse en una idea: no falta necesariamente capital, sino capital barato. Las empresas con ingresos limitados o con grandes inversiones pendientes son las más vulnerables a la subida del coste de la deuda.
Chips, electricidad y financiación: tres límites conectados
La tensión financiera se suma a otros obstáculos. Hock Tan, consejero delegado de Broadcom, ha advertido de que la escasez de chips especializados podría prolongarse hasta 2028 o 2029. Algunas previsiones apuntan incluso a 2030.
Los chips aceleradores son procesadores diseñados para ejecutar con rapidez las operaciones matemáticas que necesitan los modelos de IA. Sin ellos, un centro de datos puede disponer de electricidad y espacio, pero no ofrecer la capacidad de cálculo esperada.
La energía tampoco es un asunto resuelto. Un gigavatio de potencia renovable no equivale automáticamente a un gigavatio disponible para un centro de datos durante todo el día. La generación intermitente, las redes de transporte y los sistemas de almacenamiento condicionan la capacidad real.
El riesgo de los megavatios sobre el papel
En este contexto ha ganado popularidad el término bragawatts, utilizado para describir anuncios de enormes cantidades de potencia informática o energética que todavía no se han convertido en instalaciones operativas.
Firmar contratos para varios megavatios puede ser relativamente sencillo. Entregarlos conectados a la red, con servidores instalados y clientes dispuestos a pagar por ellos, es mucho más complejo. Hacerlo mientras suben los tipos de interés añade una dificultad decisiva.
La nueva fase de la carrera por la inteligencia artificial será, por tanto, menos una competición basada en anuncios y más una prueba de ejecución. Las empresas que puedan demostrar ingresos, contratos firmes y acceso asegurado a energía y financiación tendrán ventaja frente a quienes dependan únicamente de expectativas de crecimiento.



