La IA entra en las aulas, pero los estudios alertan de un posible retroceso en el aprendizaje
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual para muchos estudiantes de institutos y universidades. Sirve para resumir textos, redactar trabajos, resolver ejercicios o explicar conceptos, pero varios estudios recientes advierten de que su uso indiscriminado puede generar el efecto contrario al esperado: mejorar el resultado inmediato mientras debilita la comprensión y el aprendizaje a largo plazo.
La preocupación no se centra en la tecnología en sí, sino en la manera de utilizarla. Cuando un alumno emplea un chatbot como un solucionario automático, puede completar una tarea sin desarrollar las habilidades necesarias para resolver problemas por su cuenta. En cambio, cuando la IA se utiliza como apoyo, guía o herramienta de revisión, los resultados pueden ser más positivos.
Los estudiantes que delegan demasiado obtienen peores resultados
Los datos del informe PISA 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) apuntan a una relación entre determinados usos de la IA y un menor rendimiento académico. Los alumnos que recurren a estas herramientas para resumir contenidos o redactar trabajos obtienen, de media, peores resultados en ciencias que quienes no las utilizan con esos fines.
La diferencia ronda los 20 puntos, una distancia que equivale aproximadamente a un año de escolarización. No obstante, el propio análisis introduce un matiz importante: los estudiantes que usan la IA con frecuencia y, además, reciben formación específica sobre cómo emplearla presentan resultados ligeramente superiores a la media.
La conclusión no es que utilizar inteligencia artificial conduzca necesariamente al fracaso, sino que el contexto y el propósito determinan buena parte de sus efectos. Saber formular preguntas, contrastar respuestas, identificar errores y explicar con palabras propias un contenido resulta esencial para que la herramienta no sustituya al esfuerzo intelectual.
España registra un uso elevado de chatbots entre el alumnado
En España, el 54 % de los estudiantes reconoce utilizar chatbots para aprender. Entre quienes recurren a ellos, un 40 % los emplea para resumir información y un 30 % para redactar trabajos. Estas cifras reflejan una adopción rápida de la IA generativa, capaz de producir textos, resolver operaciones y mantener conversaciones a partir de instrucciones escritas.
Este uso se produce en un momento de retroceso generalizado del rendimiento educativo. En comparación con 2022, España perdió 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. La tendencia no es exclusiva del país: la comprensión lectora media en el conjunto de la OCDE ha descendido 28 puntos durante la última década.
Los datos no permiten atribuir directamente esa caída a la inteligencia artificial, ya que intervienen factores como la pandemia, los hábitos digitales, la desigualdad educativa y los cambios sociales. Sin embargo, sí plantean la necesidad de evaluar con más detalle qué ocurre cuando los alumnos delegan en una herramienta tecnológica tareas que antes exigían leer, razonar y escribir.
Más rendimiento inmediato, pero menos aprendizaje real
Un ensayo realizado con cerca de mil estudiantes de matemáticas comparó el efecto de utilizar un modelo avanzado de IA durante el estudio. El grupo que recibió ayuda de un chatbot obtuvo mejores resultados a corto plazo, porque podía acceder rápidamente a procedimientos y soluciones.
El problema apareció cuando los alumnos tuvieron que enfrentarse posteriormente a un examen sin acceso a la herramienta. Quienes habían dependido de la IA para preparar la materia rindieron un 17 % peor que el grupo de control. El resultado sugiere que completar correctamente un ejercicio con ayuda externa no siempre significa haber entendido el proceso.
Este fenómeno está relacionado con la pereza metacognitiva. La metacognición es la capacidad de una persona para supervisar cómo aprende, detectar qué no entiende y elegir una estrategia para resolverlo. Si la IA proporciona la respuesta antes de que el estudiante tenga que pensar, esa capacidad puede ejercitarse menos.
El tutor inteligente como alternativa al solucionario
Una de las propuestas que plantean los investigadores consiste en diseñar sistemas de IA que actúen como tutores, no como generadores automáticos de respuestas. En lugar de resolver un problema de principio a fin, estas herramientas podrían formular preguntas, ofrecer pistas graduales y pedir al alumno que justifique cada paso.
Este modelo permitiría conservar parte del esfuerzo mental necesario para aprender. También facilitaría una enseñanza más personalizada, ya que el sistema podría adaptar la dificultad, detectar errores frecuentes y proponer ejercicios adicionales. La supervisión de un profesor seguiría siendo imprescindible para comprobar que la explicación es correcta y adecuada al nivel del estudiante.
Riesgos para la relación social y el bienestar
El debate no se limita al rendimiento académico. Un ensayo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) relacionó el uso diario e intensivo de herramientas de IA con mayores niveles de soledad y dependencia, además de una menor interacción social. Se trata de una correlación, no de una prueba de que la tecnología sea la causa directa de esos problemas.
La Asociación Americana de Psicología también ha advertido de que algunos jóvenes pueden confundir la empatía simulada de un chatbot con la comprensión humana genuina. Los sistemas conversacionales pueden responder con amabilidad y aparentar cercanía, pero no experimentan emociones ni sustituyen el apoyo de familiares, docentes o profesionales.
Por eso, la respuesta no pasa por demonizar la inteligencia artificial ni por prohibirla de forma general. El reto consiste en enseñar a utilizarla con criterio: como una herramienta para recibir orientación, comparar explicaciones, practicar o revisar un trabajo, pero no como un reemplazo del estudio, la lectura y el razonamiento propio.
La alfabetización en IA debería formar parte de la educación, junto con normas claras sobre privacidad, verificación de información y reconocimiento de la autoría. En las aulas del futuro, la pregunta no será solo si los alumnos usan inteligencia artificial, sino si siguen aprendiendo mientras la utilizan.



