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Si hubieras invertido 10.000 dólares en Tesla hace cinco años, hoy tendrías unos 8.400

Tesla y SpaceX han sufrido una de las mayores oleadas vendedoras de su historia tras la victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. El mercado teme que el nuevo equilibrio político acelere la regulación sobre la inteligencia artificial, los centros de datos y las operaciones estratégicas de las compañías dirigidas por Elon Musk.

Tesla cerró la sesión del jueves en 343,69 dólares, con un desplome del 10,77% en un solo día. La acción ya había retrocedido un 3,3% durante la jornada anterior, lo que eleva la caída acumulada en el año hasta aproximadamente el 24%.

Con ese descenso, una inversión de 10.000 dólares realizada hace cinco años tendría ahora un valor aproximado de 8.400 dólares, sin contar dividendos, comisiones ni posibles efectos fiscales. El cálculo refleja la presión que atraviesa la compañía, aunque no resume por sí solo la evolución completa de la acción durante todo el periodo.

Más de 420.000 millones de dólares evaporados

La reacción del mercado no se ha limitado a Tesla. Tesla y SpaceX han perdido conjuntamente más de 420.000 millones de dólares de valoración entre el cierre del martes y la tarde del jueves. La magnitud de la venta sugiere que los inversores están ajustando sus previsiones sobre el riesgo político, más que respondiendo a un cambio inmediato en los negocios de ambas empresas.

Los demócratas han conseguido el control de las dos cámaras del Congreso y han obtenido además victorias relevantes en Texas, incluido el Gobierno estatal y otros cargos de responsabilidad. El resultado es especialmente significativo para Musk, ya que Tesla y SpaceX tienen allí una parte importante de sus operaciones y planes de expansión.

SpaceX terminó la sesión en 123,62 dólares, con una caída cercana al 9%. La presión sobre la empresa llega después de que su valoración alcanzara niveles récord tras su salida a bolsa en junio. Aun así, Musk continúa siendo la persona más rica del mundo, aunque su patrimonio ha vuelto a situarse por debajo de los 800.000 millones de dólares.

El papel de la regulación de la inteligencia artificial

El temor principal de los inversores está relacionado con el coste y los plazos de los nuevos centros de datos. Estas instalaciones concentran miles de servidores especializados en almacenar información y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Los sistemas de IA generativa, como los que producen texto, imágenes o código, requieren una enorme capacidad de cálculo y un elevado consumo eléctrico.

Los analistas consideran que un Congreso más dispuesto a supervisar el sector podría imponer requisitos adicionales sobre energía, agua, emisiones, seguridad y uso militar de estas tecnologías. También podrían endurecerse los permisos para construir nuevas instalaciones, especialmente en estados donde la red eléctrica ya se encuentra bajo presión.

Deutsche Bank calcula que la capacidad de computación prevista por SpaceX en Texas podría sufrir retrasos y exigir un mayor gasto de capital para adaptarse a las nuevas normas. En paralelo, Goldman Sachs estima que las victorias demócratas estatales y locales podrían provocar moratorias temporales que afectarían a cerca del 45% de la expansión planificada de centros de datos en Estados Unidos.

Una moratoria es una suspensión temporal de determinadas autorizaciones o proyectos. En este caso, podría impedir durante meses la construcción de nuevos centros de datos, incluso aunque las empresas dispongan de financiación y contratos comerciales.

Una exposición creciente al negocio de la computación

El impacto potencial es mayor porque SpaceX ya no depende únicamente de sus lanzamientos espaciales y de los servicios de conectividad de Starlink. Más de la mitad de sus ventas del tercer trimestre procedieron del alquiler de capacidad de computación, un negocio que necesita ampliar rápidamente sus infraestructuras para mantener el crecimiento.

Los inversores también siguen con atención el escrutinio político sobre Starlink. Musk y SpaceX han recibido indicaciones para conservar documentación relacionada con las restricciones aplicadas a una versión militar del servicio en Ucrania. Para el mercado, este requerimiento podría ser uno de los primeros síntomas de una supervisión más intensa en el Congreso.

Terafab y una posible fusión, en el punto de mira

Las dudas regulatorias afectan además a dos de los proyectos más ambiciosos del grupo. Musk anunció en octubre Terafab, un macrocentro destinado al desarrollo y fabricación de chips para Tesla y SpaceX. La inversión prevista podría alcanzar los 119.000 millones de dólares.

Los semiconductores son fundamentales para los vehículos autónomos, los satélites y los sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, levantar una infraestructura de ese tamaño exigiría permisos, suministro energético estable y una importante inversión pública y privada. Cualquier retraso puede elevar considerablemente el coste final.

También se encuentra sobre la mesa una posible fusión entre Tesla y SpaceX. Varios comités especiales de ambas compañías llevan tiempo estudiando un eventual acuerdo, que Musk ha considerado una opción atractiva. La operación, no obstante, tendría que superar un examen regulatorio mucho más exigente si el nuevo poder político decide reforzar el control sobre las grandes tecnológicas.

La caída de Tesla y SpaceX se enmarca, además, en un retroceso generalizado de las empresas de chips y centros de datos. El mercado teme que la combinación de tipos de interés, costes energéticos y regulación frene el gasto mundial en inteligencia artificial. Por ahora, la bolsa está descontando ese escenario antes de que las nuevas medidas se hayan concretado.

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