La inteligencia artificial ya ahorra tres horas de trabajo a la semana, aunque solo a la mitad de quienes la utilizan
La promesa de que la inteligencia artificial permitiría trabajar menos horas empieza a mostrar resultados, aunque de forma desigual. Los empleados que han integrado estas herramientas en su jornada aseguran que ahorran una media de tres horas semanales, según un estudio del Banco Central Europeo (BCE).
El dato representa aproximadamente el 7,7% del tiempo de trabajo de las personas que emplean IA. Sin embargo, el beneficio no llega a todos por igual: cuando se calcula sobre el conjunto de trabajadores, el ahorro medio se reduce al 3,8% de la jornada, poco más de una hora y media cada semana.
Uno de cada dos empleados ya usa IA a diario
La adopción de estas herramientas se ha acelerado en la zona euro. El porcentaje de trabajadores que utiliza algún sistema de inteligencia artificial todos los días pasó del 26% en 2024 al 52% en 2026.
El estudio se basa en una encuesta mensual realizada a 20.000 personas de once países. Los resultados reflejan que herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude han dejado de ser recursos experimentales para convertirse en parte habitual de numerosos puestos de trabajo.
Estos sistemas utilizan modelos de IA capaces de analizar grandes cantidades de información y generar respuestas, textos, código o resúmenes a partir de instrucciones escritas. Su utilidad depende tanto de la tarea como de la capacidad del usuario para formular indicaciones precisas y revisar el resultado.
Ahorrar tiempo no significa trabajar menos
La principal incógnita es qué ocurre con las horas liberadas. El hecho de que una herramienta complete una tarea más rápido no garantiza que el empleado termine antes su jornada. En muchas empresas, ese tiempo se transforma en nuevas responsabilidades, más producción o tareas de supervisión.
Por eso, el BCE advierte de que el ahorro solo se convierte en una mejora real de la productividad si las horas disponibles se destinan a generar más valor o se traducen en más tiempo libre para los trabajadores.
También existe un riesgo conocido: la IA puede producir errores, datos inventados o respuestas aparentemente convincentes pero incorrectas. Estos fallos, conocidos habitualmente como alucinaciones de la IA, obligan a revisar sus resultados y pueden trasladar parte del trabajo a la persona encargada de validar la información.
La programación es la tarea que más tiempo libera
No todas las funciones obtienen el mismo beneficio. La generación de código es la actividad que más tiempo permite ahorrar, con cerca de ocho horas semanales entre quienes utilizan IA para programar.
El dato debe interpretarse con cautela. Solo alrededor del 8% de la plantilla encuestada emplea estas herramientas para crear código y el tiempo aparentemente liberado puede convertirse en trabajo adicional de revisión, pruebas y corrección.
En otras palabras, generar una aplicación o una función de software en pocos minutos no elimina la necesidad de comprobar que el código sea seguro, eficiente y compatible con el resto del sistema. La supervisión humana sigue siendo esencial, especialmente en proyectos críticos.
Las tareas de redacción y búsqueda de información registran un ahorro inferior, de entre cuatro y cinco horas a la semana. En estos casos, la IA suele actuar como asistente para preparar borradores, resumir documentos o localizar contenidos, pero el resultado todavía requiere edición y verificación.
La formación multiplica el ahorro
El nivel de preparación del trabajador marca una diferencia considerable. Un análisis de la London School of Economics indica que el 93% de las personas que han recibido formación en IA utiliza estas herramientas, frente al 57% de quienes no han tenido ningún aprendizaje específico.
La formación también influye en el tiempo ahorrado. Los usuarios preparados pueden reducir hasta 11 horas semanales en determinadas tareas, mientras que quienes no han recibido formación se quedan en torno a cinco horas.
Aprender a utilizar un modelo generativo no consiste únicamente en saber escribir una pregunta. También implica dividir problemas complejos, proporcionar contexto, comprobar las respuestas y conocer las limitaciones del sistema. Esta combinación permite obtener resultados más fiables y reduce el tiempo dedicado a corregirlos.
Los directivos son quienes más aprovechan estas herramientas
La posición dentro de la empresa también condiciona el uso de la inteligencia artificial. Los directivos recurren a ella con mayor frecuencia y son quienes declaran un ahorro más elevado, cercano a las siete horas por semana.
La diferencia puede explicarse por el tipo de tareas que desempeñan, como preparar informes, analizar documentación, redactar comunicaciones o resumir reuniones. También pueden tener un acceso más sencillo a licencias, formación y herramientas aprobadas por la compañía.
Una parte de los trabajadores sigue rechazando la IA
A pesar de su expansión, el interés no es universal. El 41% de los trabajadores encuestados afirma que no tiene ningún interés en utilizar inteligencia artificial, un porcentaje superior al registrado el año anterior.
La desconfianza puede estar relacionada con el temor a que estas herramientas aceleren la automatización de determinados puestos. También influye la percepción de que la IA aumenta las exigencias laborales sin proporcionar una reducción efectiva de la jornada.
Los datos dibujan, por tanto, un escenario intermedio. La inteligencia artificial ya está ahorrando tiempo a una parte importante de los empleados, pero ese ahorro todavía no se ha convertido de forma generalizada en jornadas más cortas. El resultado dependerá de si las empresas utilizan la productividad adicional para exigir más trabajo o para mejorar realmente las condiciones de sus plantillas.



