
Lorena Saus reclama una integración real entre tecnología y conocimiento clínico
La transformación tecnológica de la medicina no depende únicamente de disponer de equipos avanzados. Para Lorena Saus, presidenta y consejera delegada de Ascires Grupo Biomédico, el verdadero reto consiste en utilizar esas herramientas de forma precisa, coordinada y orientada a las necesidades de cada paciente.
La directiva defiende un modelo de trabajo en el que médicos, ingenieros, físicos y profesionales biomédicos colaboren desde el diseño hasta la aplicación de las soluciones clínicas. Esta cooperación, sostiene, resulta esencial para convertir la innovación en resultados útiles dentro de hospitales, centros de diagnóstico y consultas especializadas.
La tecnología necesita criterio clínico
La incorporación de nuevas tecnologías está modificando áreas como el diagnóstico por imagen, la medicina personalizada y el seguimiento de los pacientes. Sin embargo, contar con sistemas de última generación no garantiza por sí solo una mejor atención sanitaria.
El valor de estas herramientas depende de cómo se integren en la práctica diaria. La interpretación de los datos, la selección de las pruebas adecuadas y la capacidad para adaptar los procesos a cada caso requieren experiencia clínica y conocimiento técnico.
En este contexto, Saus pone el foco en una idea clave: no basta con tener la mejor tecnología. También es necesario comprender sus posibilidades, conocer sus límites y utilizarla con una metodología que permita obtener información fiable para apoyar las decisiones médicas.
Un trabajo conjunto para mejorar el diagnóstico
La colaboración entre distintas disciplinas permite abordar los retos sanitarios desde perspectivas complementarias. Los médicos aportan el conocimiento de la enfermedad y de las necesidades del paciente; los ingenieros trabajan en el desarrollo y la optimización de los equipos, mientras que los físicos y los especialistas biomédicos contribuyen a garantizar la precisión y la seguridad de los procedimientos.
Esta suma de conocimientos favorece una aplicación más eficiente de las tecnologías clínicas. También facilita que las soluciones se adapten a los protocolos asistenciales y que los profesionales puedan aprovechar todas sus capacidades sin perder de vista el objetivo principal: mejorar la atención al paciente.
La integración no debe limitarse a una colaboración puntual. El planteamiento defendido por la directiva implica crear equipos estables, con comunicación constante y una visión compartida sobre el uso de la innovación en sanidad.
Del avance técnico a la utilidad asistencial
Uno de los desafíos de la medicina actual es acortar la distancia entre el desarrollo tecnológico y su aplicación real. Cada nuevo sistema, plataforma o herramienta debe demostrar que aporta valor en un entorno clínico concreto y que puede incorporarse de manera sostenible a los circuitos de trabajo.
Para ello, es necesario evaluar no solo la capacidad técnica de una solución, sino también su facilidad de uso, su impacto en los tiempos de atención y la calidad de la información que proporciona. La formación de los profesionales se convierte así en un elemento decisivo.
Una tecnología bien implementada puede ayudar a detectar enfermedades antes, afinar los diagnósticos y personalizar los tratamientos. Pero un uso inadecuado o incompleto puede limitar sus beneficios. Por este motivo, la preparación de los equipos y el acompañamiento profesional deben avanzar al mismo ritmo que la innovación.
La innovación como proceso continuo
La visión de Ascires Grupo Biomédico sitúa la tecnología dentro de un proceso más amplio de evolución sanitaria. No se trata simplemente de adquirir nuevos dispositivos, sino de construir una cultura basada en la mejora continua, la colaboración y el análisis de los resultados.
En ese modelo, los profesionales de diferentes áreas participan en la identificación de necesidades, la elección de las herramientas y la revisión de su funcionamiento. Esta dinámica permite detectar oportunidades de mejora y evitar que la innovación quede desconectada de la realidad asistencial.
El mensaje de Lorena Saus apunta, en definitiva, a una transformación tecnológica con enfoque humano y clínico. La medicina del futuro necesitará equipos sofisticados, pero también profesionales capaces de utilizarlos con conocimiento, precisión y responsabilidad.
La combinación de especialización médica, ingeniería, física y ciencias biomédicas se perfila así como una de las claves para sacar el máximo partido a las nuevas herramientas clínicas. La tecnología puede ampliar las capacidades del sistema sanitario, pero su impacto dependerá de las personas que sepan convertirla en decisiones útiles para cada paciente.



