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La IA se convierte en aliada pero requiere supervisión en textos legales y judiciales

La inteligencia artificial (IA) está siendo cada vez más utilizada en la redacción de textos administrativos y legales, agilizando así procesos tediosos para los humanos. Sin embargo, su eficiencia no la exime de errores, lo que ha llevado a la necesidad de una supervisión constante por parte de profesionales en la materia.

AI y abogados: una relación compleja

Recientemente, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia abrió una pieza por mala fe procesal contra un abogado que presentó un recurso escrito utilizando IA, el cual incluía citas jurídicas inventadas. Esta situación pone de manifiesto la importancia de la supervisión en el uso de la IA en el ámbito legal.

Errores detectados

El recurso presentaba citas espurias, resoluciones inexistentes e incluso argumentos inventados, lo que evidencia la falta de verificación por parte del abogado. La IA puede acelerar la redacción, pero no tiene la capacidad de verificar la veracidad de la información, lo que subraya la importancia de la supervisión humana en este proceso.

De ingenieros a supervisores

Este cambio de roles que ha experimentado el sector de la ingeniería de software, donde los profesionales han pasado de ser productores a supervisores de la IA, también se vislumbra en el ámbito legal. Los abogados deberán asumir un rol de supervisión en la redacción de textos legales generados por IA, garantizando su veracidad y coherencia.

Regulación necesaria

Ante casos de mal uso de IA en textos legales, como la generación de citas inventadas por algoritmos, se hace imprescindible una regulación clara en cuanto al uso de esta tecnología en el ámbito judicial. Incluso jueces han sido sancionados por delegar en IA la redacción de sentencias, lo que ha llevado a la implementación de guías para su uso responsable.

En definitiva, si bien la IA se presenta como una herramienta eficaz en la redacción de textos legales, su supervisión sigue siendo responsabilidad de los profesionales humanos. Este nuevo escenario plantea un desafío y una oportunidad para el futuro de la abogacía y la justicia en general.

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