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Los centros de datos de inteligencia artificial pierden las votaciones locales en Estados Unidos

La expansión de la inteligencia artificial se ha topado con un freno político y social inesperado en Estados Unidos. En las elecciones celebradas el 4 de noviembre, los votantes rechazaron en la mayoría de los municipios consultados la construcción de nuevos centros de datos, las grandes instalaciones que alojan los servidores necesarios para entrenar y ejecutar modelos de IA.

Al menos 40 localidades de 13 estados sometieron a votación proyectos, moratorias o restricciones relacionadas con estas infraestructuras. Salvo una excepción destacada en Dakota del Norte, los resultados fueron desfavorables para la industria, con niveles de rechazo que en varios casos alcanzaron el 60%, el 70% y hasta el 80%.

Moratorias y prohibiciones en estados republicanos

El rechazo no se concentró únicamente en territorios demócratas. En El Dorado, Kansas, los ciudadanos aprobaron prohibir durante diez años la construcción de centros de datos con una potencia superior a 10 megavatios. Un megavatio equivale a un millón de vatios y sirve para medir la capacidad eléctrica que necesita una instalación.

En Urbana, Ohio, los vecinos respaldaron una moratoria general para todos los centros de datos. En Sunbury, también en Ohio, queda en el aire un campus de Amazon valorado en unos 2.000 millones de dólares. Emporia, en Kansas, vetó además los denominados centros de alto impacto.

Una moratoria es una suspensión temporal de nuevas autorizaciones. En la práctica, permite a un municipio detener los proyectos mientras estudia sus consecuencias sobre la red eléctrica, el agua, el tráfico, el ruido o el valor de los terrenos.

Ohio se ha convertido en el principal campo de batalla. Cerca de la mitad de las medidas sometidas a votación, 21 de 41, se localizaron en este estado, que ha recibido una parte significativa de las inversiones de empresas tecnológicas. Durante los últimos meses, sus municipios ya habían aprobado 125 moratorias locales.

Las encuestas reflejan el mismo clima. El 55% de los habitantes de Ohio se opone a levantar nuevos centros de datos, frente a un 22% favorable. Además, el 65% rechaza que estas instalaciones reciban ventajas fiscales para instalarse.

La industria movilizó millones de dólares

La derrota resulta especialmente relevante porque la industria había destinado recursos económicos y políticos considerables a defender sus proyectos. En Ohio, Build American AI, una iniciativa vinculada a la estructura política de los inversores Marc Andreessen y Ben Horowitz, gastó más de 2,5 millones de dólares en anuncios de televisión.

La inversión fue mucho mayor al sumar a otras plataformas relacionadas con la inteligencia artificial y las criptomonedas. Según las estimaciones disponibles, estos grupos destinaron alrededor de 250 millones de dólares a las elecciones. Sin embargo, en las contiendas más ajustadas perdieron nueve de las doce votaciones en las que intervinieron.

El resultado apunta a un problema de comunicación para el sector. Las compañías prometen empleos, inversión y crecimiento económico, pero una parte creciente de la población percibe los centros de datos como instalaciones que consumen demasiada electricidad y agua, reciben beneficios fiscales y generan pocos puestos de trabajo permanentes.

Texas cambia el cálculo de la expansión

Texas representa uno de los casos con mayores consecuencias para el futuro de la IA. Gina Hinojosa, candidata demócrata favorable a una moratoria inmediata, ganó la carrera por la Gobernación frente al republicano Greg Abbott. Se trata de la primera victoria demócrata para ese cargo desde 1990.

El estado se había convertido en uno de los destinos preferidos de la industria gracias a su abundancia de energía, el precio relativamente bajo de la electricidad y un entorno regulatorio favorable. Pero Hinojosa llega al poder con una posición abiertamente crítica hacia la expansión acelerada de los centros de datos.

Estados Unidos prevé añadir unos 43 gigavatios de capacidad de centros de datos durante 2027. Un gigavatio equivale a 1.000 megavatios y permite medir grandes volúmenes de demanda eléctrica. Texas concentra aproximadamente el 27% de la potencia planificada para el próximo año y cerca del 30% de la capacidad que podría entrar en servicio en 2028.

El cambio político puede obligar a revisar calendarios, permisos y previsiones de inversión. Incluso Abbott, pese a no oponerse ideológicamente a la infraestructura, ya había suspendido autorizaciones, impulsado moratorias y ordenado auditorías sobre el impacto de estos complejos en la red eléctrica.

La oposición supera a la división política

Los datos de las encuestas a pie de urna muestran que la inteligencia artificial y los centros de datos ya forman parte de las preocupaciones electorales. Para el 23% de los votantes, fueron un factor crucial a la hora de decidir su voto, mientras que otro 33% los consideró importantes.

En total, un 56% acudió a las urnas con una opinión definida sobre el desarrollo de esta tecnología. Cuando se preguntó específicamente por la posibilidad de construir un centro de datos en su localidad, el 76% se mostró en contra.

La oposición, por tanto, no parece limitarse a una disputa entre demócratas y republicanos. El rechazo también aparece en comunidades conservadoras y entre políticos que no cuestionan la inteligencia artificial, pero sí sus costes locales. El problema es que el beneficio económico se percibe como nacional o empresarial, mientras que el impacto sobre el agua, la electricidad y el paisaje se queda en el municipio.

Las consecuencias para la infraestructura de IA pueden ser importantes. Algunas estimaciones sitúan en unos 15 gigavatios la capacidad prevista para 2027 que estaría en riesgo por los cambios políticos y las restricciones locales. La industria afronta ahora una fase más compleja: ya no basta con anunciar inversiones multimillonarias, sino que tendrá que demostrar que sus centros de datos aportan beneficios concretos y asumibles para las comunidades donde pretende instalarlos.

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