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Personalización e intimidad simulan, siguiendo el camino de las advertencias en las cajetillas de cigarros. Es un paso pequeño, pero significativo. Y necesitaremos más de esos pasos si queremos lograr un equilibrio entre la conveniencia de los chatbots y la protección de nuestra privacidad.

Por ahora, la reflexión de Whittaker nos invita a mirar con ojos críticos las interacciones que mantenemos con la inteligencia artificial. Quizás es hora de recordar que, a pesar de lo realistas que parezcan, los chatbots no son amigos, sino herramientas diseñadas para cumplir funciones específicas. Y que, al final del día, la verdadera amistad y empatía se encuentran en las relaciones humanas, no en líneas de código.

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