La IA dispara las emisiones de carbono de Microsoft en 2025
Microsoft publicó ayer su informe ambiental de 2026, que cubre el ejercicio fiscal 2025, y los números no son agradables: las emisiones de carbono de la compañía crecieron un 25% interanual en 2025. La causa principal, según la propia empresa, es la expansión acelerada de la infraestructura de centros de datos para IA. El compromiso de ser carbon negative en 2030 se complica cada vez más.
La admisión de Microsoft sobre su huella de carbono
Microsoft reconoce sin eufemismos el aumento significativo de sus emisiones y admite que su infraestructura de IA impulsa la demanda de recursos como energía, agua, terreno y materiales. La falta de soluciones de sostenibilidad escalables es un desafío en el camino hacia la neutralidad climática.
El papel de los RECs en la contabilidad ambiental
Microsoft dejó de comprar certificados de energía renovable no vinculados, lo que elevó temporalmente sus emisiones reportadas. Sin embargo, esta decisión busca enfocarse en añadir energía sin carbono a las redes donde realmente opera, en lugar de compromisos más cuestionados por analistas.
El dilema de los centros de datos de IA
La construcción de plantas de gas natural por parte de gigantes tecnológicos para alimentar sus centros de datos de IA en 2026 ha desacreditado la narrativa de la energía limpia. La demanda energética de los modelos de IA es exponencial y desafía la capacidad de las energías renovables para satisfacerla.
El camino hacia la sostenibilidad
A pesar de los desafíos, Microsoft logró cubrir el 100% de su consumo eléctrico global anual con energías renovables en 2025 y se acerca a su objetivo de ser water positive en 2030. Sin embargo, el compromiso de ser carbon negative para el mismo año parece distante a la luz de los datos actuales.
La necesidad de transparencia y acciones concretas
La honestidad en la contabilidad ambiental, el abandono de prácticas cuestionables, y la búsqueda de soluciones con impacto real son clave en el camino hacia la sostenibilidad. Las empresas tecnológicas enfrentan el reto de equilibrar la innovación con la responsabilidad ambiental en un mundo que demanda compromisos concretos y no meras promesas.



