La pantalla del acompañante gana espacio en los coches, pero solo uno de cada tres pasajeros la utiliza
Las pantallas para el acompañante se han convertido en uno de los elementos tecnológicos más llamativos de los vehículos nuevos. Sin embargo, su presencia en los catálogos de las marcas no se traduce en un uso generalizado. Un estudio de una empresa especializada en análisis de datos e investigación de mercado revela que solo uno de cada tres pasajeros utiliza habitualmente esta pantalla durante los desplazamientos.
El dato pone de manifiesto la distancia entre la innovación que los fabricantes incorporan a sus coches y las funciones que realmente interesan a los usuarios. Mientras las marcas apuestan por interiores cada vez más digitales, muchos viajeros siguen recurriendo a tecnologías más conocidas, como el teléfono móvil, los sistemas de navegación o las plataformas de entretenimiento conectadas al vehículo.
Una tecnología pensada para el copiloto
Las pantallas del acompañante están diseñadas para ofrecer una experiencia independiente a la persona que ocupa el asiento delantero derecho. En función del modelo, permiten consultar información del viaje, controlar el sistema multimedia, ver contenidos audiovisuales o acceder a determinadas aplicaciones sin interferir en la pantalla principal del conductor.
Algunas propuestas también incorporan filtros de privacidad. Esta tecnología limita el ángulo de visión para que el conductor no pueda ver las imágenes mientras el coche está en marcha. De este modo, el pasajero puede consultar contenidos o utilizar determinados servicios sin añadir distracciones a quien está al volante.
Sobre el papel, la idea responde a una necesidad clara: convertir el habitáculo en un espacio más cómodo y conectado para todos sus ocupantes. En la práctica, no obstante, el interés parece ser más limitado de lo que sugieren las presentaciones de los fabricantes.
El móvil continúa siendo el dispositivo preferido
La baja utilización de estas pantallas puede explicarse por varios factores. El principal es que los usuarios ya cuentan con un dispositivo que conocen, llevan consigo y utilizan a diario: el teléfono móvil. Para consultar redes sociales, ver un vídeo, buscar información o comunicarse, la mayoría no necesita aprender un nuevo sistema integrado en el coche.
Además, los móviles ofrecen una mayor continuidad. El usuario puede empezar una actividad antes de subir al vehículo y continuarla después, sin depender de la compatibilidad del sistema multimedia o de una conexión específica. Esa familiaridad reduce el atractivo de una pantalla adicional, aunque tenga una ubicación más cómoda.
También influye el tiempo de uso. Muchos trayectos son demasiado cortos para que el pasajero llegue a aprovechar las funciones disponibles. En desplazamientos urbanos o recorridos habituales, encender la pantalla, iniciar sesión y seleccionar una aplicación puede resultar menos práctico que utilizar directamente el móvil.
Más pantallas no siempre significan más utilidad
La industria del automóvil ha incrementado de forma notable el número y el tamaño de las pantallas a bordo. El salpicadero, la consola central, los asientos traseros y ahora también la zona del acompañante se han convertido en espacios para mostrar información y servicios.
Esta tendencia permite diferenciar modelos y reforzar la imagen tecnológica de una marca, pero también plantea dudas sobre la utilidad real de algunas funciones. Una pantalla puede llamar la atención durante una demostración comercial y, sin embargo, quedar relegada después a un uso ocasional.
El estudio refleja precisamente esa posible desconexión entre la percepción de innovación y el comportamiento cotidiano. Que una función esté disponible no significa que los ocupantes la consideren necesaria. Para consolidarse, la pantalla del acompañante tendrá que aportar una ventaja clara frente a las alternativas que los usuarios ya dominan.
El entretenimiento, principal oportunidad
El uso más evidente de estas pantallas se encuentra en los trayectos largos. Durante un viaje por carretera, el acompañante puede emplearla para consultar la ruta, gestionar la música, ver contenidos o acceder a información relacionada con el desplazamiento. En esos casos, disponer de un panel separado puede mejorar la comodidad y evitar que el pasajero dependa del sistema principal.
También puede resultar útil en vehículos eléctricos, donde el acompañante podría consultar datos sobre la carga, localizar estaciones o planificar paradas. Sin embargo, para que estas opciones se conviertan en hábitos, las interfaces deben ser intuitivas, rápidas y compatibles con los servicios que los usuarios utilizan fuera del coche.
La seguridad sigue condicionando su diseño
El desarrollo de estas funciones está condicionado por la seguridad. Cualquier contenido visible desde el asiento del conductor puede convertirse en una distracción, especialmente de noche o en situaciones de tráfico complejo. Por ello, los fabricantes deben aplicar restricciones, filtros visuales y bloqueos cuando el vehículo está en movimiento.
Estas limitaciones son necesarias, pero pueden reducir la libertad de uso del pasajero. Si una aplicación deja de estar disponible durante la marcha o requiere demasiados pasos para activarse, es posible que el usuario termine abandonándola. La clave estará en encontrar un equilibrio entre entretenimiento, comodidad y conducción segura.
Por ahora, la pantalla del acompañante mantiene un papel más cercano al de elemento diferenciador que al de función imprescindible. Su presencia seguirá creciendo en los coches de nueva generación, pero los datos de uso sugieren que la adopción dependerá menos del tamaño o de la novedad y más de su capacidad para resolver necesidades concretas.



