La alternativa rusa a Starlink tropieza en su segundo lanzamiento: varios satélites de Rassvet no alcanzan la órbita prevista
El despliegue de Rassvet, el proyecto ruso concebido para ofrecer conectividad por satélite, afronta sus primeras dificultades importantes. La segunda tanda de unidades no ha conseguido situarse en la altitud prevista y algunos satélites han terminado reentrando en la atmósfera.
El problema supone un revés para los planes de Moscú, que trata de acelerar el desarrollo de una red propia tras perder el acceso a Starlink en Ucrania. La constelación rusa todavía se encuentra en una fase inicial, por lo que cualquier fallo en los lanzamientos puede retrasar de forma significativa su entrada en servicio.
Una segunda tanda con problemas orbitales
Los satélites afectados fueron colocados en una trayectoria que no coincide con la órbita operativa prevista para Rassvet. Alcanzar la altitud adecuada es esencial para que las unidades puedan integrarse en una constelación y mantener una cobertura estable sobre las zonas previstas.
Cuando un satélite no llega a la órbita calculada, los equipos de control pueden intentar corregir su trayectoria mediante maniobras propulsadas. Sin embargo, esas operaciones dependen de la cantidad de combustible disponible, del estado del vehículo y de la precisión con la que se haya ejecutado el lanzamiento.
En algunos casos, la diferencia orbital es demasiado grande para compensarla. Eso es lo que habría ocurrido con parte de esta segunda tanda de Rassvet: varias unidades han perdido altura progresivamente hasta reentrar en la atmósfera y quedar destruidas.
El desafío de construir una red global
Rassvet aspira a competir en un mercado dominado por Starlink, la red de SpaceX que ya cuenta con miles de satélites en órbita baja. La propuesta rusa necesita desplegar un número elevado de unidades para ofrecer una cobertura amplia, reducir la latencia y mantener el servicio incluso cuando algunos satélites fallen.
Una constelación de este tipo no depende únicamente de poner satélites en el espacio. También requiere estaciones terrestres, terminales de usuario, enlaces entre satélites, sistemas de control y una cadena industrial capaz de fabricar y reemplazar unidades de forma continua.
Por ese motivo, un lanzamiento incompleto afecta a más elementos que al número de satélites disponibles. La pérdida de varias unidades puede alterar la planificación de cobertura, obligar a modificar las órbitas de otros vehículos y elevar los costes de la misión.
La conexión con Ucrania acelera los planes de Moscú
El impulso de Rassvet está estrechamente relacionado con la importancia que han adquirido las comunicaciones por satélite en el conflicto de Ucrania. Los terminales de Starlink se han utilizado para mantener el acceso a internet y facilitar comunicaciones en zonas donde las redes terrestres han sido dañadas o no están disponibles.
El cambio en el acceso a ese servicio dejó al descubierto la dependencia de Rusia respecto a una infraestructura controlada desde el exterior. Desde entonces, Moscú ha aumentado la presión para disponer de una alternativa propia que pueda utilizarse tanto en aplicaciones civiles como en entornos estratégicos.
Contar con una red nacional permitiría reducir esa dependencia, aunque no resolvería de inmediato todas las necesidades de conectividad. La cobertura inicial sería limitada y la capacidad del sistema dependería del número de satélites operativos y de la disponibilidad de terminales compatibles.
Un revés que no implica el final del proyecto
Los problemas de esta misión no significan necesariamente que Rassvet vaya a cancelarse. Los fallos durante el despliegue de constelaciones son frecuentes, especialmente cuando el sistema todavía está en fase de validación y los lanzamientos deben probar nuevos satélites, procedimientos y componentes de control.
La prioridad para Rusia será determinar si el origen del problema está en el cohete, en la separación de las cargas, en los sistemas de propulsión de los satélites o en la planificación de la misión. Esa investigación marcará el calendario de los próximos lanzamientos.
También será necesario revisar la estrategia de despliegue. En lugar de colocar grandes grupos de satélites en una sola misión, el operador podría optar por lanzamientos más frecuentes y con menos unidades. Esta fórmula reduce el impacto de un fallo, aunque incrementa el coste y alarga el tiempo necesario para alcanzar una cobertura útil.
La carrera por la conectividad espacial se complica
El incidente refleja la dificultad de competir con redes que llevan años acumulando experiencia y capacidad operativa. Starlink cuenta con una ventaja considerable en fabricación, frecuencia de lanzamientos y número de satélites activos, mientras que Rassvet todavía debe demostrar que puede mantener un ritmo sostenido de despliegue.
Por ahora, la segunda tanda deja a la constelación rusa con menos unidades de las previstas y añade incertidumbre a su calendario. El proyecto continúa siendo una prioridad para Moscú, pero su consolidación dependerá de que los próximos lanzamientos corrijan los problemas orbitales y permitan avanzar hacia una red estable.



