José Manuel Sanjurjo alerta del desafío de los misiles hipersónicos rusos para las defensas occidentales
La aparición y el desarrollo de nuevas armas hipersónicas están modificando el equilibrio tecnológico en el ámbito militar. José Manuel Sanjurjo, vicealmirante retirado y antiguo responsable de Navantia, advierte de que Rusia está reduciendo la ventaja tecnológica que durante décadas han mantenido Estados Unidos y sus aliados.
El reto no se limita a la velocidad de estos proyectiles. Su capacidad para maniobrar durante el vuelo, cambiar de trayectoria y aproximarse a objetivos con muy poco margen de reacción complica la detección y pone a prueba los sistemas de defensa actuales.
Una amenaza que combina velocidad y maniobrabilidad
Los misiles hipersónicos son aquellos capaces de desplazarse a velocidades superiores a Mach 5. Sin embargo, su principal valor militar no reside únicamente en alcanzar una rapidez extrema. La posibilidad de maniobrar a gran velocidad dificulta que los radares calculen su trayectoria y que los interceptores encuentren el momento adecuado para neutralizarlos.
En los sistemas de defensa convencionales, la detección temprana permite estimar el rumbo de un misil y lanzar una respuesta antes de que alcance su objetivo. Las armas hipersónicas reducen ese tiempo de reacción y pueden obligar a modificar todo el proceso, desde la vigilancia inicial hasta la decisión de interceptar.
Sanjurjo considera que esta evolución está erosionando la superioridad tecnológica occidental. La ventaja acumulada en sensores, comunicaciones y sistemas de combate ya no puede darse por garantizada ante un escenario en el que los adversarios avanzan con rapidez en capacidades ofensivas.
El papel decisivo de los sensores
La primera prioridad pasa por mejorar la capacidad de detectar y seguir estos proyectiles. Para ello, no basta con disponer de radares terrestres convencionales. La vigilancia debe apoyarse en una red amplia y coordinada de sensores terrestres, navales, aéreos y espaciales.
Una arquitectura de defensa eficaz necesita compartir la información casi en tiempo real. Cuanto antes se identifique el lanzamiento y se determine la trayectoria, mayores serán las opciones de respuesta. La integración de los datos resulta, por tanto, tan importante como las prestaciones de cada sensor por separado.
Esta exigencia también afecta a las plataformas navales. Los buques de guerra tendrán que operar dentro de redes de vigilancia más densas y contar con sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información. La protección de los grupos navales dependerá cada vez más de la conexión entre radares, centros de mando e interceptores.
Interceptores y defensa por capas
El segundo gran desafío está en desarrollar interceptores capaces de enfrentarse a blancos rápidos y maniobrables. Los sistemas diseñados para amenazas balísticas tradicionales pueden no ofrecer la misma eficacia frente a trayectorias imprevisibles y vuelos que se desarrollan a menor altura.
La respuesta pasa por una defensa aérea y antimisil por capas. Este modelo combina distintos medios para actuar en varias fases del ataque: detección y seguimiento inicial, interceptación a larga distancia y defensa terminal sobre el objetivo.
La cuestión no consiste únicamente en fabricar misiles defensivos más veloces. También es necesario mejorar la precisión, reducir los tiempos de decisión y garantizar que los sistemas puedan trabajar de forma coordinada. Un interceptor avanzado pierde buena parte de su utilidad si recibe tarde la información o no puede comunicarse con el resto de la red.
La cooperación como factor estratégico
El vicealmirante retirado reclama una mayor cooperación entre los países occidentales para conservar la superioridad militar. El desarrollo de sensores, satélites, radares e interceptores exige inversiones muy elevadas y ciclos tecnológicos prolongados. Afrontar el problema de forma aislada puede generar duplicidades y dejar capacidades críticas sin cubrir.
La colaboración debe extenderse al intercambio de información, la definición de estándares comunes y la planificación de programas industriales. La interoperabilidad será esencial para que las fuerzas de distintos países puedan compartir datos y responder ante una amenaza que no entiende de fronteras.
También será necesario reforzar la base industrial y tecnológica. La disponibilidad de componentes, la capacidad de producción y el mantenimiento de los sistemas serán elementos tan determinantes como el diseño inicial. En un contexto de competencia estratégica, disponer de una tecnología avanzada no es suficiente si no existe capacidad para fabricarla y actualizarla con rapidez.
Una carrera tecnológica con consecuencias para Europa
El avance de los misiles hipersónicos abre una nueva etapa en la carrera armamentística. Las defensas occidentales deben adaptarse a un entorno en el que el tiempo de reacción se acorta y las amenazas pueden combinar alcance, velocidad y maniobrabilidad.
Para Sanjurjo, mantener la ventaja exige actuar antes de que la brecha tecnológica sea mayor. La inversión sostenida en sensores, interceptores, redes de mando y cooperación internacional será determinante para proteger infraestructuras, fuerzas desplegadas y población civil.
El desafío no tiene una solución única ni inmediata. Requiere modernizar sistemas existentes, impulsar nuevas tecnologías y revisar los conceptos tradicionales de defensa. La advertencia apunta a una conclusión clara: la superioridad militar ya no depende solo de contar con las plataformas más avanzadas, sino de conectar todas sus capacidades en una respuesta rápida, integrada y constante.



