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València destina casi 3 millones a detectar fugas de agua con fibra óptica y sensores acústicos

El Ayuntamiento de València prepara una inversión cercana a los 3 millones de euros para modernizar la vigilancia de su red subterránea de abastecimiento. El objetivo es localizar cuanto antes las fugas que se producen en tuberías, juntas y conexiones, incluso cuando todavía no han llegado a la superficie ni han provocado daños visibles.

El proyecto combinará tecnología de fibra óptica con sensores capaces de identificar el sonido que genera el agua al escapar por una grieta. Con esta información, los equipos de mantenimiento podrán acotar la zona afectada y actuar antes de que la avería se agrave o se traduzca en una pérdida importante de recursos.

Una red invisible que también necesita vigilancia

Buena parte de las conducciones de agua de una ciudad permanece oculta bajo calles, aceras y edificios. Esa ubicación dificulta las inspecciones y hace que algunas averías solo se detecten cuando aparecen humedades, socavones, cambios en la presión o cortes en el suministro.

Sin embargo, una fuga puede permanecer activa durante semanas sin ofrecer señales evidentes. Una pequeña fisura o una junta deteriorada basta para que se pierdan miles de litros de agua de forma constante. Además del impacto sobre un recurso esencial, estas incidencias pueden deteriorar el terreno y aumentar el riesgo de daños en el pavimento y otras infraestructuras.

La estrategia de València apuesta por pasar de un modelo basado principalmente en la reparación a otro más orientado a la prevención y el mantenimiento predictivo. La red no solo se revisará cuando exista una sospecha: los datos permitirán seguir su estado de manera continua y priorizar las intervenciones.

Cómo funciona la detección mediante fibra óptica

La fibra óptica se utilizará como una infraestructura de monitorización capaz de recoger información a lo largo de distintos tramos de la red. Las variaciones producidas por vibraciones, movimientos o cambios en el entorno pueden revelar que algo no funciona con normalidad en una conducción.

Una de las ventajas de este sistema es su capacidad para cubrir grandes distancias con una elevada sensibilidad. A diferencia de una inspección puntual, la fibra puede ofrecer una visión más amplia del comportamiento de las tuberías y ayudar a identificar anomalías en fases tempranas.

La información obtenida se analizará mediante herramientas digitales que permitirán comparar el comportamiento habitual de cada zona con las lecturas registradas. Cuando se detecte una variación relevante, los técnicos podrán estudiar el punto concreto y decidir si es necesario enviar una brigada para verificar la incidencia.

Sensores de ruido para encontrar el agua que se escapa

El segundo pilar del proyecto serán los sensores acústicos. Cuando el agua sale a presión por una fisura, produce un sonido y una vibración que pueden ser captados por dispositivos instalados en puntos estratégicos de la red. Aunque el oído humano no perciba esa señal desde la calle, los sensores sí pueden registrarla.

La comparación de los datos recogidos por varios dispositivos ayuda a calcular la ubicación aproximada de la fuga. De este modo, las tareas de localización resultan más rápidas y se reducen las excavaciones innecesarias, una cuestión especialmente relevante en zonas urbanas con tráfico, comercios y alta actividad vecinal.

La combinación de sensores acústicos y fibra óptica también permitirá contrastar señales. Esta doble fuente de información puede mejorar la precisión del diagnóstico y evitar que los equipos actúen únicamente a partir de indicios aislados, como una bajada de presión o un consumo anómalo.

Menos agua perdida y actuaciones más eficientes

La principal finalidad de la inversión es reducir el volumen de agua que se pierde antes de llegar a los hogares, comercios y servicios públicos. Detectar una fuga en sus primeras etapas permite reparar un tramo más pequeño y limitar el tiempo durante el que el agua permanece fuera de la red.

  • Detección temprana: las averías podrán identificarse antes de que sean visibles en la superficie.
  • Menos obras: una localización más precisa reducirá las excavaciones y las molestias en la vía pública.
  • Mantenimiento predictivo: los datos ayudarán a anticipar problemas y ordenar las reparaciones por prioridad.
  • Mayor eficiencia: la red podrá funcionar con un mejor aprovechamiento del agua y de los recursos destinados a su conservación.

El despliegue tecnológico también puede aportar información útil sobre el estado general de las conducciones. Con el tiempo, los patrones registrados permitirán identificar los materiales, zonas o tipos de unión que presentan una mayor probabilidad de fallo. Esa experiencia facilitará la planificación de futuras renovaciones.

Una inversión vinculada a la gestión inteligente del agua

La actuación se enmarca en la transformación digital de los servicios urbanos. El uso de sensores, conectividad y análisis de datos está cambiando la forma en la que las ciudades gestionan elementos esenciales como el agua, la energía, el alumbrado o la movilidad.

En el caso de València, el reto consiste en aplicar esa tecnología a una infraestructura que, pese a ser fundamental, permanece fuera de la vista. La monitorización de las tuberías permitirá disponer de más información para tomar decisiones y convertir el mantenimiento en una tarea menos reactiva y más planificada.

Con una inversión de casi 3 millones de euros, la ciudad busca que las fugas dejen de ser problemas silenciosos. La fibra óptica y los sensores de ruido no eliminarán por sí solos el desgaste de una red subterránea, pero sí pueden acortar el tiempo entre la aparición de una avería y su reparación, proteger el suministro y reducir el desperdicio de agua.

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