España se quedó más cerca que nunca. La selección femenina cayó ante Estados Unidos por 66-76 en una semifinal de enorme exigencia, pero sostuvo el pulso durante buena parte del encuentro. El resultado la apartó de la final y la obligó a pelear por el bronce, aunque también confirmó el crecimiento de un equipo capaz de plantar cara al gran favorito.
La actuación de Mariona Ortiz volvió a marcar el carácter de un grupo que no bajó los brazos. Estados Unidos impuso su físico y su profundidad en el último cuarto, pero la selección española dejó una imagen competitiva y ambiciosa en la copa mundial de baloncesto femenino.
La copa mundial de baloncesto femenino deja a España a un paso
El marcador final, 66-76, refleja una derrota, pero no cuenta por sí solo la historia de la semifinal. España fue capaz de mantenerse cerca durante muchos minutos y obligó a Estados Unidos a jugar con máxima concentración. La diferencia se abrió cuando el cansancio y la rotación estadounidense pesaron más.
La selección española afrontó el duelo sin complejos. Defendió con intensidad, movió el balón con criterio y encontró respuestas ante cada intento de escapada de su rival. En un escenario de máxima presión, el equipo mantuvo la concentración y compitió hasta el tramo decisivo.
Estados Unidos rompe el partido en el último cuarto
El encuentro llegó al último periodo con España todavía dentro de la pelea. Sin embargo, Estados Unidos elevó el ritmo, aprovechó su superioridad física y castigó cada pérdida o posesión mal resuelta. Ese parcial terminó inclinando una semifinal que había permanecido abierta durante tres cuartos.
La diferencia no deslució el trabajo español. El equipo resistió las rachas de su oponente y siguió buscando soluciones incluso cuando el aro se hizo más pequeño. La derrota llegó por detalles y por la capacidad estadounidense para cerrar los partidos grandes, no por falta de actitud.
Mariona Ortiz lidera la respuesta de España
Mariona Ortiz fue una de las grandes protagonistas de la selección. Su dirección, su personalidad con el balón y su capacidad para asumir responsabilidades ayudaron a que España no perdiera el control en los momentos más complicados.
Su actuación resume el espíritu de un equipo que ha encontrado confianza en el campeonato. Ortiz no solo aportó en ataque, también transmitió calma y energía a sus compañeras cuando Estados Unidos amenazaba con romper definitivamente el partido.
Una selección que crece en los grandes escenarios
La semifinal confirmó que España puede competir frente a una potencia mundial. La distancia entre ambos conjuntos se redujo en varios tramos y la selección española demostró que su baloncesto tiene recursos para desafiar a las favoritas.
El mérito está también en la respuesta colectiva. La defensa, el movimiento de balón y la capacidad para mantenerse unida fueron claves para que el equipo llegara con opciones al último cuarto. España cayó con honor, pero salió reforzada.
Qué significa la derrota para la selección española
Perder una semifinal siempre deja frustración, especialmente cuando la final estuvo al alcance durante tantos minutos. Aun así, el partido ofreció una lectura positiva: España ha podido mirar de frente a Estados Unidos y competir sin renunciar a su identidad.
El resultado también aporta experiencia a una generación que sigue creciendo. Jugar encuentros de esta magnitud permite detectar los detalles que separan una actuación notable de una victoria histórica: la gestión de las pérdidas, el rebote defensivo y la eficacia en los minutos de máxima tensión.
- Confianza: España comprobó que puede sostener un duelo ante la gran favorita.
- Aprendizaje: el último cuarto mostró los aspectos que deben pulirse.
- Identidad: el equipo mantuvo su estilo incluso bajo máxima presión.
- Ambición: la lucha por el bronce mantiene un objetivo importante.
España mantiene vivo el objetivo de la medalla
La eliminación en semifinales no cerró el camino de España en el torneo. La selección afrontó después el reto de luchar por el bronce, una recompensa a la altura del rendimiento ofrecido durante la competición y una oportunidad para terminar con una medalla.
El equipo llegó a ese desafío con argumentos para recuperar el ánimo. La derrota ante Estados Unidos dolió, pero también dejó la certeza de que España está preparada para disputar partidos de máxima exigencia. La reacción en el siguiente encuentro podía convertir la decepción en una conclusión positiva.
Una derrota que deja motivos para creer
La copa mundial de baloncesto femenino volvió a mostrar la fortaleza del baloncesto español. Aunque la final quedó fuera de alcance, el rendimiento ante Estados Unidos permitió medir el verdadero nivel de la selección y comprobar que la distancia con la élite ya no parece insalvable.
El 66-76 quedará como una derrota, pero también como el marcador de un equipo que compitió hasta el límite. Con Mariona Ortiz como una de sus referencias y con una base colectiva sólida, España puede mirar al futuro con exigencia y esperanza.
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