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Santa Fe – Deportivo Cali quedó en el centro de la conversación tras la confirmación de la sede para la final de ida de la Liga Femenina. El partido no se disputó en El Campín, una decisión que abrió un debate sobre el acceso de los equipos femeninos a los grandes estadios.

La Dimayor confirmó que el primer duelo de la serie se celebró en Tunja. La elección llegó después de la controversia entre Independiente Santa Fe, la organización del torneo y Sencia, entidad encargada de la operación de El Campín.

Santa Fe – Deportivo Cali cambió de escenario para la final

La final de ida entre Santa Fe y Deportivo Cali tuvo como escenario el estadio La Independencia de Tunja. El cambio puso el foco en la planificación de la competición y en las condiciones que rodean al fútbol femenino colombiano.

El Campín era la opción que muchos aficionados asociaban con una final de esta importancia, especialmente por el peso histórico de Santa Fe en Bogotá. Sin embargo, la disponibilidad del estadio no quedó garantizada y la serie terminó trasladándose a otra ciudad.

La decisión de la Dimayor

La Dimayor informó que la final de ida se jugaría en Tunja, una medida que permitió mantener la programación definida para la competición. La resolución también evitó que el encuentro quedara condicionado por la falta de autorización para utilizar el escenario bogotano.

Para Deportivo Cali, la designación supuso afrontar un partido decisivo fuera de Bogotá. Para Santa Fe, significó alejarse de un recinto con una fuerte conexión con su afición y asumir una final en una sede alternativa.

El debate por El Campín y la Liga Femenina

La polémica aumentó después de las críticas de la concejal Heidy Sánchez a Sencia. La edil cuestionó que no se facilitara El Campín para el encuentro y sostuvo que las principales perjudicadas por la decisión eran las futbolistas.

El mensaje trasladó la discusión desde un asunto de calendario a una cuestión de igualdad y reconocimiento. La pregunta dejó de ser únicamente dónde se jugaba la final y pasó a centrarse en qué espacio ocupa el fútbol femenino dentro de los grandes escenarios deportivos.

Las críticas de Heidy Sánchez

Sánchez lamentó que las mujeres fueran, en su opinión, las castigadas por la falta de disponibilidad del estadio. Sus declaraciones reflejaron el malestar existente entre quienes consideran que una final femenina merece las mismas condiciones de visibilidad y respaldo que otros partidos de alto nivel.

El debate también puso sobre la mesa la responsabilidad de las instituciones y de los operadores de los estadios. La celebración de una final requiere coordinación, pero también una voluntad clara de dar al fútbol femenino un lugar central en la agenda deportiva.

¿Se seguirá jugando fútbol en El Campín en 2026?

La controversia no terminó con la designación de Tunja. Sencia también respondió a las dudas sobre la continuidad del fútbol en El Campín durante lo que queda de 2026, un asunto que afecta tanto a los clubes como a sus seguidores.

La entidad explicó su posición sobre el uso del escenario y las condiciones que deben cumplirse para autorizar nuevos partidos. La respuesta trató de aclarar si el problema estaba relacionado exclusivamente con esta final o si podía extenderse a otros compromisos.

Una cuestión que va más allá de una final

El caso de Santa Fe – Deportivo Cali dejó varias preguntas abiertas. Entre ellas, cómo se fijan las prioridades del estadio, qué criterios se aplican a las competiciones femeninas y qué margen tienen los clubes para organizar partidos en sus sedes habituales.

También evidenció la importancia de comunicar las decisiones con suficiente antelación. Cuando una final cambia de ciudad, el impacto alcanza a las plantillas, los cuerpos técnicos, los aficionados y los negocios que dependen de la asistencia al estadio.

Qué significa la sede de Tunja para Santa Fe y Deportivo Cali

Jugar en Tunja modifica la experiencia de una final que estaba vinculada a Bogotá. El desplazamiento puede influir en la presencia de aficionados y obliga a los equipos a adaptarse a un entorno diferente en un momento de máxima exigencia.

  • Para Santa Fe: pierde la posibilidad de disputar la ida en un escenario familiar para buena parte de su público.
  • Para Deportivo Cali: afronta una final fuera de su territorio y ante un rival con una importante base social.
  • Para la competición: la sede alternativa mantiene el partido, pero alimenta el debate sobre la organización del torneo.
  • Para el fútbol femenino: el episodio reabre la petición de contar con estadios de mayor capacidad y visibilidad.

La decisión no borra la importancia deportiva de la serie. Sin embargo, sí condiciona el ambiente y vuelve a poner en primer plano la necesidad de que las finales femeninas se planifiquen con criterios deportivos, logísticos y de igualdad.

Una final que dejó una conversación pendiente

La historia de Santa Fe – Deportivo Cali no se limita al resultado de la eliminatoria. El traslado a Tunja y la discusión sobre El Campín mostraron que el crecimiento de la Liga Femenina necesita apoyarse en decisiones coherentes y en una mayor estabilidad para los clubes.

El fútbol femenino ha ganado seguimiento, pero todavía encuentra obstáculos cuando reclama los mismos espacios que el fútbol masculino. La final sirvió para recordar que la visibilidad no depende solo de la audiencia: también de los escenarios, la promoción y el respaldo institucional.

¿Crees que la final de ida entre Santa Fe y Deportivo Cali debió disputarse en El Campín? Comparte tu opinión en los comentarios y cuéntanos qué medidas deberían adoptarse para mejorar la organización de la Liga Femenina.

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