Víctimas de ETA denuncian desprecio en la exposición de la Constitución por su ubicación junto a portada de Gara
La reciente exposición sobre la Constitución española, instalada en el Congreso de los Diputados, ha generado controversia y un sentimiento de agravio entre las víctimas del terrorismo de ETA. La polémica proviene específicamente de la ubicación destinada a un homenaje a estas víctimas, situada justo al lado de una portada del diario Gara, conocido por su línea editorial próxima a la izquierda abertzale. Este hecho ha sido interpretado por las asociaciones de afectados como un acto de desprecio y relegación que pone en entredicho la sensibilidad del Estado hacia quienes sufrieron en carne propia la violencia terrorista.
Un espacio simbólico que debería inspirar respeto y reconocimiento
La Constitución española representa el marco legal y el pacto de convivencia que cimenta el orden democrático en España. Por ello, la exposición conmemorativa tiene que reflejar los pilares del respeto a las instituciones y a las personas que han defendido esos valores, entre las mismas las víctimas de ETA. La situación generada provoca un contraste difícilmente evitable entre, por un lado, el sacrificio y dolor sufrido y, por otro, el simbolismo de una portada vinculada a un diario con posicionamientos controvertidos en relación a partidos y movimientos abertzales.
La percepción de las víctimas: una herida que sigue abierta
Para muchas víctimas, la ubicación elegida no es un detalle menor, sino un reflejo de la forma en que se continúan tratando sus vivencias. Entre las críticas destacadas se encuentran:
- La sensación de ser relegados a un espacio marginal dentro de la exposición.
- La incomodidad de compartir un espacio cercano a símbolos o portadas que no representan su sufrimiento ni su memoria.
- La falta de diálogo o consulta previa con las asociaciones de víctimas sobre el diseño y contenido de la exhibición.
Impacto sociopolítico y la importancia de un discurso inclusivo
Este episodio no solo afecta a las víctimas, también tiene repercusiones en el debate político y social en España. El qué y cómo se recuerda un hecho tan doloroso como el terrorismo de ETA es vital para mantener la memoria colectiva y fortalecer la convivencia. Marginalizar o mal posicionar esa memoria puede abrir heridas y perpetuar divisiones.
Para avanzar hacia una reconciliación sincera, es imprescindible que las instituciones actúen con sensibilidad y se comprometan a crear espacios que realmente honren a quienes sufrieron en primera persona, evitando cualquier tipo de polémica que pueda diluir o instrumentalizar su recuerdo.
Qué puede aprender el Estado de esta situación
Este caso pone sobre la mesa los siguientes aprendizajes para el Estado y sus responsables a la hora de preparar actos públicos o exposiciones históricas:
- Escuchar a las víctimas: involucrarlas desde el inicio en el diseño de espacios que les conciernen.
- Evitar simbolismos contrapuestos: cuidar el contexto y la proximidad de imágenes, textos o referencias que puedan resultar ofensivas.
- Generar un relato inclusivo y respetuoso: que abarque todas las sensibilidades, sin minimizar el sufrimiento de ninguna parte.
La responsabilidad colectiva de preservar la memoria democrática
No se trata solo de un detalle de montaje en una exposición, sino de un compromiso colectivo con la verdad y la justicia. La memoria democrática es un pilar esencial para evitar que episodios tan trágicos como el terrorismo de ETA se repitan. Por ello, la sensibilidad hacia las víctimas debe primar en todas las instituciones, a fin de construir un futuro basado en el respeto, la convivencia y el reconocimiento mutuo.
Conclusión: avanzar con empatía y coherencia
La controversia surgida a raíz de la ubicación del homenaje a las víctimas de ETA en la exposición de la Constitución debe servir como una llamada de atención para corregir errores y apostar por una narrativa histórica que respete a todos los afectados por la violencia. Solo a través de la empatía, la escucha activa y la coherencia en los mensajes, España podrá fortalecer la convivencia y el respeto a la democracia que consagra su Carta Magna.



