Los epidemiólogos desmontan el mito: los migrantes no traen enfermedades, el hacinamiento sí las favorece
La idea de que las personas migrantes son responsables de introducir enfermedades en la sociedad carece de base científica y puede resultar peligrosa para la salud pública. Los especialistas en epidemiología advierten de que el riesgo de transmisión no depende del origen de una persona, sino de las condiciones en las que vive, viaja o recibe atención sanitaria.
El hacinamiento, la falta de acceso regular a duchas y ropa limpia, la convivencia en espacios cerrados y las dificultades para consultar con un profesional sanitario son algunos de los factores que facilitan la aparición y propagación de infecciones como la sarna o el impétigo.
Las condiciones de vida explican el riesgo, no la nacionalidad
La sarna es una infestación causada por un ácaro que se transmite principalmente mediante un contacto físico estrecho y prolongado. El impétigo, por su parte, es una infección bacteriana de la piel que puede propagarse con facilidad cuando existen lesiones, heridas o contacto directo entre personas.
Ninguna de estas enfermedades está ligada a una nacionalidad concreta. Pueden aparecer en cualquier población cuando se dan circunstancias que favorecen el contagio, como dormitorios compartidos por muchas personas, estancias temporales, falta de privacidad o imposibilidad de lavar y cambiar con frecuencia la ropa de cama.
Estas situaciones también pueden producirse en residencias, centros de acogida, prisiones, albergues, viviendas sobreocupadas o entornos familiares con pocos recursos. Presentar a las personas migrantes como una amenaza sanitaria desvía la atención de la verdadera causa: la precariedad y la ausencia de medidas de prevención adecuadas.
El estigma puede empeorar los brotes
Relacionar migración y enfermedad no solo alimenta la discriminación. También puede dificultar el diagnóstico y el tratamiento. Una persona que teme ser señalada puede ocultar los síntomas, retrasar la consulta o evitar acudir a un centro sanitario, lo que aumenta las posibilidades de transmisión entre convivientes.
El miedo y los prejuicios también complican el trabajo de los profesionales. La vigilancia epidemiológica necesita información fiable, comunicación clara y confianza entre la población y los servicios de salud. Si determinados grupos son culpabilizados, resulta más difícil detectar los casos y actuar con rapidez.
Los expertos recuerdan que la salud pública debe centrarse en los factores de riesgo modificables. La respuesta no pasa por criminalizar a quienes llegan a un país, sino por garantizar espacios seguros, atención médica accesible y medidas de higiene adaptadas a cada contexto.
Cómo se previenen la sarna y el impétigo
Ante un posible caso de sarna, es importante consultar con un profesional sanitario. El tratamiento suele requerir productos específicos y, en determinadas circunstancias, abordar a la vez a las personas que han mantenido un contacto estrecho. También puede ser necesario lavar la ropa, las toallas y la ropa de cama siguiendo las indicaciones sanitarias.
El impétigo suele manifestarse con lesiones en la piel, ampollas o costras, especialmente alrededor de la nariz y la boca, aunque puede aparecer en otras zonas. La valoración médica permite determinar el tratamiento más adecuado y reducir el riesgo de contagio.
- Facilitar el acceso a agua, jabón, duchas y productos de higiene.
- Evitar compartir toallas, ropa, sábanas u objetos que estén en contacto con la piel.
- Limpiar y cubrir las heridas o lesiones cutáneas.
- Reducir el número de personas por habitación siempre que sea posible.
- Ofrecer evaluación sanitaria temprana y seguimiento de los contactos.
- Proporcionar información en distintos idiomas y formatos comprensibles.
La prevención requiere recursos y coordinación
Las respuestas sanitarias más eficaces combinan la identificación rápida de los casos con mejoras en las condiciones de alojamiento. Repartir tratamientos sin garantizar higiene, ventilación y espacio suficiente puede limitar los resultados y favorecer que los contagios reaparezcan.
Por eso, los equipos de salud pública deben trabajar junto a los centros de acogida, los servicios sociales, las organizaciones comunitarias y la atención primaria. La coordinación permite detectar síntomas, organizar revisiones, informar a las personas afectadas y proteger su intimidad.
También es fundamental distinguir entre una infección importada y una infección favorecida por el entorno. Las enfermedades infecciosas no entienden de fronteras, pero sí responden a las condiciones de vida, a la accesibilidad del sistema sanitario y a la rapidez con la que se aplican las medidas preventivas.
Una cuestión de salud, no de prejuicios
Convertir la migración en un problema sanitario alimenta una percepción falsa y puede generar respuestas desproporcionadas. La evidencia epidemiológica apunta a que el riesgo se concentra en los contextos de vulnerabilidad, no en el pasaporte de quienes los habitan.
Proteger a las personas migrantes frente a la sarna, el impétigo y otras infecciones beneficia al conjunto de la población. La estrategia más eficaz es garantizar atención temprana, condiciones dignas de alojamiento y campañas de información que combatan la desinformación sin señalar a ningún colectivo.



