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España prueba sensores capaces de medir la contaminación real de los coches mientras circulan

La tecnología puede cambiar la forma en la que se controla la contaminación del tráfico. España ya está probando sistemas capaces de analizar las emisiones de un vehículo en circulación y obtener una estimación en cuestión de segundos, sin necesidad de detenerlo en una estación de ITV ni establecer un control convencional en carretera.

Estos sensores de teledetección estudian los gases que salen del tubo de escape cuando el coche pasa frente al dispositivo. El sistema puede identificar concentraciones de contaminantes como los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono o los hidrocarburos, además de relacionar los datos con el vehículo que acaba de circular por el punto de medición.

Una fotografía instantánea de las emisiones

El funcionamiento se basa en proyectar haces de luz sobre la zona por la que transitan los vehículos. Al atravesar ese espacio, los gases emitidos absorben parte de la radiación y permiten calcular su presencia en el aire. El análisis se completa con cámaras y sistemas de lectura de matrículas, que pueden asociar cada medición con un coche concreto.

Frente a una prueba tradicional, esta solución no necesita conectar equipos al automóvil ni someterlo a una inspección estática. El vehículo puede ser analizado mientras circula con normalidad, en diferentes condiciones de tráfico y sin que el conductor tenga que modificar su comportamiento.

La principal ventaja es que ofrece una visión más cercana al uso real del coche. Una revisión en taller o en la ITV refleja el estado del vehículo en un momento determinado, mientras que los sensores pueden recopilar miles de mediciones en una carretera, una avenida o un acceso urbano.

Qué vehículos pueden quedar bajo el radar

El sistema está pensado especialmente para localizar vehículos con emisiones muy superiores a las esperadas para su categoría. Puede ayudar a detectar coches con problemas en el sistema anticontaminación, filtros de partículas deteriorados, catalizadores en mal estado o modificaciones que alteren el funcionamiento original del motor.

También puede revelar diferencias entre las emisiones homologadas y las que se producen en la circulación diaria. La antigüedad, el mantenimiento, la temperatura del motor, la carga del vehículo y el estilo de conducción influyen en los resultados, por lo que una medición puntual no debería interpretarse automáticamente como una sanción.

En este sentido, la tecnología puede utilizarse primero con fines estadísticos y de control ambiental. Las administraciones podrían enviar avisos a los propietarios, solicitar una revisión adicional o seleccionar determinados vehículos para una inspección más exhaustiva.

Un posible apoyo para las ZBE

Las zonas de bajas emisiones, cada vez más presentes en las ciudades españolas, se basan principalmente en la clasificación ambiental del vehículo y en las restricciones de acceso asociadas a cada etiqueta. Sin embargo, esa clasificación no siempre refleja el nivel real de contaminación de cada unidad.

Los sensores podrían complementar ese modelo con información sobre el estado efectivo del parque móvil. Así, una ciudad tendría más datos para conocer qué vehículos generan mayores emisiones y en qué calles o franjas horarias se concentran los problemas de calidad del aire.

Su uso también permitiría evaluar el resultado de una ZBE. Si después de implantar restricciones disminuyen las emisiones medidas en los accesos, la administración dispondría de un indicador directo para valorar la eficacia de la medida.

De la detección a una posible sanción

Convertir una medición en una multa exige superar varios retos técnicos y legales. El dispositivo debe identificar correctamente el vehículo, descartar interferencias de otros coches y tener en cuenta factores como el viento, la pendiente de la vía o la densidad del tráfico.

Además, será necesario establecer qué margen de error se acepta, cómo se calibra el equipo y qué procedimiento puede seguir el propietario para revisar o recurrir el resultado. La protección de datos será otro elemento importante, especialmente cuando la lectura de la matrícula se vincule a información sobre el vehículo o su titular.

Por estos motivos, la aplicación más inmediata parece estar relacionada con la vigilancia ambiental, la elaboración de mapas de emisiones y la identificación de vehículos que necesiten mantenimiento. El paso hacia sanciones automáticas requeriría una regulación específica y garantías suficientes para que la medición tenga validez administrativa.

Una herramienta adicional, no un sustituto de la ITV

Los sensores de emisiones no reemplazarían a la ITV. La inspección técnica revisa elementos de seguridad, estado mecánico, alumbrado, frenos y otros componentes que no pueden analizarse desde la carretera. La teledetección serviría como una capa adicional de control, centrada en la contaminación que produce cada vehículo en condiciones reales.

Su despliegue podría ayudar a mejorar el mantenimiento del parque automovilístico y a dirigir los controles hacia los vehículos con mayor impacto ambiental, en lugar de aplicar medidas generales. La tecnología todavía debe demostrar su precisión y encaje normativo, pero abre una vía para que las políticas de movilidad se apoyen cada vez más en datos reales.

Si las pruebas avanzan y las administraciones definen un marco claro, los conductores podrían encontrarse con una nueva forma de vigilancia ambiental: un sensor instalado en la vía, capaz de analizar las emisiones de su coche en segundos y de aportar información clave para el futuro de las ciudades y de las ZBE.

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