
Fernando Suárez: negar la tecnología en las aulas deja al alumnado solo ante ella
La educación digital no debería limitarse a aprender a utilizar dispositivos. Para Fernando Suárez, presidente del Colegio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia, la informática debe ocupar un lugar central en el programa escolar para que niños y adolescentes puedan relacionarse con la tecnología de forma consciente, segura y responsable.
Suárez defiende que apartar la tecnología de las aulas no protege a los menores. Al contrario, considera que esa decisión puede dejarlos sin las herramientas necesarias para comprender el entorno digital en el que ya viven y tomar decisiones con criterio.
El objetivo, según plantea, no es llenar las clases de pantallas ni convertir cualquier actividad educativa en una experiencia tecnológica. La prioridad pasa por enseñar al alumnado a entender cómo funciona la tecnología, qué consecuencias tiene su uso y cómo puede emplearla con autonomía y pensamiento crítico.
La informática, más allá del manejo de dispositivos
En muchas ocasiones, la competencia digital se reduce a saber utilizar un ordenador, un teléfono móvil o una plataforma educativa. Sin embargo, la formación informática abarca mucho más: incluye comprender los sistemas que se utilizan, valorar la información disponible y actuar con responsabilidad en espacios digitales.
Desde esta perspectiva, aprender informática no consiste únicamente en adquirir destrezas prácticas. También implica desarrollar una mirada crítica ante los contenidos que circulan por internet, distinguir información fiable de aquella que no lo es y conocer las implicaciones de compartir datos, imágenes o mensajes.
La escuela puede desempeñar un papel decisivo en ese aprendizaje. No todo el alumnado parte de las mismas condiciones ni cuenta con el mismo acompañamiento fuera del aula. Incorporar la informática de forma estructurada permitiría ofrecer una base común y evitar que la educación digital dependa únicamente del entorno familiar.
Educar para utilizar la tecnología con criterio
La propuesta de Suárez sitúa el criterio como una de las capacidades esenciales. En un contexto marcado por la abundancia de información, las herramientas digitales y los servicios automatizados, saber usar una aplicación no siempre significa comprender sus efectos.
El alumnado necesita aprender a hacerse preguntas: quién ha creado un contenido, con qué finalidad se difunde, qué datos está entregando o qué consecuencias puede tener una determinada decisión. Esa actitud reflexiva resulta tan importante como el dominio técnico de cualquier programa o dispositivo.
La autonomía constituye otro de los pilares de esta formación. Un estudiante autónomo no es aquel que utiliza la tecnología sin límites, sino quien puede decidir cuándo resulta útil, cuándo conviene desconectarse y cómo resolver los problemas que surgen durante su uso.
El papel de los centros educativos
Convertir la informática en una disciplina central exige una planificación educativa clara. No se trata de incorporar contenidos de manera aislada, sino de integrarlos en el recorrido académico y relacionarlos con las necesidades reales del alumnado.
La programación escolar puede abordar desde el funcionamiento básico de la tecnología hasta cuestiones relacionadas con la privacidad, la seguridad, la identidad digital y el pensamiento computacional. También puede ayudar a entender que las herramientas digitales no son neutrales y que su diseño influye en la forma en que las personas acceden a la información y se relacionan.
Para que este enfoque funcione, el profesorado debe contar con formación y recursos adecuados. La educación tecnológica no puede descansar únicamente en la voluntad individual de cada docente ni en iniciativas puntuales. Requiere continuidad, objetivos definidos y un acompañamiento que permita adaptar los contenidos a cada etapa educativa.
Proteger no significa apartar
El debate sobre la presencia de la tecnología en las aulas suele plantearse en términos de exposición y límites. La advertencia de Suárez introduce otro enfoque: proteger a los menores también significa prepararlos para desenvolverse en el entorno digital con conocimiento y responsabilidad.
Excluir la tecnología del proceso educativo puede transmitir la idea de que basta con evitarla para eliminar sus riesgos. Pero los niños y adolescentes seguirán encontrándose con ella en otros espacios. Sin orientación, tendrán menos oportunidades de identificar problemas, pedir ayuda o tomar decisiones informadas.
La respuesta educativa, por tanto, no pasa por aceptar cualquier uso tecnológico ni por rechazarlo de forma general. Consiste en acompañar al alumnado, establecer criterios y ofrecerle conocimientos para que pueda utilizar estas herramientas sin quedar sometido a ellas.
Una competencia necesaria para el futuro
La informática afecta ya a la comunicación, el aprendizaje, el trabajo y el acceso a los servicios. Por ese motivo, su presencia en la escuela no debería entenderse como una moda ni como un complemento opcional, sino como parte de la preparación básica que necesitan las nuevas generaciones.
La educación digital que plantea el presidente del Colegio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia combina conocimientos técnicos con responsabilidad, autonomía y pensamiento crítico. Una formación de este tipo permitiría que el alumnado no se limite a consumir tecnología, sino que comprenda sus posibilidades, sus límites y el impacto de sus decisiones.
La cuestión no es si los menores estarán en contacto con la tecnología, sino con qué preparación llegarán a ese entorno. Enseñarles a utilizarla con criterio puede ser una forma más eficaz de protegerles que mantenerla al margen de las aulas.



