La actividad física gana peso en la prevención y el tratamiento de enfermedades
El Ministerio de Salud de Entre Ríos está reforzando la promoción de la actividad física como una herramienta de prevención y tratamiento en hospitales y centros de salud de Paraná y San Benito. La iniciativa busca incorporar el ejercicio a la atención sanitaria habitual y acercarlo a personas de todas las edades y condiciones.
La propuesta se articula a través de la Dirección de Estrategias Sanitarias y cuenta con un enfoque interdisciplinar. Kinesiólogos y profesores de educación física colaboran con otros profesionales sanitarios para adaptar las recomendaciones a las necesidades de cada paciente, teniendo en cuenta su estado de salud, su edad y su nivel de movilidad.
Un recurso terapéutico más allá del deporte
La actividad física no se limita a la práctica deportiva ni exige siempre entrenamientos intensos. Caminar, realizar ejercicios de fuerza moderada, mejorar la movilidad o mantener rutinas activas durante el día también puede contribuir a prevenir enfermedades y a mejorar la evolución de determinadas patologías.
Cuando se prescribe de forma segura y progresiva, el ejercicio puede ayudar a controlar factores de riesgo como el exceso de peso, la hipertensión arterial, la alteración de la glucosa y los niveles elevados de colesterol. También favorece la salud cardiovascular, la capacidad respiratoria y el bienestar emocional.
En personas con enfermedades crónicas, mantenerse activo puede mejorar la autonomía y reducir el impacto de los síntomas. Sin embargo, la intensidad y el tipo de ejercicio deben ajustarse a cada caso. No es igual comenzar un programa tras años de sedentarismo que mantener una rutina cuando ya existe una buena condición física.
El papel del equipo interdisciplinar
La intervención conjunta de profesionales permite evitar recomendaciones genéricas y diseñar planes más realistas. El kinesiólogo puede valorar la movilidad, el dolor, la fuerza y las limitaciones funcionales, mientras que el profesor de educación física puede orientar la progresión de los ejercicios y trabajar la adherencia.
Este abordaje también facilita identificar señales de alerta y establecer objetivos alcanzables. Para algunas personas, el primer paso puede ser levantarse con más frecuencia durante la jornada; para otras, recuperar la marcha, mejorar el equilibrio o aumentar gradualmente el tiempo dedicado a caminar.
La coordinación con el resto del personal sanitario resulta especialmente importante cuando existen enfermedades cardiovasculares, respiratorias, metabólicas o musculoesqueléticas. El ejercicio debe integrarse en el tratamiento general y no sustituir la medicación, los controles médicos ni otras medidas indicadas.
Prevenir desde los centros de salud
La promoción de la actividad física en hospitales y centros sanitarios permite abordar el sedentarismo desde la prevención. El objetivo no es únicamente atender a quienes ya presentan una enfermedad, sino también reducir el riesgo de que aparezca y ofrecer herramientas sencillas para cuidar la salud en la vida cotidiana.
La falta de movimiento sostenida se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Además, puede afectar al descanso, al estado de ánimo y a la capacidad para realizar tareas habituales. Por este motivo, incorporar hábitos activos forma parte de una estrategia de salud pública.
Las recomendaciones deben adaptarse a la realidad de cada persona. Las barreras pueden ser físicas, económicas, laborales o familiares. También influyen la falta de espacios seguros, el dolor, la inseguridad o la ausencia de acompañamiento. Un plan sanitario eficaz debe tener en cuenta estas circunstancias para que la actividad física sea sostenible.
Cómo empezar de forma segura
Las personas sedentarias pueden comenzar con periodos breves de movimiento y aumentar el tiempo de manera progresiva. Caminar, utilizar las escaleras cuando sea posible, realizar pausas activas o practicar ejercicios de movilidad son opciones accesibles para reducir el tiempo sentado.
- Comenzar con una intensidad moderada y aumentar poco a poco.
- Combinar ejercicios aeróbicos, de fuerza, movilidad y equilibrio.
- Evitar incrementos bruscos que puedan provocar lesiones.
- Utilizar ropa y calzado cómodos y mantenerse bien hidratado.
- Consultar con un profesional antes de iniciar ejercicio intenso si existe una enfermedad previa.
Durante la práctica, es importante detenerse y solicitar valoración sanitaria si aparecen dolor en el pecho, falta de aire desproporcionada, mareo, palpitaciones intensas o debilidad repentina. La supervisión profesional es especialmente recomendable en personas con patologías diagnosticadas o con una limitación funcional importante.
Una inversión en salud y autonomía
El impulso de estas estrategias en Paraná y San Benito refleja una visión de la actividad física como parte de la atención sanitaria y no como una recomendación aislada. Integrarla en los servicios de salud puede mejorar la prevención, favorecer tratamientos más completos y ayudar a que los pacientes mantengan una mayor autonomía.
El mensaje principal es que cualquier movimiento cuenta. Con objetivos adaptados, seguimiento y apoyo profesional, la actividad física puede convertirse en un hábito realista para mejorar la calidad de vida y proteger la salud a largo plazo.



