
De la NBA a Silicon Valley: Omri Casspi transforma su experiencia en un fondo de 800 millones de dólares
La carrera de Omri Casspi no terminó cuando dejó las pistas de la NBA. El exjugador israelí ha trasladado la disciplina, la capacidad de análisis y la toma de decisiones propias del baloncesto profesional al mundo de la inversión tecnológica, con una estrategia centrada en algunos de los sectores con mayor potencial de crecimiento.
Su proyecto financiero alcanza los 800 millones de dólares y pone el foco en compañías especializadas en inteligencia artificial, ciberseguridad y soluciones digitales. Una evolución profesional que conecta dos entornos aparentemente distintos, pero unidos por la necesidad de anticiparse, detectar oportunidades y asumir riesgos calculados.
Del vestuario a la inversión tecnológica
Durante su etapa en la NBA, Casspi compitió en un entorno marcado por la presión, la exigencia diaria y la evaluación constante. Cada partido obligaba a interpretar rápidamente lo que ocurría sobre la pista, adaptar el plan y tomar decisiones en cuestión de segundos.
Ese aprendizaje se ha convertido ahora en una herramienta para analizar empresas emergentes. En lugar de estudiar rivales y sistemas de juego, el exbaloncestista examina modelos de negocio, equipos fundadores, mercados en expansión y tecnologías capaces de cambiar industrias enteras.
La transición también refleja una tendencia cada vez más visible entre los deportistas de élite. Muchos jugadores buscan construir una segunda carrera antes de retirarse, aprovechando su red de contactos, su conocimiento financiero y la experiencia acumulada en entornos altamente competitivos.
Inteligencia artificial y ciberseguridad, en el centro de la estrategia
El fondo impulsado por Casspi concentra buena parte de su actividad en la inteligencia artificial, una tecnología que está modificando la forma de trabajar de empresas, administraciones y consumidores. Las aplicaciones de la IA abarcan desde la automatización de procesos hasta el análisis de datos, la atención al cliente y el desarrollo de nuevos productos.
La apuesta no se limita a las compañías más conocidas. La estrategia también contempla startups capaces de crear herramientas especializadas, desarrollar infraestructuras tecnológicas o resolver problemas concretos para sectores tradicionales.
La ciberseguridad constituye el otro gran pilar. El aumento de los ataques informáticos, el robo de datos y la dependencia de los servicios digitales han convertido la protección tecnológica en una prioridad para empresas de todos los tamaños.
En este contexto, las startups de seguridad pueden encontrar oportunidades en áreas como la prevención del fraude, la protección de identidades, la gestión de riesgos y la defensa de infraestructuras críticas. Para los inversores, se trata de un mercado con una demanda creciente y una importancia estratégica cada vez mayor.
La importancia de apostar por las startups
El fondo también dirige su atención a empresas jóvenes con capacidad para crecer rápidamente. Invertir en startups implica asumir un nivel de incertidumbre elevado, pero permite participar en las primeras fases de proyectos que pueden convertirse en referentes de sus respectivos sectores.
La selección de estas compañías exige algo más que capital. Los inversores deben valorar la visión de los fundadores, la solidez del equipo, la escalabilidad del producto y la capacidad de adaptación ante los cambios del mercado.
En ese proceso, la experiencia deportiva puede aportar una perspectiva diferente. La cultura del rendimiento, la importancia del trabajo colectivo y la gestión de los momentos complicados son elementos habituales en el deporte profesional y también resultan decisivos al construir una empresa.
Una nueva generación de deportistas inversores
El caso de Casspi se enmarca en la creciente presencia de antiguos deportistas en el capital riesgo y el emprendimiento. La visibilidad pública, el acceso a redes internacionales y la experiencia en la gestión de la presión ofrecen una base especialmente valiosa para explorar nuevas oportunidades.
Sin embargo, el salto desde el deporte hasta la tecnología no garantiza el éxito. La inversión requiere conocimiento específico, equipos especializados y una visión a largo plazo. En sectores como la IA y la ciberseguridad, además, los cambios regulatorios y la velocidad de la innovación pueden alterar rápidamente las previsiones.
Por eso, la propuesta de Casspi busca combinar su experiencia personal con el análisis profesional del ecosistema tecnológico. El objetivo es identificar compañías con potencial antes de que alcancen una mayor notoriedad y acompañarlas durante sus distintas etapas de crecimiento.
Una apuesta por el futuro digital
El fondo de 800 millones de dólares representa un movimiento ambicioso dentro del panorama de la inversión tecnológica. Más allá del volumen de capital, su enfoque revela dónde se concentran actualmente algunas de las mayores expectativas de crecimiento: la inteligencia artificial, la protección digital y las empresas capaces de transformar sectores tradicionales.
Para Omri Casspi, el cambio de la NBA a Silicon Valley no supone abandonar la competición, sino trasladarla a otro escenario. La cancha ha dado paso a los mercados tecnológicos, pero permanecen algunos principios esenciales: prepararse mejor que los demás, reconocer el talento y tomar decisiones con una visión clara del futuro.



