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Unos 2.000 menores navarros podrían estar enganchados a las redes, los videojuegos o el juego de azar

Alrededor de 2.000 niños y jóvenes de Navarra presentan un uso problemático de las redes sociales, los videojuegos o los juegos de azar, según la alerta trasladada por Unicef. La organización advierte de que se trata de un fenómeno transversal, capaz de afectar a menores de distintos perfiles y que no se limita a un territorio concreto.

La preocupación no se centra únicamente en el tiempo que los menores pasan frente a una pantalla. El problema aparece cuando el uso de estas plataformas o actividades comienza a interferir en la vida diaria, las relaciones familiares, los estudios, el descanso o el bienestar emocional.

Un problema que va más allá de las fronteras

La advertencia pone el foco en una realidad cada vez más extendida: el acceso temprano a dispositivos conectados y la presencia constante de estímulos digitales. Redes sociales, videojuegos y aplicaciones con elementos de recompensa forman parte del ocio habitual de niños y adolescentes, pero también pueden favorecer hábitos difíciles de controlar.

Unicef califica esta situación como un problema transversal que afecta incluso fuera de las fronteras. La dimensión internacional del fenómeno está relacionada con la expansión de servicios digitales diseñados para captar y mantener la atención de los usuarios, así como con la facilidad para acceder a ellos desde cualquier dispositivo.

En el caso de los menores, esta exposición puede resultar especialmente delicada. Su capacidad para regular los impulsos todavía está en desarrollo y, en determinadas circunstancias, pueden tener dificultades para identificar cuándo una actividad de ocio ha dejado de ser saludable.

Cuándo el uso deja de ser una afición

No todo uso frecuente de redes sociales o videojuegos implica una adicción. La clave está en observar si existe pérdida de control y si la actividad provoca consecuencias negativas. También conviene prestar atención a los cambios bruscos en la rutina del menor y a la reacción que muestra cuando se intenta limitar el acceso.

Entre las señales que pueden alertar a las familias se encuentran el abandono de otras aficiones, el descenso del rendimiento escolar, la alteración del sueño o el aislamiento. La irritabilidad, los conflictos habituales en casa y la necesidad de pasar cada vez más tiempo conectado también pueden indicar que es necesario pedir orientación.

  • Dificultad para reducir el tiempo dedicado a una pantalla o plataforma.
  • Prioridad del juego o de las redes frente al descanso, los estudios o las relaciones personales.
  • Malestar intenso cuando no se puede acceder al dispositivo.
  • Ocultación del tiempo real de conexión o del dinero gastado.
  • Pérdida de interés por actividades que antes resultaban gratificantes.

La prevención empieza en casa y en el entorno educativo

La respuesta no pasa únicamente por prohibir el acceso a internet. Los especialistas suelen recomendar que las familias establezcan normas claras, adaptadas a la edad, y que las apliquen de forma coherente. Fijar horarios, proteger el descanso nocturno y mantener los dispositivos fuera del dormitorio son algunas medidas que pueden ayudar.

También es importante que los adultos conozcan las plataformas que utilizan los menores. Hablar sobre sus experiencias, revisar juntos las opciones de privacidad y explicar los riesgos asociados a las compras dentro de los juegos o a las apuestas permite construir una relación más segura con la tecnología.

El acompañamiento debe combinar límites con diálogo. Un menor que percibe únicamente castigos puede ocultar su comportamiento, mientras que una conversación abierta facilita que pida ayuda cuando se encuentre desbordado. La familia, el centro educativo y los servicios sanitarios tienen un papel relevante para detectar las primeras señales y actuar antes de que el problema se agrave.

Especial atención al juego de azar

La inclusión de los juegos de azar en esta alerta añade una preocupación específica. La normalización de las apuestas y su promoción en entornos digitales pueden dificultar que los adolescentes perciban sus riesgos. Además, determinados formatos incorporan recompensas, retos y sistemas de pago que pueden confundir ocio y gasto de dinero.

Por este motivo, resulta esencial que los menores reciban información clara sobre la probabilidad de perder, el funcionamiento de las promociones y las consecuencias de utilizar dinero de forma impulsiva. La supervisión familiar y la educación financiera deben formar parte de la prevención, junto con el control de los medios de pago y de las cuentas a las que tienen acceso.

Una actuación temprana puede marcar la diferencia

La cifra estimada para Navarra refleja la magnitud de un desafío que requiere una respuesta coordinada. Detectar a tiempo los cambios de conducta, escuchar al menor sin culpabilizarlo y consultar con profesionales son pasos fundamentales cuando el uso de redes, videojuegos o juegos de azar empieza a ocupar demasiado espacio.

La tecnología forma parte de la vida cotidiana y no se trata de mantener a los niños y jóvenes al margen de ella. El objetivo es que puedan utilizarla de manera segura, equilibrada y consciente, sin que las pantallas condicionen su descanso, sus relaciones o su desarrollo.

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