Novartis se enfrenta a una doble presión: el coste de las adquisiciones y el vencimiento de sus patentes
Novartis atraviesa un momento delicado en los mercados. La farmacéutica suiza ha perdido más de 30.000 millones de dólares de valor bursátil después de que uno de los medicamentos incorporados mediante una adquisición reciente no haya cumplido las expectativas. El revés ha reavivado las críticas contra la dirección y ha llevado a algunos inversores a reclamar cambios en el consejo de administración.
La situación coloca al consejero delegado, Vas Narasimhan, ante una contradicción estratégica. Novartis necesita seguir comprando compañías, tratamientos y plataformas tecnológicas para compensar la próxima pérdida de exclusividad de varios de sus medicamentos. Sin embargo, la decepción de una operación reciente puede encarecer y complicar las decisiones de crecimiento externo.
Una adquisición que no ha respondido a las expectativas
En la industria farmacéutica, las fusiones y adquisiciones son una herramienta habitual para renovar las carteras de productos. Las grandes compañías destinan miles de millones a hacerse con fármacos en desarrollo o ya comercializados, con la expectativa de ampliar ingresos antes de que sus tratamientos más rentables pierdan la protección de las patentes.
El problema surge cuando el medicamento adquirido genera menos ventas, resultados clínicos o potencial comercial del previsto. En ese escenario, el comprador no solo asume el coste de la operación: también debe afrontar la pérdida de confianza de los accionistas y el riesgo de que el activo tarde años en alcanzar la rentabilidad.
Eso es lo que parece haber ocurrido en Novartis. La reacción del mercado ha sido especialmente severa, con una caída de la valoración superior a 30.000 millones de dólares. La magnitud del descenso refleja que los inversores no están cuestionando únicamente un producto concreto, sino también la capacidad de la compañía para seleccionar y ejecutar sus próximas operaciones.
La presión sobre Vas Narasimhan aumenta
La caída bursátil ha dado fuerza a las voces que piden una renovación del consejo de administración. Este tipo de reclamaciones suele aparecer cuando los accionistas consideran que los mecanismos de supervisión no han funcionado o que la estrategia de la empresa se ha vuelto demasiado dependiente de operaciones de elevado riesgo.
Para Narasimhan, el momento resulta especialmente complejo. El máximo ejecutivo necesita mantener el control de la agenda corporativa mientras responde a las críticas de los inversores. Una batalla interna por la gobernanza podría distraer a la dirección justo cuando la compañía debe tomar decisiones importantes sobre su cartera de medicamentos.
La farmacéutica tendrá que demostrar que la operación cuestionada es un caso aislado y que dispone de criterios sólidos para valorar futuras compras. También deberá explicar cómo piensa medir el rendimiento de sus adquisiciones y qué mecanismos aplicará para limitar el impacto de posibles fracasos.
El vencimiento de patentes obliga a buscar alternativas
La necesidad de cerrar acuerdos no desaparece por la actual tensión. Durante los próximos años, varios medicamentos de éxito de Novartis se acercarán al final de su protección intelectual. Cuando una patente expira, los competidores pueden lanzar versiones genéricas o biosimilares, lo que suele provocar una reducción considerable de los precios y de la cuota de mercado del producto original.
Este fenómeno, conocido en el sector como el patent cliff, puede abrir un agujero relevante en los ingresos de una compañía. Para evitarlo, Novartis necesita sustituir progresivamente esas ventas con nuevos tratamientos, ampliar sus indicaciones y acelerar el desarrollo de productos propios.
Las adquisiciones ofrecen una vía rápida para cubrir ese déficit. Permiten incorporar medicamentos que ya han superado parte del proceso de investigación y, en algunos casos, cuentan con ensayos clínicos avanzados o autorizaciones regulatorias. Pero también implican pagar primas elevadas y asumir incertidumbres sobre la demanda, la seguridad y la competencia.
El reto: crecer sin pagar de más
La estrategia de Novartis deberá equilibrar dos objetivos que pueden entrar en conflicto. Por un lado, la empresa necesita invertir para asegurar su crecimiento futuro. Por otro, no puede transmitir al mercado la impresión de que está comprando activos a cualquier precio para compensar la pérdida de sus productos estrella.
Los inversores vigilarán especialmente el calendario de nuevas operaciones, el nivel de endeudamiento y la evolución de los medicamentos adquiridos. También prestarán atención a la capacidad de la compañía para avanzar en áreas con potencial de crecimiento, como los tratamientos especializados y las terapias dirigidas a enfermedades complejas.
La crisis actual convierte las fusiones y adquisiciones en parte del problema y, al mismo tiempo, en una posible solución. Novartis necesita aprender de la operación que ha decepcionado al mercado, reforzar la supervisión de sus inversiones y convencer a sus accionistas de que las próximas decisiones responderán a una estrategia a largo plazo, no a la urgencia de cubrir un vacío de ingresos.


