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La disputa por Navier-Stokes enfrenta a OpenAI con dos matemáticos por el crédito de una demostración

La polémica sobre quién llegó primero a ciertos resultados relacionados con las ecuaciones de Navier-Stokes ha entrado en una segunda fase. Sébastien Bubeck, investigador de OpenAI, publicó el 8 de septiembre su versión de los hechos, pidió disculpas por uno de sus comentarios durante una conversación con los matemáticos Tristan Buckmaster y Levent Alpöge, y recibió el respaldo público de Sam Altman menos de media hora después.

Buckmaster, profesor de la Universidad de Nueva York, mantiene, sin embargo, que Bubeck presentó una versión falsa de lo ocurrido. El enfrentamiento pone sobre la mesa una cuestión que va más allá de la atribución de un descubrimiento: cómo deben competir, colaborar y comunicar sus resultados los laboratorios de inteligencia artificial cuando trabajan sobre problemas matemáticos de máxima dificultad.

Dos versiones enfrentadas sobre la autoría

OpenAI anunció inicialmente que sus sistemas habían resuelto en 88 horas dos enunciados vinculados a las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los Problemas del Milenio. La comunidad matemática señaló poco después que Alpöge y Buckmaster habían alcanzado antes resultados relacionados y que las conversaciones posteriores con OpenAI habían sido tensas.

Según Bubeck, él contactó primero con Alpöge, investigador de Anthropic, con la intención de coordinar la publicación de los resultados. En una conversación posterior con Buckmaster descubrió que el trabajo de ambos se centraba en las ecuaciones de Euler, estrechamente relacionadas, pero diferentes de las de Navier-Stokes.

El investigador de OpenAI afirma que, a partir de ahí, se estudiaron distintas fórmulas de colaboración. Una de ellas consistía en que Buckmaster participara como autor principal en una reescritura de la demostración desarrollada por OpenAI. En ese contexto, Bubeck asegura que planteó que la colaboración sería más sencilla si Alpöge no trabajara para Anthropic.

Bubeck niega haber solicitado que Alpöge fuese excluido de la autoría de su propio trabajo. Explica que la pareja había reconocido el uso de modelos internos de Anthropic durante su investigación, circunstancia que, a su juicio, dificultaba tratarlos como investigadores académicos independientes en una colaboración con OpenAI.

La disculpa de Bubeck y la respuesta de Altman

La parte más controvertida de la conversación se produjo cuando Buckmaster habría amenazado con trasladar el conflicto a los medios de comunicación. Bubeck preguntó entonces por qué alguien pondría en riesgo su carrera con acusaciones que consideraba infundadas.

El investigador calificó después esa formulación de un grave error y aseguró que retiró el comentario inmediatamente. También publicó una disculpa explícita por lo que describió como una pésima elección de palabras. Buckmaster no considera suficiente esa explicación y sostiene que la reconstrucción ofrecida por Bubeck no se corresponde con lo sucedido.

Sam Altman respaldó públicamente a Bubeck y confirmó que OpenAI comenzó a investigar estos problemas después de que circularan rumores sobre un posible avance de Anthropic. Según el director ejecutivo, el objetivo era comprobar si los sistemas de OpenAI podían obtener resultados comparables.

Altman también aseguró que la compañía ofreció a los matemáticos publicar primero, proponerles para el reconocimiento económico asociado al problema y convertir a Buckmaster en coautor principal de una nueva versión de la demostración. Esas propuestas no han cerrado el desacuerdo sobre la prioridad científica.

Euler y Navier-Stokes no son el mismo problema

La diferencia técnica resulta esencial para entender la disputa. Las ecuaciones de Euler describen el movimiento de un fluido ideal sin viscosidad, es decir, sin la fricción interna que aparece cuando las capas del fluido se desplazan a distintas velocidades.

Las ecuaciones de Navier-Stokes incorporan precisamente esa viscosidad y presentan una dificultad matemática mucho mayor. Uno de los Problemas del Milenio plantea demostrar si, bajo determinadas condiciones, sus soluciones permanecen suaves y bien definidas o pueden desarrollar singularidades.

Alpöge y Buckmaster sostienen que resolvieron dos enunciados relacionados con Euler, mientras que OpenAI defiende que sus sistemas abordaron dos enunciados de Navier-Stokes. Buckmaster replica que la demostración de OpenAI tampoco cubriría el problema completo, sino un caso particular.

OpenAI, por su parte, afirma que su demostración no se basó en el trabajo de los dos matemáticos y que ambas investigaciones divergen de forma significativa. La cuestión deberá ser evaluada mediante un análisis técnico independiente y, previsiblemente, por procesos de revisión académica.

El papel de Codex y las dudas sobre los datos utilizados

La controversia incluye además una cuestión de transparencia. Buckmaster ha señalado que ambos investigadores utilizaron Codex, la herramienta de programación de OpenAI, durante el proyecto. Un informe de la compañía sostiene que no se accedió a datos específicos de usuarios, aunque reconoce que no puede descartarse por completo que información desidentificada derivada del uso de sus productos contribuyera a mejorar los modelos.

También se ha cuestionado el funcionamiento de los sistemas de monitorización. Noam Brown, investigador relacionado con OpenAI, afirmó que durante 2026 los monitores se activaban en la fase de despliegue, pero no necesariamente durante las evaluaciones. Si la prueba matemática se realizó sin esa supervisión, resulta más difícil determinar con precisión qué información pudo consultar o utilizar el sistema.

Una nueva carrera por la prioridad científica

El caso refleja la creciente competición entre laboratorios de IA por demostrar avances en matemáticas de frontera. El valor de estos logros no reside únicamente en un posible premio económico: también afecta a la reputación de la empresa, a su capacidad para atraer talento y a la confianza que despiertan sus modelos.

La comunidad matemática observa con preocupación que algunos anuncios de inteligencia artificial se presenten con la rapidez de una campaña corporativa, antes de completar una revisión independiente. En problemas tan complejos, ser el primero en publicar, definir correctamente el alcance del resultado y reconocer el trabajo previo son elementos inseparables de la validez científica.

La disculpa de Bubeck y el respaldo de Altman rebajan parcialmente la tensión pública, pero no resuelven la cuestión central. Determinar quién demostró qué, con qué herramientas y bajo qué condiciones requerirá revisar las pruebas matemáticas y aclarar los protocolos de colaboración entre empresas tecnológicas e investigadores independientes.

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