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El funcionario público del año será quien entienda la tecnología

La transformación tecnológica de las administraciones públicas no puede seguir dependiendo de anuncios, planes estratégicos o fondos europeos sin una dirección política clara. La inteligencia artificial, la automatización, la ciberseguridad y la gestión de datos ya están modificando la relación entre ciudadanos y servicios públicos. Sin embargo, la clase política todavía no parece avanzar al mismo ritmo.

El reto no consiste únicamente en comprar ordenadores, contratar plataformas o trasladar trámites del papel a una pantalla. Digitalizar una administración exige revisar procesos, formar a sus empleados y tomar decisiones sobre cuestiones tan delicadas como la privacidad, la transparencia y el uso de algoritmos. En ese escenario, el funcionario público del año no será necesariamente quien inaugure más proyectos, sino quien consiga que la tecnología funcione para las personas.

Europa afronta una oportunidad decisiva

En la Unión Europea se debate ya cómo orientar los nuevos fondos hacia una economía más competitiva, segura y digital. La oportunidad es relevante, pero también lo es el riesgo de repetir errores conocidos: financiar soluciones aisladas, multiplicar aplicaciones que no se comunican entre sí o presentar como innovación proyectos que apenas modernizan procedimientos antiguos.

Los recursos europeos pueden acelerar la digitalización de los servicios públicos, pero necesitan prioridades. La administración debería concentrar sus esfuerzos en infraestructuras comunes, interoperabilidad, capacitación profesional y herramientas que reduzcan los tiempos de respuesta. La tecnología debe ser un medio para prestar mejores servicios, no un fin en sí mismo.

La falta de coordinación entre organismos sigue siendo uno de los principales obstáculos. Un ciudadano no debería tener que aportar varias veces la misma información porque diferentes administraciones no comparten sus sistemas. Tampoco debería enfrentarse a portales confusos, procesos que se bloquean o canales digitales incompatibles con sus necesidades.

La inteligencia artificial necesita liderazgo público

La expansión de la inteligencia artificial hace más urgente esta conversación. Estas herramientas pueden ayudar a detectar fraudes, ordenar expedientes, anticipar necesidades sociales o mejorar la atención ciudadana. Pero su uso en el sector público requiere controles, supervisión humana y explicaciones comprensibles.

No basta con anunciar que una administración utilizará inteligencia artificial. Hay que definir qué datos empleará, quién revisará sus resultados, cómo se corregirán los errores y qué vías tendrá una persona para reclamar. Una decisión automática que afecta a una ayuda, una multa o un servicio esencial no puede convertirse en una caja negra.

La regulación europea ofrece un marco para avanzar con garantías, pero las normas no sustituyen a la responsabilidad política. Los responsables públicos deben comprender la tecnología suficiente para decidir con criterio y para exigir a proveedores y equipos técnicos resultados verificables. No se trata de que todos sean programadores, sino de que nadie gobierne de espaldas a la realidad tecnológica.

El talento interno es tan importante como la inversión

Otro desafío es la dependencia excesiva de empresas externas. La colaboración con el sector privado puede ser necesaria, especialmente en proyectos complejos, pero una administración que no conserva conocimiento propio pierde capacidad de negociación y control. El talento digital debe formar parte de las plantillas públicas y contar con carreras profesionales atractivas.

La contratación pública también necesita cambiar. Los procesos demasiado rígidos pueden dejar fuera a pequeñas empresas innovadoras, dificultar la actualización de los sistemas y favorecer soluciones cerradas. Las administraciones necesitan compras tecnológicas más ágiles, estándares abiertos y contratos que valoren el mantenimiento, la seguridad y la posibilidad de evolucionar.

  • Formar a los empleados públicos en datos, inteligencia artificial y ciberseguridad.
  • Diseñar servicios digitales accesibles para personas con distintas capacidades y niveles de competencia tecnológica.
  • Evitar la dependencia de un único proveedor mediante estándares abiertos e interoperables.
  • Evaluar los proyectos por su impacto real en la ciudadanía, no por el número de aplicaciones lanzadas.
  • Garantizar supervisión humana, transparencia y protección de datos en los sistemas automatizados.

Digitalizar sin dejar a nadie atrás

La administración digital no puede convertirse en una obligación excluyente. Parte de la población carece de conexión estable, dispositivos adecuados o conocimientos para completar un trámite en línea. Mantener canales presenciales y telefónicos no es un retroceso: es una condición para que la modernización sea verdaderamente inclusiva.

La accesibilidad debe estar presente desde el diseño, no como una corrección posterior. Un servicio público de calidad tiene que ser fácil de entender, funcionar en dispositivos móviles y ofrecer asistencia cuando sea necesario. La sencillez también es una forma de eficiencia: cada trámite que se resuelve sin errores ahorra tiempo al ciudadano y recursos a la administración.

El reconocimiento debe premiar los resultados

Si hubiera que elegir al funcionario público del año, el reconocimiento debería recaer en quien haya mejorado un servicio concreto, reducido una espera o eliminado una barrera administrativa. También en quien haya impulsado un proyecto seguro, reutilizable y capaz de beneficiar a varias instituciones.

La política tecnológica necesita menos gestos y más continuidad. Los fondos pueden financiar el cambio, pero solo el liderazgo, la formación y la evaluación garantizan que ese cambio perdure. La administración que comprenda esta diferencia estará mejor preparada para afrontar los próximos años.

El verdadero avance no será tener más tecnología en los despachos, sino construir unos servicios públicos más rápidos, transparentes y humanos. Ese es el desafío que la clase política debe asumir cuanto antes.

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