Amadeus reclama responsabilidad y confianza para acelerar la tecnología turística
El consejero delegado de Amadeus, Luis Maroto, ha defendido este martes que la responsabilidad y la confianza deben situarse en el centro de la evolución tecnológica del sector turístico. En un momento marcado por la inteligencia artificial, la automatización y el uso intensivo de datos, el directivo considera esencial que la innovación avance acompañada de garantías para empresas, viajeros y destinos.
La posición de Maroto pone el foco en una cuestión cada vez más relevante para la industria: la tecnología no solo debe ser capaz de mejorar la eficiencia, sino también de generar seguridad y credibilidad. Para ello, las soluciones digitales deben desarrollarse con criterios claros, procesos transparentes y una gestión responsable de la información.
La confianza, un activo estratégico para el turismo
El turismo depende de múltiples intercambios digitales. Reservas, pagos, identificaciones, preferencias de viaje y comunicaciones pasan por plataformas tecnológicas que conectan a aerolíneas, hoteles, agencias, aeropuertos y viajeros. En este entorno, cualquier duda sobre la protección de los datos o el funcionamiento de los sistemas puede afectar directamente a la relación con el cliente.
Por eso, la confianza no debe entenderse únicamente como una cuestión reputacional. También es un requisito para que las compañías adopten nuevas herramientas y para que los usuarios acepten servicios cada vez más personalizados. La expansión de la inteligencia artificial hace que esta exigencia sea todavía mayor.
Los sistemas capaces de analizar grandes volúmenes de información pueden ayudar a anticipar la demanda, mejorar la planificación de los viajes o agilizar la atención al cliente. Sin embargo, su utilidad dependerá de que las empresas puedan explicar cómo se toman determinadas decisiones y de que los datos se utilicen de forma legítima y proporcionada.
Responsabilidad ante la inteligencia artificial
La incorporación de la inteligencia artificial al turismo abre oportunidades en ámbitos como la búsqueda de destinos, la gestión de incidencias, la optimización de rutas y la personalización de ofertas. También puede contribuir a distribuir mejor los recursos y a responder con más rapidez ante cambios en la demanda.
El reto consiste en evitar que la velocidad de implantación se imponga a la supervisión. La responsabilidad tecnológica exige establecer controles, revisar los resultados de los sistemas y mantener la intervención humana cuando las decisiones puedan tener un impacto relevante sobre los viajeros o las empresas.
Este enfoque también afecta a la calidad de la información. En un sector tan sensible a los cambios de última hora, los sistemas deben ofrecer datos actualizados y reducir el riesgo de errores. Una recomendación incorrecta, una incidencia mal gestionada o una comunicación confusa pueden tener consecuencias inmediatas para la experiencia del pasajero.
Un ecosistema conectado que necesita reglas comunes
La actividad turística funciona como una cadena en la que intervienen numerosos proveedores. La coordinación entre compañías aéreas, alojamientos, agencias, aeropuertos y plataformas de distribución requiere que los sistemas puedan comunicarse de forma segura y fiable.
En este contexto, la confianza también depende de la interoperabilidad. Las empresas necesitan compartir información relevante sin perder el control sobre sus datos ni asumir riesgos innecesarios. La existencia de estándares, protocolos de seguridad y responsabilidades bien definidas resulta clave para que la transformación digital beneficie al conjunto del sector.
La ciberseguridad ocupa igualmente un lugar central. El turismo gestiona grandes volúmenes de información y ofrece servicios que deben permanecer operativos de manera continua. Proteger las infraestructuras digitales frente a ataques, fallos o accesos no autorizados es parte inseparable de una innovación responsable.
Innovar sin perder de vista a las personas
El mensaje de Maroto llega en un momento en el que las compañías turísticas afrontan una doble presión: responder a unas expectativas de servicio cada vez más altas y adoptar herramientas tecnológicas con rapidez. La automatización puede mejorar muchos procesos, pero no elimina la necesidad de contar con profesionales capaces de interpretar las situaciones más complejas.
La tecnología debe servir para facilitar el viaje, no para añadir nuevas barreras. Esto implica diseñar experiencias accesibles, ofrecer alternativas cuando un sistema falla y mantener canales de atención que permitan resolver problemas de forma directa. La eficiencia, por sí sola, no garantiza una buena experiencia si el usuario no entiende el proceso o no encuentra ayuda cuando la necesita.
La visión defendida por el máximo ejecutivo de Amadeus sitúa así la transformación digital dentro de un marco más amplio. El futuro del turismo estará marcado por la innovación, pero su consolidación dependerá de que esa innovación sea segura, explicable y útil para todos los actores del ecosistema.
En definitiva, responsabilidad y confianza se presentan como condiciones para que la tecnología siga ganando peso en los viajes. La industria tendrá que combinar inversión y capacidad de adaptación con protección de datos, transparencia y supervisión. Solo de esta forma la inteligencia artificial y el resto de herramientas digitales podrán convertirse en una ventaja sostenible para el turismo.



