Dormir menos de cinco horas se relaciona con un mayor riesgo de 37 enfermedades
Descansar de forma habitual menos de cinco horas por noche se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar hasta 37 enfermedades, según los resultados de una investigación centrada en la duración y la calidad del sueño. El análisis también apunta a que pasar más tiempo en las fases de sueño REM y de sueño profundo podría relacionarse con un menor riesgo de distintos problemas de salud.
Los hallazgos refuerzan una idea cada vez más respaldada por la evidencia científica: dormir no es solo una cuestión de recuperar energía. Durante la noche, el organismo regula procesos relacionados con el sistema inmunitario, el metabolismo, la memoria, la presión arterial y el equilibrio hormonal. Cuando el descanso es insuficiente o se encuentra fragmentado, estas funciones pueden verse alteradas.
La falta de sueño afecta a varios sistemas del organismo
La asociación entre dormir menos de cinco horas y un mayor riesgo de enfermedad no se limita a un único diagnóstico. La privación crónica de sueño se ha relacionado con alteraciones cardiovasculares, metabólicas, inmunitarias y neurológicas, además de problemas de salud mental y un peor rendimiento cognitivo.
Entre las consecuencias que se han observado con mayor frecuencia se encuentran el aumento de la presión arterial, una peor regulación de la glucosa, cambios en el apetito y una mayor tendencia a ganar peso. También pueden aparecer dificultades para concentrarse, irritabilidad, somnolencia diurna y una menor capacidad para afrontar el estrés.
En este contexto, la cifra de 37 enfermedades debe interpretarse como una asociación estadística, no como una relación de causa y efecto demostrada en todos los casos. Dormir poco puede influir en la salud, pero también puede ser consecuencia de una enfermedad previa, de turnos laborales, de determinados medicamentos o de factores sociales y emocionales.
El papel del sueño REM y del sueño profundo
La duración total del descanso es importante, pero no es el único indicador. El sueño se organiza en diferentes fases que se repiten a lo largo de la noche. Entre ellas se encuentran el sueño REM, vinculado a buena parte de la consolidación de la memoria y del procesamiento emocional, y el sueño profundo, considerado esencial para la recuperación física.
Una mayor proporción de sueño REM y de sueño profundo se asocia con un menor riesgo de padecer diversos problemas de salud. Esta relación sugiere que la calidad del descanso puede ser tan relevante como el número de horas que se pasan en la cama.
Sin embargo, las fases del sueño no dependen únicamente de los hábitos personales. La edad, el consumo de alcohol, el estrés, la apnea del sueño, la obesidad, algunas enfermedades y los horarios irregulares pueden modificar su duración y continuidad. Por este motivo, las aplicaciones y los relojes inteligentes pueden ofrecer estimaciones útiles, pero no sustituyen a una evaluación médica ni a un estudio del sueño.
Cuántas horas conviene dormir
Las necesidades varían según la edad y las características individuales, aunque la mayoría de los adultos necesita dormir aproximadamente entre siete y nueve horas por noche. Más que alcanzar una cifra exacta todos los días, los especialistas recomiendan mantener horarios relativamente estables y valorar cómo se encuentra la persona durante la jornada.
Despertarse con sensación de descanso, mantener la atención y no necesitar dormir constantemente durante el día son señales compatibles con un sueño reparador. Por el contrario, los despertares frecuentes, los ronquidos intensos, las pausas respiratorias observadas durante la noche o la somnolencia excesiva pueden indicar un trastorno que conviene consultar.
Medidas para mejorar el descanso nocturno
- Mantener una hora regular para acostarse y levantarse, también durante los fines de semana.
- Evitar la cafeína durante la tarde y limitar el alcohol, especialmente antes de dormir.
- Reducir el uso de móviles, tabletas y otros dispositivos en la última hora del día.
- Mantener el dormitorio oscuro, silencioso, fresco y reservado para dormir.
- Realizar ejercicio con regularidad, aunque no inmediatamente antes de acostarse.
- Exponerse a luz natural por la mañana para ayudar a sincronizar el ritmo circadiano.
- No automedicarse con somníferos ni suplementos sin supervisión profesional.
Cuándo pedir ayuda médica
Si los problemas de sueño duran varias semanas, interfieren en la vida diaria o se acompañan de ansiedad, bajo estado de ánimo, ronquidos fuertes o pausas respiratorias, es recomendable consultar con un profesional sanitario. También conviene pedir valoración cuando la persona duerme muchas horas, pero continúa cansada de forma persistente.
Los resultados sobre la duración del sueño y sus fases apoyan la importancia de proteger el descanso como parte de la prevención. No obstante, dormir bien no elimina por sí solo el riesgo de enfermedad. Debe integrarse en un estilo de vida saludable que incluya alimentación equilibrada, actividad física, controles médicos y atención a la salud mental.



