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Cataluña plantea prohibir la inteligencia artificial en las aulas hasta los 14 años mientras Europa endurece sus límites

La relación entre la inteligencia artificial y la educación atraviesa una nueva etapa de restricciones. Cataluña ha anunciado un plan para prohibir el uso de herramientas de IA en las escuelas hasta los 14 años, una medida que forma parte de un paquete más amplio de actuaciones sobre bienestar digital para menores de 16 años.

La propuesta todavía debe concretarse y cuenta con numerosos aspectos pendientes de definir, pero marca un cambio relevante respecto a la posición mantenida por la Generalitat en 2024. Entonces, el Govern publicó orientaciones para incorporar la inteligencia artificial al sistema educativo y defendió la necesidad de que los centros fueran proactivos ante la llegada de estas tecnologías.

Ahora, el Ejecutivo catalán apuesta por limitar su presencia en las aulas. El anuncio se produce en un contexto de preocupación por el rendimiento académico, el uso excesivo de dispositivos y la dificultad de los centros para establecer criterios comunes sobre los chatbots de IA.

Un plan de bienestar digital con más de medio centenar de medidas

La prohibición de la inteligencia artificial hasta los 14 años se integra en un proyecto de bienestar digital para menores de 16 años que incluye alrededor de 60 medidas. Entre ellas figuran restricciones al acceso a las redes sociales, el veto a los teléfonos móviles en determinados entornos educativos y la retirada progresiva de dispositivos digitales en la etapa infantil.

El plan también contempla reforzar la lectura de obras clásicas y recuperar el uso de libros de texto en papel. La intención es reducir la dependencia de las pantallas y recuperar espacios de aprendizaje más centrados en la atención, la escritura y la interacción directa con docentes y compañeros.

En el caso de la IA, el alcance exacto de la prohibición será especialmente importante. No es lo mismo impedir el uso de ChatGPT y otros asistentes conversacionales para hacer trabajos que limitar cualquier aplicación que emplee algoritmos de inteligencia artificial, incluidos traductores, sistemas de accesibilidad o plataformas educativas adaptativas.

De las prohibiciones iniciales a los cambios de rumbo

El debate recuerda a lo ocurrido en Nueva York poco después del lanzamiento de ChatGPT. En enero de 2023, las autoridades educativas vetaron el acceso al chatbot en las aulas por temor a que facilitara el plagio y dificultara la evaluación real de los alumnos.

La prohibición se levantó apenas unos meses después. El cambio de postura evidenció que las primeras respuestas ante la IA generativa, es decir, aquella capaz de crear textos, imágenes, código o respuestas a partir de instrucciones, estuvieron marcadas en buena medida por la reacción inmediata y la incertidumbre.

Desde entonces, los sistemas educativos han alternado periodos de apertura con nuevas restricciones. La falta de criterios compartidos ha dejado a muchos centros, profesores y familias ante una tecnología que los alumnos pueden utilizar fuera del aula y que resulta difícil de controlar por completo.

Europa también endurece su posición

La decisión catalana no es un caso aislado. Noruega recomendó en junio no utilizar herramientas de inteligencia artificial entre los 6 y los 13 años. Italia, por su parte, exige desde octubre de 2025 el consentimiento de los padres para que los menores de 14 puedan emplear este tipo de sistemas.

En Estados Unidos, Nueva York vuelve a ocupar un lugar destacado en la discusión. Su alcalde, Zohran Mamdani, ha defendido que los niños necesitan profesores y conexión humana para aprender, una postura que resume la preocupación de quienes consideran que la automatización puede desplazar procesos esenciales del desarrollo educativo.

El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, ha advertido de que la IA permite a los niños saltarse pasos cruciales. El argumento apunta a uno de los principales riesgos de estas herramientas: ofrecer una respuesta correcta sin que el estudiante haya comprendido el razonamiento necesario para llegar a ella.

La evidencia muestra que el resultado depende del uso

La investigación disponible no respalda una conclusión sencilla. Un estudio realizado con alrededor de 1.000 alumnos de bachillerato en Turquía analizó los efectos de permitir el acceso sin restricciones a GPT-4, un modelo de lenguaje capaz de generar respuestas mediante el análisis de grandes cantidades de texto.

Los estudiantes mejoraron un 48 % en ejercicios prácticos cuando podían utilizar la herramienta. Sin embargo, sus resultados fueron un 17 % peores en exámenes estándar realizados sin acceso a la IA. La diferencia sugiere que el chatbot podía ayudar a completar tareas, pero también ocultar carencias de comprensión y aprendizaje.

El mismo trabajo encontró un resultado muy distinto cuando los alumnos utilizaron un tutor de IA diseñado específicamente para acompañar el proceso educativo. En ese escenario, el rendimiento práctico mejoró un 127 % y los exámenes no mostraron un deterioro significativo.

Estos datos apuntan a una conclusión relevante: no todas las formas de utilizar la inteligencia artificial producen el mismo efecto. Un chatbot generalista que resuelve ejercicios no equivale a una herramienta que plantea preguntas, ofrece pistas y obliga al estudiante a explicar sus decisiones.

Una regulación por delante de la evidencia

La expansión de las restricciones refleja que los sistemas educativos todavía no han aprendido a integrar bien la IA. Las administraciones temen que los alumnos la empleen para hacer deberes, redactar trabajos o responder exámenes sin adquirir los conocimientos necesarios.

También preocupa la privacidad de los menores, la posible exposición a respuestas incorrectas y la dificultad de detectar contenidos generados automáticamente. Estos sistemas pueden producir información falsa con apariencia convincente, un fenómeno conocido como alucinación de la IA.

En Cataluña, el anuncio llega además después de la crisis provocada por la exclusión de los alumnos catalanes de las pruebas PISA, una evaluación internacional que compara el rendimiento educativo de estudiantes de distintos países y regiones. El contexto ayuda a entender la presión por recuperar resultados y mostrar una respuesta firme.

La gran incógnita será si la prohibición se convierte en una solución estable o en otro bandazo normativo. La experiencia de Nueva York y los primeros estudios disponibles sugieren que el debate no debería limitarse a permitir o vetar la IA, sino a decidir qué usos son adecuados, a qué edades y con qué supervisión docente.

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