Publicidad

Cada vez más personas mayores de 65 años juegan a videojuegos en España

Los videojuegos ya no son una actividad asociada únicamente a niños, adolescentes o adultos jóvenes. La población española de entre 65 y 75 años se está incorporando progresivamente al ocio digital, una tendencia que refleja cómo ha cambiado la relación de los mayores con la tecnología y el entretenimiento.

Un informe de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) confirma que cada vez más personas de esta franja de edad juegan a videojuegos. La evolución resulta especialmente significativa porque rompe con la imagen tradicional del jugador y sitúa a los mayores como un público con intereses, hábitos y necesidades propias dentro de la industria.

Los videojuegos también forman parte del ocio sénior

Durante años, el videojuego se ha presentado como un producto dirigido principalmente a las generaciones más jóvenes. Sin embargo, quienes hoy tienen entre 65 y 75 años han vivido de cerca la expansión de la informática, las consolas y los teléfonos inteligentes. Muchos de ellos han tenido contacto con estas herramientas a través de sus hijos, sus nietos o sus propias actividades profesionales.

El resultado es una relación más natural con las pantallas y con las plataformas digitales. Para este grupo, jugar puede ser una forma de entretenimiento accesible, flexible y compatible con distintos ritmos de vida. No se trata únicamente de competir o superar niveles: también de relajarse, mantener la atención o compartir tiempo con otras personas.

Este cambio de hábitos amplía el perfil del público gamer en España y obliga a la industria a contemplar propuestas más diversas. La edad deja de ser una frontera tan clara a la hora de definir quién juega y por qué lo hace.

Beneficios asociados al juego en personas mayores

El informe destaca los efectos beneficiosos que puede tener el uso de videojuegos entre la población de mayor edad. Según el tipo de experiencia, jugar puede estimular la concentración, la memoria, la coordinación entre vista y movimiento y la capacidad para resolver problemas.

Los juegos de estrategia, puzles o gestión, por ejemplo, plantean retos que requieren planificar y tomar decisiones. Otros títulos exigen recordar patrones, reaccionar ante determinados estímulos o seguir instrucciones. Estas dinámicas pueden convertir el ocio digital en una actividad mentalmente activa, siempre que se practique de forma equilibrada.

También existe una dimensión social relevante. Los videojuegos permiten jugar en compañía, comunicarse a distancia y participar en actividades con familiares o amistades. Para algunas personas mayores, las partidas compartidas con hijos y nietos ofrecen una vía adicional para mantener el contacto y descubrir intereses comunes.

Una herramienta contra el aislamiento

La dimensión social cobra especial importancia en una etapa de la vida en la que pueden reducirse las relaciones presenciales. La jubilación, los cambios familiares o las limitaciones de movilidad pueden favorecer el aislamiento. En este contexto, los videojuegos conectados a internet pueden facilitar nuevas formas de interacción.

No todos los jugadores buscan competir en línea ni participar en comunidades numerosas. En muchos casos, basta con una partida cooperativa, un juego casual o una experiencia compartida para establecer una rutina de comunicación. La tecnología no sustituye al contacto personal, pero sí puede complementarlo y ofrecer alternativas cuando la distancia dificulta los encuentros.

Además, jugar con familiares de distintas generaciones ayuda a normalizar el uso de dispositivos digitales. Los mayores no aparecen únicamente como usuarios que necesitan aprender, sino también como participantes activos capaces de elegir, disfrutar y compartir sus propias preferencias.

El reto de diseñar videojuegos para todos

El crecimiento de los jugadores sénior plantea nuevas oportunidades para desarrolladores y fabricantes. La accesibilidad debe ocupar un papel central en los videojuegos dirigidos a un público cada vez más amplio. Menús claros, textos legibles, controles configurables y tutoriales bien explicados pueden marcar la diferencia en la experiencia.

También es importante ofrecer distintos niveles de dificultad y evitar que la rapidez de respuesta sea el único criterio para avanzar. Los videojuegos pueden ser exigentes, pero deben permitir que cada persona adapte el reto a sus capacidades y preferencias.

  • Interfaz sencilla y con buena legibilidad.
  • Opciones para ajustar el tamaño de los textos y los subtítulos.
  • Controles personalizables y compatibilidad con distintos dispositivos.
  • Modos cooperativos que favorezcan el juego acompañado.
  • Tutoriales progresivos para facilitar el aprendizaje.

Una tendencia que seguirá creciendo

La presencia de mayores de 65 años en el mundo de los videojuegos demuestra que el sector está dejando atrás las categorías rígidas de jugador. La expansión de los móviles, la popularidad de las tabletas y la simplificación de muchas propuestas han reducido las barreras de entrada para quienes no crecieron con una consola en casa.

Esta evolución también puede contribuir a cambiar la percepción social de los videojuegos. Lejos de ser una actividad exclusiva de los más jóvenes, jugar puede formar parte de un ocio saludable y compartido en diferentes etapas de la vida. La clave está en elegir experiencias adecuadas, mantener un uso equilibrado y garantizar que la tecnología sea accesible.

El aumento de jugadores de entre 65 y 75 años en España confirma, en definitiva, que el videojuego se ha convertido en un medio de entretenimiento intergeneracional. Una realidad que beneficia a los usuarios y que, al mismo tiempo, abre a la industria el desafío de crear experiencias pensadas para una sociedad cada vez más diversa.

Artículo anteriorMetroid Ravenous: historia, novedades, precio y qué jugar
Artículo siguienteDallas Mavericks 2026-27: la única certeza es Cooper Flagg