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El sistema antidrones Leonidas promete derribos por unos céntimos, pero el coste real es mucho mayor

La guerra contra los drones busca reducir el precio de cada interceptación. En ese contexto, Epirus presenta Leonidas como una alternativa basada en energía dirigida: un sistema capaz de emitir microondas de alta potencia para inutilizar la electrónica de los aparatos no tripulados. Su consejero delegado, Andy Lowery, asegura que el combustible necesario para derribar un dron cuesta solo unos céntimos.

La cifra resulta llamativa frente al coste de otros métodos antidrones, especialmente cuando implican lanzar misiles o utilizar munición convencional. Sin embargo, el importe anunciado se refiere únicamente a la energía empleada durante la acción. No incluye la compra del equipo, su mantenimiento, la infraestructura necesaria ni el personal encargado de operarlo.

Microondas contra la electrónica del dron

Leonidas pertenece a la categoría de sistemas de energía dirigida. En lugar de perseguir el objetivo con un proyectil, utiliza microondas de alta potencia para afectar a los circuitos electrónicos del dron. El propósito es provocar un fallo que le impida continuar el vuelo o ejecutar la misión para la que fue desplegado.

Este enfoque ofrece una diferencia fundamental frente a los interceptores tradicionales: no requiere almacenar y reponer munición por cada objetivo neutralizado. Mientras haya energía disponible y el sistema pueda operar dentro de sus parámetros, el coste marginal de cada ataque puede mantenerse bajo.

La tecnología también plantea ventajas en escenarios con múltiples drones. Las fuerzas armadas y las infraestructuras críticas se enfrentan cada vez más a amenazas simultáneas, en las que utilizar un misil por aparato puede resultar demasiado caro o incluso inviable. Un sistema de microondas podría actuar como una capa adicional de defensa frente a estas oleadas.

Los céntimos solo representan una parte de la factura

El principal matiz de la promesa de Epirus está en la diferencia entre el coste operativo de un disparo y el coste total de propiedad. La electricidad consumida durante una intervención puede tener un precio reducido, pero el dispositivo que genera y dirige las microondas requiere una inversión inicial elevada.

A esa compra hay que sumar el mantenimiento periódico, las actualizaciones, la logística, la formación de los operadores y la integración con los sistemas de detección y mando. También es necesario contar con personal capaz de identificar los objetivos, autorizar la respuesta y evaluar si el dron ha quedado realmente neutralizado.

Por tanto, los céntimos mencionados por Lowery no deben interpretarse como el precio completo de derribar un dron. Son una estimación del consumo energético asociado a la acción, una variable importante, pero insuficiente para calcular el coste de una operación real.

La detección sigue siendo una pieza clave

Leonidas no funciona de manera aislada. Antes de emitir microondas, el sistema debe localizar el aparato, seguir su trayectoria y determinar si se trata de una amenaza. Esa tarea puede apoyarse en radares, sensores electroópticos, sistemas de radiofrecuencia u otras herramientas de vigilancia.

La eficacia dependerá también de la distancia, el tamaño del dron, su diseño, la potencia disponible y las condiciones del entorno. Los aparatos más pequeños pueden ser difíciles de detectar, mientras que los modelos protegidos o con sistemas redundantes podrían requerir más de una intervención.

Además, inutilizar la electrónica no siempre equivale a controlar el punto en el que caerá el dron. En una base militar, un aeropuerto o una zona urbana, la gestión del aparato después de perder sus sistemas puede ser tan importante como el ataque inicial.

Una tecnología pensada para complementar otras defensas

Los sistemas de microondas de alta potencia no eliminan la necesidad de contar con defensas convencionales. Su papel más probable es complementar otras soluciones y permitir que cada amenaza se responda con el medio más adecuado.

  • Coste marginal bajo: la energía consumida por cada intervención puede ser reducida.
  • Respuesta frente a múltiples objetivos: resulta especialmente interesante ante ataques coordinados.
  • Menor dependencia de la munición: no exige reponer un interceptor después de cada acción.
  • Inversión inicial elevada: el equipo, su despliegue y su mantenimiento forman parte del coste real.

El atractivo de Leonidas está, por tanto, en cambiar la economía de la defensa antidrones. La promesa de derribos por unos céntimos puede ser relevante para operaciones repetidas, pero solo si el sistema demuestra en condiciones reales que puede detectar, seguir e inutilizar objetivos con suficiente rapidez y fiabilidad.

La energía necesaria para cada ataque puede costar muy poco. La verdadera cuestión será cuánto cuesta mantener toda la capacidad operativa alrededor del sistema y qué rendimiento ofrece frente a amenazas distintas. En la defensa contra drones, la factura no termina cuando se enciende el emisor.

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