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Tesla pide a sus trabajadores que enseñen a Optimus, aunque algunos temen estar formando a su sustituto

La expansión de Optimus, el robot humanoide de Tesla, se enfrenta a una paradoja cada vez más visible: para que la máquina aprenda a realizar tareas industriales, necesita observar y reproducir el trabajo de las personas que algún día podría reemplazar. Esa situación habría provocado el rechazo de algunos empleados de las fábricas de la compañía en Texas y California.

La empresa comunicó en enero a parte de su plantilla que debía utilizar equipos de captura de movimiento para registrar cómo ejecutaban determinadas tareas de producción. El objetivo era recopilar datos con los que entrenar a Optimus, un robot diseñado para desenvolverse en entornos industriales y realizar acciones físicas repetitivas.

La reacción de algunos trabajadores refleja un conflicto que hasta ahora se asociaba sobre todo a la inteligencia artificial en entornos digitales. Guionistas, actores de voz, diseñadores o empleados de atención al cliente ya han cuestionado que su experiencia sirva para desarrollar sistemas capaces de asumir parte de sus funciones. Con los robots humanoides, esa tensión llega directamente a las fábricas.

Optimus necesita aprender observando a personas

Tesla no busca únicamente grabar vídeos de trabajadores. La compañía necesita reunir ejemplos detallados de cómo se manipulan objetos, cómo se siguen recorridos y en qué orden se encadenan distintos movimientos. Estos datos permiten entrenar al robot mediante aprendizaje por imitación, una técnica de inteligencia artificial que enseña a una máquina a partir de demostraciones humanas.

En lugar de programar manualmente cada movimiento, los desarrolladores proporcionan al sistema numerosos ejemplos. El modelo analiza la relación entre las acciones de la persona, los objetos del entorno y el resultado final. Después intenta reproducir esa secuencia en situaciones similares.

Este método resulta especialmente importante en robótica porque muchas tareas aparentemente sencillas exigen coordinar brazos, manos, sensores, fuerza y equilibrio. Para una persona, coger una pieza y colocarla en un punto concreto es una acción automática. Para un robot, requiere interpretar el espacio, calcular la trayectoria y aplicar la presión adecuada sin dañar el objeto.

La recopilación de datos continúa fuera de las líneas de producción

Las quejas de algunos trabajadores no habrían eliminado la necesidad de obtener esos ejemplos. Tesla comenzó a contratar personal dedicado a la recopilación de datos e instaló cámaras en sus centros de trabajo para registrar tareas. Parte de estas actividades se habría realizado lejos de las líneas de producción activas, en espacios preparados específicamente para el entrenamiento.

Durante el verano, la compañía también habría empezado a organizar centros de entrenamiento en varios estados de Estados Unidos, entre ellos Colorado, Arizona y Florida. El cambio sugiere que Tesla está separando progresivamente la fabricación de vehículos y otros productos de las sesiones destinadas a enseñar a Optimus.

Los puestos de recopilación de datos para el robot incluyen el uso de equipos de captura de movimiento. Estos dispositivos registran la posición y el desplazamiento de distintas partes del cuerpo para convertir una demostración humana en información que pueda procesar el sistema de control del robot.

El robot todavía afronta problemas de fabricación

La necesidad de entrenar a Optimus no es el único obstáculo para Tesla. El propio desarrollo físico del humanoide aún presenta dificultades. Sus manos y antebrazos reúnen más de un centenar de componentes pequeños, incluidos tornillos, que todavía requieren procesos de montaje manual.

Además, algunas unidades recién fabricadas necesitan correcciones antes de poder continuar con las pruebas. Los sensores táctiles también han mostrado problemas de fiabilidad. Estos sensores permiten detectar el contacto con objetos y medir aspectos como la presión, una capacidad esencial para que el robot pueda agarrar piezas sin soltarlas ni romperlas.

Para afrontar esas incidencias, Tesla habría desarrollado una capa similar a un guante que puede sustituirse sin cambiar toda la mano del robot. La solución facilitaría el mantenimiento, aunque también evidencia que Optimus continúa en una fase de desarrollo en la que los componentes deben revisarse y ajustarse con frecuencia.

El humanoide tampoco funciona todavía como una máquina completamente autónoma y generalista. Para ejecutar una tarea concreta necesita programación específica y un entorno relativamente controlado. Esto significa que saber colocar una pieza en una línea de montaje no implica que pueda realizar con la misma solvencia otra actividad distinta o reaccionar ante una situación inesperada.

Una apuesta estratégica con objetivos ambiciosos

El consejero delegado de Tesla, Elon Musk, ha situado Optimus entre las principales apuestas de futuro de la compañía. La visión es crear un robot capaz de asumir trabajos repetitivos, peligrosos o físicamente exigentes tanto dentro de las fábricas como, potencialmente, en otros espacios.

La empresa habría alcanzado una producción de varios centenares de unidades semanales y pretende disponer antes de que termine 2026 de una línea automatizada continua con capacidad para superar los 1.000 robots por semana. Para alcanzar ese objetivo tendrá que resolver al mismo tiempo los problemas de fabricación, mejorar la fiabilidad de los sensores y ampliar la variedad de tareas que Optimus puede ejecutar.

El debate laboral no desaparecerá con esos avances. La inteligencia artificial y la robótica necesitan los conocimientos de las personas para aprender, pero esa misma transferencia de experiencia puede acelerar la automatización de determinados puestos. La cuestión ya no es solo si las máquinas llegarán a hacer algunos trabajos, sino quién asumirá el coste y las consecuencias de enseñarles a hacerlo.

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