Estados Unidos pone a prueba una inteligencia artificial para anticipar retrasos y conflictos en el espacio aéreo
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) ha comenzado a utilizar una herramienta de inteligencia artificial para anticipar problemas en los vuelos antes de que lleguen a producirse. El sistema, denominado SMART, ha entrado en funcionamiento el 21 de septiembre en los tres aeropuertos de Washington D. C., una de las zonas aéreas más congestionadas y sensibles del país.
SMART es el acrónimo de Strategic Management of Airspace, Routes and Trajectories, que puede traducirse como Gestión Estratégica del Espacio Aéreo, las Rutas y las Trayectorias. La FAA lo considera el primer paso de un plan más amplio que podría llevar esta tecnología a todo Estados Unidos en 2028.
Una herramienta para anticipar los atascos en el aire
El sistema combina información procedente de distintas fuentes: horarios de las aerolíneas, previsiones meteorológicas, capacidad de los aeropuertos, disponibilidad de pistas y otros datos operativos. A partir de ese volumen de información, analiza cómo podría evolucionar el tráfico aéreo y detecta posibles conflictos con antelación.
En términos sencillos, SMART intenta encontrar los atascos antes de que aparezcan. Para ello, puede sugerir cambios en las horas de salida, rutas alternativas o ajustes en la programación de determinados vuelos. La inteligencia artificial no toma estas decisiones por sí sola: ofrece recomendaciones que los controladores pueden aceptar o descartar.
El objetivo es trabajar con una previsión de hasta 45 días. De esta forma, los planificadores podrían adelantar o retrasar algunos vuelos unos minutos para evitar que una acumulación de pequeñas incidencias termine provocando retrasos y cancelaciones generalizados.
La decisión final seguirá en manos de los controladores
SMART opera desde el centro de mando de la FAA en Warrenton, Virginia. Sus análisis y sugerencias se trasladan después a los centros regionales, donde los controladores evalúan si resultan adecuadas para la situación real del tráfico.
La agencia ha insistido en que el sistema no sustituye a los profesionales ni modifica los procedimientos actuales de control aéreo. En su fase inicial, funciona como una capa de apoyo: recopila datos, identifica patrones y plantea escenarios, pero no tiene autoridad para ordenar cambios en los vuelos.
Esta distinción es importante. En inteligencia artificial, un sistema predictivo no adivina el futuro, sino que calcula probabilidades a partir de datos disponibles. La calidad de sus recomendaciones depende de la información que recibe y de la capacidad de sus modelos para tener en cuenta fenómenos imprevisibles, como una tormenta repentina, una avería o una incidencia en pista.
Un contrato de 875 millones de dólares
El contrato para desarrollar y desplegar la solución asciende a 875 millones de dólares durante un periodo de 12 años. La adjudicación recayó en Air Space Intelligence, una empresa con sede en Boston especializada en software para operaciones aéreas.
El acuerdo también contempla la sustitución del sistema que actualmente gestiona el flujo de tráfico en el centro de mando de Warrenton. Esa infraestructura será la base sobre la que se apoyará SMART, que funcionará como una capa predictiva adicional capaz de analizar escenarios con mayor antelación.
La FAA ha optado por un lanzamiento limitado y de 90 días para comprobar el comportamiento de la herramienta antes de añadir nuevas funciones. Entre los siguientes objetivos figuran mejorar la separación entre llegadas y planificar rutas con varios días de antelación.
Washington, el primer banco de pruebas
La elección de Washington D. C. no es casual. Su espacio aéreo está especialmente saturado y continúa bajo el impacto del accidente ocurrido en enero de 2025 entre un avión de American Airlines y un helicóptero del Ejército cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan. Murieron 67 personas.
Las investigaciones señalaron varios factores relacionados con el siniestro, entre ellos deficiencias de la FAA y la falta de personal en la torre del aeropuerto. Probar SMART en esta región permite a la agencia evaluar la herramienta en un entorno complejo, con muchas rutas, aeropuertos cercanos y una elevada presión operativa.
Las aerolíneas temen cambios costosos
El despliegue ha generado dudas entre las compañías aéreas, que durante semanas no tuvieron claro hasta qué punto la FAA integraría la inteligencia artificial en sus operaciones diarias. Una de sus principales preocupaciones era que el sistema recomendase más cancelaciones o reprogramaciones.
La agencia ha tratado de rebajar esa inquietud mediante reuniones con el sector y ha asegurado que SMART utilizará los sistemas existentes para ofrecer alternativas de ruta, sin alterar por ahora los procedimientos de las aerolíneas ni de los controladores.
La patronal Airlines for America ha respaldado el proyecto y lo considera una de las iniciativas más ambiciosas de la FAA en décadas. United también ha señalado que, si la tecnología funciona como está previsto, podría reducir los retrasos y las cancelaciones más que cualquier otra medida adoptada en los últimos años.
La falta de controladores, el problema de fondo
El proyecto llega en un momento de escasez de personal. Hace un año, la FAA calculaba que necesitaba 14.633 controladores y, durante la primavera, redujo esa estimación en más de 2.000 puestos, al considerar que una programación más eficiente podría compensar parte de las contrataciones.
En abril había alrededor de 11.000 controladores certificados. La cifra y las necesidades reales siguen siendo motivo de desacuerdo entre la Administración y el sindicato del sector. Por ello, algunos críticos temen que SMART se utilice para justificar una plantilla más reducida en lugar de servir como una herramienta de apoyo.
También existen dudas técnicas. La FAA ha explicado con detalle qué tareas realizará el sistema, pero apenas ha precisado qué modelos de inteligencia artificial emplea ni cómo validará sus recomendaciones. Además, una mejor planificación inicial no puede eliminar todas las alteraciones que aparecen después, cuando los aviones ya están en ruta.
La prueba de Washington determinará si SMART puede convertirse en una pieza central de la modernización del control aéreo estadounidense. La ampliación nacional está prevista para 2028, pero antes la herramienta tendrá que demostrar que sus predicciones son fiables, que ayuda a los controladores y que reduce los retrasos sin añadir nuevos problemas a una red ya sometida a una fuerte presión.



