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China convierte el vídeo generado con IA en una apuesta industrial con apoyo público

China quiere que el vídeo creado con inteligencia artificial deje de ser un fenómeno limitado a clips virales y se convierta en una industria estratégica. El país está impulsando la creación de estudios especializados, abarata el acceso a la computación y ofrece incentivos para atraer empresas capaces de producir series, películas y otros contenidos audiovisuales con modelos generativos.

El estreno de Beyond Wukong, una serie realizada íntegramente con IA y emitida en horario de máxima audiencia, es uno de los ejemplos más visibles de esta estrategia. Su llegada a la televisión no representa un caso aislado, sino la culminación de una tendencia que las administraciones locales quieren organizar alrededor de nuevos polos tecnológicos.

Incentivos para atraer estudios y talento

Hasta hace poco, los emprendedores interesados en crear productoras de vídeo con IA tenían como principal destino Shenzhen, uno de los grandes centros tecnológicos del país. Ahora, ciudades como Shanghái, Pekín y la isla de Hainan compiten por captar estos proyectos mediante ayudas económicas y ventajas operativas.

Entre las medidas ofrecidas figuran exenciones o reducciones en el alquiler de espacios, apoyo al alojamiento de los trabajadores, rebajas en el coste de la capacidad de cálculo y acceso preferente a modelos de inteligencia artificial alojados en la nube. Esta última opción permite utilizar herramientas avanzadas sin que cada empresa tenga que comprar y mantener sus propios servidores.

El objetivo es concentrar empresas, profesionales, infraestructuras y proveedores en clústeres tecnológicos especializados. La lógica es similar a la aplicada en otros sectores estratégicos: crear ecosistemas locales capaces de producir contenidos a gran escala y de desarrollar tecnología propia.

El coste de generar vídeo se desploma

La inteligencia artificial generativa es aquella capaz de crear contenido nuevo, como texto, imágenes, audio o vídeo, a partir de instrucciones del usuario. En el caso audiovisual, los modelos transforman una descripción escrita o una imagen de referencia en secuencias con personajes, escenarios y movimientos.

Uno de los principales motores de su expansión es la caída del coste. Según datos difundidos por la televisión estatal china CCTV, generar un minuto de vídeo con IA costaba alrededor de 5.000 yuanes a comienzos de año. En pocos meses, la cifra se habría reducido a unos cientos de yuanes, una bajada que permite a más estudios experimentar y producir con mayor frecuencia.

La reducción de precios se suma a la mejora de los modelos, que cada vez generan imágenes más coherentes, movimientos más naturales y personajes con una apariencia más estable entre escenas. Aun así, siguen existiendo problemas de continuidad, expresiones faciales, sincronización de labios y control artístico, especialmente en producciones largas.

Más de 221.000 programas creados con IA

El abaratamiento de estas herramientas ya se refleja en la cantidad de contenido publicado. Durante la primera mitad de 2026 se lanzaron 221.900 programas generados con IA en Douyin, la plataforma china equivalente a TikTok.

La cifra muestra la dimensión que está adquiriendo el fenómeno, pero también plantea un desafío para las plataformas: distinguir las producciones profesionales de los vídeos automatizados, moderar posibles infracciones y evitar que la abundancia de contenido termine saturando a los espectadores.

Además de las ayudas públicas, algunas plataformas privadas están financiando directamente proyectos audiovisuales. iQIYI, uno de los principales servicios de streaming del país, ha subvencionado contenidos creados con inteligencia artificial para incorporarlos a su catálogo.

Un sector en expansión con reglas incompletas

La normativa china obliga a identificar los contenidos generados o modificados mediante IA. Sin embargo, todavía no existe un marco completamente definido sobre los derechos de autor de estas obras. La incertidumbre afecta a los personajes, los escenarios y los materiales creados a partir de modelos entrenados con grandes cantidades de datos.

Este vacío legal facilita la experimentación, pero también puede provocar conflictos por el uso de la imagen de personas o personajes, el plagio de estilos y la explotación comercial de obras generadas automáticamente. La cuestión central es determinar quién posee los derechos: el usuario que escribe la instrucción, la empresa que desarrolla el modelo o el equipo que supervisa el resultado.

El problema se vuelve aún más complejo cuando una herramienta reproduce elementos reconocibles de franquicias protegidas. La popularidad de los vídeos generados con IA ha multiplicado los casos en los que aparecen personajes, escenas o estilos asociados a grandes compañías de entretenimiento, lo que puede derivar en reclamaciones legales.

China frente a la cautela de Hollywood

La industria cinematográfica china trata de aprovechar la IA como una oportunidad para acelerar su desarrollo audiovisual. La directora Cao Yiwen ha descrito este momento como una posible tercera revolución industrial para el cine del país, después de las anteriores transformaciones tecnológicas que China no lideró.

La Administración Nacional de Cine ya ha autorizado la exhibición pública de Sanxingdui: Future Memories, un largometraje de ciencia ficción producido con IA por Bona Film Group y previsto para estrenarse este año. El permiso supone un paso relevante para normalizar este tipo de producciones en las salas y no solo en las redes sociales.

El enfoque contrasta con la mayor cautela de Hollywood. Durante la huelga de guionistas de 2023, una de las principales reclamaciones fue limitar la capacidad de los estudios para utilizar IA en la redacción o modificación de guiones. El sindicato de actores también consiguió incluir cláusulas para restringir el uso de réplicas digitales sin consentimiento.

China parece decidida a convertir la producción audiovisual automatizada en una ventaja competitiva. La combinación de subvenciones, costes decrecientes y una regulación todavía flexible puede acelerar el crecimiento del sector, aunque su consolidación dependerá de que el país resuelva los conflictos de propiedad intelectual y mantenga estándares de calidad suficientes para atraer al público.

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