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La tecnología dual se perfila como un antídoto contra la desindustrialización en Cataluña

La capacidad de Cataluña para reforzar su tejido industrial pasa también por impulsar la tecnología dual: aquella que puede aplicarse tanto en el ámbito civil como en el de la defensa. Esta es una de las principales conclusiones planteadas durante las jornadas Enfoquem, que han reivindicado el potencial transformador de la comunidad en sectores estratégicos.

El debate sitúa a la innovación, la fabricación avanzada y la colaboración entre empresas, centros tecnológicos y administraciones como elementos clave para recuperar peso industrial. El objetivo no es limitarse a desarrollar productos para un único mercado, sino crear capacidades capaces de responder a necesidades diversas y generar actividad económica sostenida.

Una oportunidad para ganar competitividad

La tecnología dual abarca soluciones muy distintas: sistemas de comunicación, inteligencia artificial, robótica, sensores, ciberseguridad, drones, nuevos materiales o herramientas para analizar grandes volúmenes de datos. En muchos casos, una innovación concebida para mejorar la seguridad puede encontrar aplicaciones en la movilidad, la logística, la salud o la gestión de infraestructuras.

Esta conexión entre usos civiles y militares permite ampliar mercados y reducir la dependencia de un único cliente. También favorece que el conocimiento generado en proyectos de alta complejidad llegue a la economía productiva y contribuya a modernizar sectores tradicionales.

Para Cataluña, el reto consiste en convertir su base científica, tecnológica e industrial en productos y servicios con mayor valor añadido. El territorio cuenta con universidades, centros de investigación, empresas emergentes y fabricantes con experiencia en ámbitos como la automoción, la aeronáutica, la electrónica o la industria digital.

Del conocimiento al producto

Uno de los obstáculos más habituales no es la falta de ideas, sino la dificultad para trasladarlas del laboratorio al mercado. La tecnología dual exige inversiones elevadas, procesos de certificación complejos y plazos de desarrollo más largos que los de otros productos digitales.

Las jornadas Enfoquem ponen el acento en la necesidad de crear puentes estables entre la investigación y la industria. La cooperación debe facilitar que una empresa pueda validar una solución, encontrar financiación, acceder a instalaciones de prueba y establecer alianzas comerciales.

La transferencia tecnológica se convierte así en una prioridad industrial. Sin mecanismos que acompañen a las compañías durante todo el proceso, muchas innovaciones corren el riesgo de quedarse en prototipos o de acabar siendo explotadas por organizaciones situadas fuera de Cataluña.

La colaboración público-privada, en el centro

El desarrollo de capacidades duales requiere una visión de largo plazo. La administración puede contribuir mediante programas de compra pública innovadora, apoyo a la investigación aplicada, incentivos a la fabricación local y marcos de colaboración que aporten seguridad a las empresas.

El sector privado, por su parte, debe asumir un papel activo en la definición de necesidades y en la industrialización de las soluciones. Las grandes compañías pueden actuar como tractoras de pequeñas y medianas empresas, mientras que las startups aportan agilidad, especialización y nuevos modelos de negocio.

También resulta esencial reforzar la formación. La falta de profesionales especializados en ingeniería, programación, análisis de datos, ciberseguridad y fabricación avanzada puede convertirse en un freno para el crecimiento. La conexión entre centros educativos y empresas será determinante para preparar los perfiles que requiere esta nueva industria.

Una estrategia industrial con impacto territorial

La apuesta por la tecnología dual no debería entenderse únicamente como una política vinculada a la defensa. Su alcance es más amplio: puede ayudar a diversificar la economía, elevar la productividad y crear empleos cualificados en distintas zonas del territorio.

Además, una industria capaz de producir tecnología crítica ofrece mayor autonomía ante interrupciones de las cadenas de suministro. La experiencia de los últimos años ha demostrado la importancia de disponer de proveedores próximos para componentes, software, sistemas de comunicaciones y equipamiento especializado.

Este enfoque puede reforzar la resiliencia de sectores como la energía, el transporte, las telecomunicaciones y la salud. La innovación orientada a la seguridad puede terminar mejorando servicios cotidianos y aumentando la capacidad de respuesta ante emergencias o crisis.

El desafío ético y regulatorio

El impulso de estas tecnologías también plantea responsabilidades. La investigación y el desarrollo deben estar acompañados de controles, transparencia y criterios claros sobre el uso de los sistemas. La inteligencia artificial, la vigilancia, los vehículos autónomos o las herramientas de ciberseguridad requieren garantías para proteger los derechos fundamentales.

La regulación europea marcará buena parte del terreno de juego, pero las empresas y las instituciones deben incorporar la evaluación de riesgos desde las primeras fases del diseño. La competitividad no puede desligarse de la confianza social ni del cumplimiento de las normas.

Cataluña ante una decisión estratégica

La principal reivindicación de Enfoquem es que Cataluña dispone de activos suficientes para desempeñar un papel relevante en la nueva economía industrial. La cuestión pasa por coordinar esfuerzos y transformar la capacidad tecnológica existente en producción, empleo y autonomía.

La tecnología dual puede ser una vía para combatir la desindustrialización siempre que se acompañe de inversión, planificación y cooperación. El reto no consiste solo en innovar, sino en fabricar, escalar y mantener en el territorio el conocimiento que hace posible esa innovación.

Si empresas, centros de investigación y administraciones logran avanzar en la misma dirección, Cataluña podrá convertir la seguridad y la transformación digital en motores de competitividad. La oportunidad está sobre la mesa; el siguiente paso será construir las condiciones para aprovecharla.

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