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El 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal: cómo anticiparse al riesgo

Una infección detectada en una granja, un animal silvestre enfermo o un alimento contaminado pueden acabar convirtiéndose en un problema de salud pública. La conexión entre la salud humana, la animal y la del medio ambiente es estrecha, y obliga a replantear la prevención desde una perspectiva conjunta.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas conocidas que afectan a las personas puede transmitirse entre animales y humanos. Además, aproximadamente el 75% de las infecciones emergentes tiene origen animal.

Estos datos explican la relevancia del enfoque Una Salud o One Health, que sitúa la colaboración entre profesionales sanitarios, veterinarios, productores, investigadores y autoridades ambientales en el centro de la respuesta. El objetivo es detectar las amenazas cuanto antes, contenerlas y evitar que lleguen a la población.

Prevenir en los animales para proteger a las personas

La prevención no comienza necesariamente en un hospital o en un centro de salud. En muchas ocasiones, empieza con la vacunación de los animales, el control de los alimentos, la vigilancia de las explotaciones ganaderas y la identificación rápida de cambios inusuales en la fauna silvestre.

Este planteamiento también ayuda a reducir el uso innecesario de antibióticos. Cuando las infecciones se previenen o se diagnostican de forma temprana, disminuye la necesidad de recurrir a estos medicamentos y, con ello, el riesgo de que las bacterias desarrollen resistencias.

El Día Mundial de Una Salud, que se celebra cada 3 de noviembre, recuerda que las fronteras entre la medicina humana, la veterinaria y la protección ambiental son cada vez menos útiles cuando se trata de anticiparse a nuevas amenazas sanitarias.

Tres enfermedades que muestran la conexión

Brucelosis: controlar el ganado para evitar contagios

La brucelosis es una infección bacteriana que afecta a distintas especies animales y puede transmitirse a las personas mediante el contacto con animales infectados o al consumir leche y derivados no pasteurizados.

Las personas que trabajan en explotaciones ganaderas, mataderos o laboratorios pueden estar especialmente expuestas. La vacunación del ganado, la vigilancia de los rebaños y el control de los movimientos de animales son medidas esenciales para limitar la circulación de la bacteria.

En el caso del ganado bovino, los programas sanitarios incluyen la vacunación de las terneras en las edades establecidas por las autoridades y controles periódicos. Estas actuaciones protegen tanto la producción como a quienes mantienen un contacto habitual con los animales.

Rabia: una enfermedad mortal, pero prevenible

La rabia es una infección vírica que puede transmitirse a las personas principalmente a través de la mordedura o el arañazo de un animal infectado. Una vez que aparecen los síntomas clínicos, suele ser mortal, pero la enfermedad se puede prevenir.

La vacunación de perros y gatos, el control de las poblaciones animales y la vigilancia de la fauna silvestre son herramientas fundamentales. También lo es actuar rápidamente tras una exposición: lavar la herida con agua y jabón y acudir de inmediato a un centro sanitario permite valorar la necesidad de profilaxis.

No se debe esperar a que aparezcan síntomas. La atención temprana puede incluir la administración de vacunas y, en determinadas circunstancias, inmunoglobulina específica. La decisión corresponde siempre a los profesionales sanitarios, según el tipo de contacto y el animal implicado.

Influenza aviar: vigilancia frente a nuevas variantes

La influenza aviar afecta principalmente a aves domésticas y silvestres. Algunas cepas pueden provocar brotes de gran impacto en las explotaciones y, de forma ocasional, infectar a mamíferos, incluidas las personas expuestas de manera intensa a animales enfermos o a ambientes contaminados.

La prevención se basa en la bioseguridad de las granjas, la separación entre aves domésticas y fauna silvestre, la notificación de mortalidades inusuales y la investigación rápida de los brotes. No se recomienda tocar aves enfermas o muertas sin protección ni manipularlas para su consumo.

Las autoridades sanitarias pueden establecer restricciones de movimiento, sacrificios controlados y otras medidas para frenar la propagación. La detección precoz resulta decisiva para reducir el riesgo y evitar que el virus se adapte mejor a otras especies.

Un sistema de alerta que debe compartir información

El enfoque Una Salud exige que los datos circulen entre los distintos ámbitos. Un aumento de abortos en el ganado, una mortalidad anormal en aves o la aparición de una infección poco habitual en personas pueden ser señales relacionadas que solo se identifican si los sistemas de vigilancia trabajan de forma coordinada.

  • Vacunar a los animales siguiendo las recomendaciones oficiales.
  • Consultar al veterinario ante cambios de conducta, síntomas o muertes inesperadas.
  • Consumir alimentos seguros, con especial atención a la pasteurización de la leche.
  • Evitar el contacto con animales silvestres enfermos o muertos.
  • Notificar los brotes y respetar las medidas de bioseguridad y control.

La OMS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Mundial de Sanidad Animal han reforzado su cooperación internacional para mejorar la prevención, la detección y la respuesta ante amenazas compartidas.

La idea central es sencilla: proteger la salud humana también implica cuidar a los animales y preservar los ecosistemas. Anticiparse a las infecciones allí donde aparecen por primera vez puede evitar contagios, reducir el uso de antibióticos y limitar el impacto de futuras epidemias.

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