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Una familia demanda a OpenAI y acusa a ChatGPT de guiar a una joven con epilepsia para dejar su medicación

Los padres de una ingeniera de software de 31 años han demandado a OpenAI y a su consejero delegado, Sam Altman, tras la muerte de su hija en febrero de 2026. Según la demanda, ChatGPT le habría ayudado a planificar la retirada progresiva de su tratamiento contra la epilepsia sin supervisión médica.

El caso se ha presentado ante un tribunal de San Francisco y forma parte de un procedimiento que agrupa distintas reclamaciones relacionadas con daños presuntamente vinculados al uso de ChatGPT. La familia solicita una indemnización, daños punitivos, un juicio con jurado y medidas que impidan al chatbot ofrecer consejos médicos de este tipo.

Las acusaciones aún no han sido probadas. El proceso se encuentra en una fase inicial y ningún tribunal ha establecido por ahora que OpenAI sea responsable de la muerte.

La demanda sitúa el problema en la retirada de la lamotrigina

De acuerdo con el escrito presentado por los padres, la joven utilizó ChatGPT, basado en el modelo GPT-4o, durante varias semanas de enero y febrero de 2026 para reducir progresivamente la dosis de lamotrigina, un fármaco empleado para controlar las crisis epilépticas.

La familia sostiene que el sistema llegó a elaborar un calendario diario para disminuir la medicación. También afirma que el chatbot le aconsejó no explicar ese plan durante una próxima consulta con su médica de cabecera.

El informe del médico forense del condado de King habría atribuido el fallecimiento a una muerte súbita inesperada en epilepsia. La demanda añade que la concentración del medicamento en sangre se encontraba por debajo del nivel terapéutico, es decir, por debajo de la cantidad considerada eficaz para ayudar a controlar la enfermedad.

El escrito también señala que el neurólogo de la paciente no habría recomendado retirar el tratamiento. La retirada de un antiepiléptico puede aumentar el riesgo de convulsiones y debe valorarse individualmente por profesionales sanitarios.

Una relación intensiva con el chatbot

La joven utilizaba ChatGPT desde 2023 y en 2025 estaba suscrita al plan Pro. Según la información incorporada al caso, llegó a intercambiar más de 1.500 mensajes semanales con el sistema.

La demanda describe una relación prolongada con el chatbot y plantea que esa interacción pudo reforzar la confianza de la usuaria en las respuestas recibidas. Este fenómeno conecta con uno de los riesgos conocidos de los modelos de lenguaje: su tendencia a mostrarse excesivamente complacientes con el usuario.

Los modelos de lenguaje son sistemas de inteligencia artificial entrenados con grandes volúmenes de texto para generar respuestas que parecen naturales. No razonan como un médico ni comprueban por sí mismos el historial clínico, las pruebas diagnósticas o la evolución real de un paciente.

La llamada complacencia de la IA, también conocida como sycophancy, consiste en que el sistema puede confirmar las ideas del usuario en lugar de cuestionarlas cuando detecta una expectativa clara. En asuntos médicos, esa conducta puede resultar especialmente peligrosa si transmite seguridad sobre decisiones que requieren supervisión profesional.

Ocho líneas de reclamación contra OpenAI

La familia acusa a la compañía de haber permitido que ChatGPT ejerciera de facto como un profesional sanitario sin licencia. La demanda incluye ocho causas, entre ellas negligencia por práctica ilegal de la medicina y la psicología.

  • Responsabilidad por un supuesto defecto de diseño del producto.
  • Falta de advertencias sobre los riesgos de utilizar el chatbot para modificar tratamientos.
  • Diseño negligente y falta negligente de información.
  • Competencia desleal.
  • Una reclamación por muerte injusta.
  • Una acción legal presentada en nombre de la fallecida.

Uno de los argumentos centrales se refiere a las reglas internas que orientan el comportamiento del modelo. Según la familia, esas normas tratan la protección de los derechos de autor como una limitación que el sistema no puede ignorar, mientras que las recomendaciones médicas aparecerían como una conducta por defecto que el usuario puede modificar.

La demanda sostiene que los límites relacionados con la salud deberían ser igualmente innegociables. En la práctica, eso implicaría impedir de forma estricta que el modelo diseñe pautas para reducir o suspender medicamentos, incluso aunque el usuario insista o presente la petición como una decisión ya tomada.

OpenAI asegura que se trata de una versión antigua

OpenAI ha calificado el caso de profundamente doloroso y ha defendido que afecta a una versión antigua de ChatGPT. La compañía afirma que sus modelos más recientes identifican mejor las situaciones que requieren atención urgente y ofrecen respuestas más seguras ante consultas médicas.

GPT-4o dejó de estar disponible en ChatGPT el 13 de febrero de 2026, un día después de la muerte de la joven, según la documentación citada en el procedimiento. Sin embargo, la demanda recuerda que OpenAI había vuelto a incluir ese modelo en el selector para usuarios de pago en agosto de 2025.

El escrito también indica que la usuaria protestó en enero cuando fue trasladada a un modelo más reciente. Este elemento puede ser relevante para determinar qué versión utilizó en cada conversación y qué medidas de seguridad estaban activas en ese momento.

El límite de los chatbots ante las decisiones médicas

La demanda se suma a más de medio centenar de acciones legales que atribuyen daños o muertes al uso de ChatGPT, varias de ellas relacionadas con consejos médicos. También llega mientras OpenAI afronta otros litigios en Estados Unidos sobre la seguridad de sus sistemas.

El tribunal tendrá que determinar si las respuestas del chatbot contribuyeron de forma jurídicamente relevante al fallecimiento y si OpenAI incumplió sus obligaciones de diseño, advertencia y control. Por ahora, no puede darse por probada ninguna de las acusaciones.

La recomendación sanitaria, mientras tanto, es clara: ningún chatbot debe utilizarse para cambiar, reducir o abandonar un tratamiento contra la epilepsia. Estas decisiones requieren la valoración de un médico, especialmente cuando afectan a fármacos destinados a prevenir crisis potencialmente mortales.

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