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La viticultura valenciana se reinventa en Requena con drones, datos y vinos sin alcohol

El viñedo ya no se recorre únicamente con botas de campo y un cuaderno de notas. En Requena, uno de los grandes referentes vitivinícolas de la Comunitat Valenciana, la tecnología empieza a ocupar un papel central en decisiones que afectan al rendimiento, la calidad de la uva y la rentabilidad de las explotaciones.

Drones, sensores, imágenes multiespectrales y herramientas de análisis de datos permiten conocer con mayor precisión el estado de cada parcela. Al mismo tiempo, las bodegas exploran nuevas elaboraciones, como los vinos sin alcohol, para responder a un consumidor que busca alternativas con menos graduación y formatos más flexibles.

El dron como herramienta para conocer mejor la viña

La observación aérea ofrece una perspectiva que resulta difícil de obtener desde el suelo. Los drones pueden sobrevolar las parcelas y capturar imágenes de alta resolución para detectar diferencias en el vigor de las plantas, zonas con estrés hídrico o posibles problemas de desarrollo.

Estas imágenes, especialmente cuando incorporan información multiespectral, ayudan a identificar cambios que todavía no son visibles a simple vista. Una variación en el color de las hojas o en la densidad de la cubierta vegetal puede alertar sobre falta de agua, carencias nutricionales, enfermedades o una maduración desigual.

El objetivo no es sustituir el conocimiento del viticultor, sino complementarlo. La tecnología permite localizar los puntos que requieren una revisión sobre el terreno y dedicar los recursos a las áreas donde realmente son necesarios.

Menos agua y tratamientos más precisos

La gestión del agua se ha convertido en uno de los grandes retos para el sector agrario. La irregularidad de las lluvias, las temperaturas elevadas y los episodios de sequía obligan a optimizar cada aporte de riego, especialmente en un cultivo condicionado por el clima como la vid.

Los sensores de humedad y las estaciones meteorológicas conectadas ofrecen información continua sobre el estado del suelo y la evolución de las condiciones ambientales. Con esos datos, los responsables de la explotación pueden ajustar el riego y evitar tanto el déficit como el exceso de agua.

La agricultura de precisión también puede contribuir a reducir el uso de productos fitosanitarios. En lugar de aplicar un tratamiento de manera uniforme sobre toda la parcela, los mapas de vigor y las alertas tempranas permiten actuar de forma más localizada. Esto reduce costes, limita el impacto ambiental y mejora la trazabilidad de las operaciones.

Datos para decidir cuándo vendimiar

Uno de los momentos más delicados del ciclo de la vid es la vendimia. Elegir el día adecuado influye en el equilibrio entre azúcares, acidez, aromas y polifenoles, factores que determinarán el perfil final del vino.

Los equipos técnicos combinan cada vez más las catas de uva y los análisis de laboratorio con datos recogidos en campo. La información histórica de cada parcela permite comparar campañas, anticipar comportamientos y planificar la recolección por zonas, en lugar de tratar el viñedo como una superficie homogénea.

Este enfoque resulta especialmente útil en territorios con parcelas de características muy distintas. La orientación, el tipo de suelo, la altitud y la disponibilidad de agua pueden provocar diferencias importantes incluso entre viñas próximas.

La bodega busca nuevas respuestas al consumo

La innovación no se limita al cultivo. Las bodegas valencianas también afrontan cambios en los hábitos de consumo. El interés por las bebidas con menos alcohol, las opciones sin alcohol y los productos compatibles con estilos de vida más saludables ha abierto una nueva línea de investigación y desarrollo.

Elaborar un vino sin alcohol plantea dificultades técnicas. La retirada del alcohol puede modificar el cuerpo, los aromas y la sensación en boca, por lo que es necesario trabajar tanto la materia prima como los procesos posteriores. La selección de variedades, el momento de la vendimia y las técnicas de desalcoholización son elementos determinantes.

El reto consiste en ofrecer una bebida equilibrada y reconocible, sin que el consumidor perciba que se trata simplemente de un vino al que se le ha eliminado un componente. Para ello, las bodegas experimentan con perfiles aromáticos, formatos y presentaciones dirigidos a públicos que quizá no consumen vino tradicional.

Una transformación con retos pendientes

La incorporación de tecnología puede mejorar la eficiencia, pero no está exenta de obstáculos. La inversión inicial, la necesidad de formar al personal y la gestión de grandes volúmenes de datos siguen siendo barreras para muchas explotaciones, especialmente las de menor tamaño.

También es necesario que las herramientas sean sencillas, interoperables y útiles en el día a día. Disponer de mapas o sensores no garantiza mejores decisiones si la información no se integra en la planificación habitual de la finca.

En Requena, la combinación de conocimiento tradicional e innovación apunta hacia un modelo de viticultura más eficiente y adaptable. El futuro del viñedo valenciano pasa por producir mejor, utilizar menos recursos y responder a un mercado en transformación, sin perder la identidad de un territorio cuya relación con la vid se ha construido durante generaciones.

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