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El Niño eleva los riesgos para la salud: lluvias extremas, calor y más enfermedades

Las alteraciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño están agravando varios riesgos para la salud pública. Las lluvias torrenciales, los desbordamientos de ríos y los episodios de temperaturas extremas pueden favorecer la aparición y propagación de enfermedades, además de dificultar la respuesta de los servicios sanitarios.

El impacto no se limita a las zonas directamente afectadas por inundaciones. Los cambios en la temperatura y en el régimen de precipitaciones modifican los ecosistemas, alteran la calidad del agua y crean condiciones más favorables para determinados mosquitos, roedores y otros vectores transmisores de infecciones.

Inundaciones y contaminación del agua

Uno de los principales peligros está relacionado con las inundaciones. Cuando el agua de lluvia entra en contacto con aguas residuales, productos químicos o residuos, puede contaminar las redes de abastecimiento y aumentar el riesgo de infecciones gastrointestinales.

En estas situaciones pueden propagarse bacterias, virus y parásitos responsables de diarreas, vómitos, hepatitis A y otras enfermedades vinculadas al consumo de agua o alimentos contaminados. La falta de acceso a agua potable y las dificultades para mantener una higiene adecuada agravan el problema.

Los expertos recomiendan no beber agua cuya seguridad no esté garantizada y extremar la precaución con los alimentos que hayan estado en contacto con aguas de inundación. También es importante lavarse las manos con frecuencia y seguir las indicaciones de las autoridades locales.

Más mosquitos y enfermedades transmitidas por vectores

El Niño puede generar una combinación especialmente favorable para la proliferación de mosquitos: temperaturas más elevadas, acumulación de agua y cambios en los patrones de lluvia. Estos insectos pueden transmitir enfermedades como dengue, chikungunya, zika o fiebre amarilla en las regiones donde circulan los virus.

El riesgo depende de la presencia previa del mosquito y del agente infeccioso, pero el aumento de las temperaturas puede ampliar el periodo de actividad de los vectores y favorecer su expansión hacia nuevas zonas. Por este motivo, la vigilancia epidemiológica resulta esencial durante y después de los episodios climáticos extremos.

Para reducir las picaduras, se aconseja utilizar repelentes autorizados, vestir ropa que cubra brazos y piernas y colocar mosquiteras en puertas, ventanas y camas. También conviene eliminar recipientes donde pueda acumularse agua, como cubos, macetas, neumáticos o depósitos sin tapa.

El calor extremo también deja consecuencias

Los picos de temperatura asociados a estos episodios pueden provocar golpes de calor, deshidratación y un empeoramiento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales. Las personas mayores, los bebés, las embarazadas y quienes padecen patologías crónicas forman parte de los grupos más vulnerables.

La exposición prolongada al calor puede causar dolor de cabeza, mareos, debilidad, náuseas, confusión y pérdida de conocimiento. Ante síntomas intensos, especialmente si la persona presenta una temperatura corporal muy elevada o alteraciones del estado mental, es necesario solicitar asistencia sanitaria urgente.

Durante los días más calurosos se recomienda beber agua con regularidad, evitar el ejercicio y la exposición solar en las horas centrales y permanecer en espacios frescos. No se debe dejar a niños, personas dependientes ni animales dentro de vehículos, aunque las ventanas estén parcialmente abiertas.

Impacto en la salud mental y en los servicios sanitarios

Las consecuencias de El Niño también pueden afectar a la salud mental. La pérdida de viviendas, los daños materiales, los desplazamientos forzosos y la incertidumbre pueden provocar ansiedad, insomnio, estrés postraumático o síntomas depresivos.

Además, las inundaciones y las olas de calor pueden interrumpir el funcionamiento de centros de salud, cortar carreteras y dificultar el acceso a medicamentos. Las personas que necesitan tratamientos continuos, como insulina, oxígeno o diálisis, pueden encontrarse en una situación especialmente delicada.

Prevención y vigilancia, claves para reducir el impacto

La prevención exige coordinar a los servicios meteorológicos, sanitarios y de protección civil. Los sistemas de alerta temprana permiten anticipar inundaciones y temperaturas extremas, organizar evacuaciones y proteger a los colectivos con mayor riesgo.

También es necesario reforzar la vigilancia de la calidad del agua, controlar las poblaciones de mosquitos y garantizar el suministro de medicamentos y productos básicos. La información clara a la ciudadanía ayuda a evitar rumores y facilita que las recomendaciones se cumplan.

El fenómeno de El Niño no causa por sí solo todas estas enfermedades, pero puede multiplicar las condiciones que favorecen su aparición. La combinación de extremos climáticos, urbanización y desigualdades sociales convierte cada episodio en un desafío sanitario que requiere preparación antes, durante y después de la emergencia.

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