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La vacunación de adultos gana peso como herramienta de prevención cardiovascular en Europa

La inmunización durante la edad adulta debe ocupar un lugar más relevante en las estrategias europeas para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Expertos, instituciones comunitarias y organizaciones de pacientes reclaman una mayor inversión, campañas de concienciación y una coordinación más eficaz entre los sistemas sanitarios para mejorar las coberturas de vacunación.

La propuesta parte de una idea cada vez más respaldada: algunas infecciones pueden aumentar temporalmente la inflamación y la sobrecarga del organismo, agravando el riesgo de complicaciones cardiovasculares en personas vulnerables. Por ello, la vacunación no debería entenderse solo como una medida frente a enfermedades infecciosas, sino también como un elemento complementario dentro de la prevención integral.

Las infecciones pueden elevar el riesgo cardiovascular

Durante una infección, el sistema inmunitario activa una respuesta inflamatoria que puede afectar a distintos órganos. En pacientes con hipertensión, diabetes, enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca u otros factores de riesgo, este proceso puede favorecer descompensaciones y aumentar la probabilidad de acontecimientos graves.

La gripe, la enfermedad neumocócica y la COVID-19 se encuentran entre las infecciones que pueden tener un impacto especialmente relevante en personas con patologías cardiovasculares. La fiebre, la deshidratación, la falta de oxígeno y el aumento de la demanda del corazón pueden complicar la evolución clínica.

La vacunación no sustituye a los tratamientos ni elimina por completo la posibilidad de enfermar, pero puede reducir el riesgo de infección, de cuadros graves y de hospitalización. En el caso de la gripe, distintos estudios han observado además una asociación entre la inmunización y una menor incidencia de algunos eventos cardiovasculares, especialmente en pacientes de alto riesgo.

Una prevención que debe comenzar antes

Uno de los principales retos consiste en dejar de considerar las vacunas como una intervención exclusiva de la infancia. La protección debe mantenerse durante toda la vida y adaptarse a la edad, el estado de salud, el historial vacunal, la situación epidemiológica y las recomendaciones de cada país.

Las personas mayores y quienes conviven con enfermedades crónicas deberían recibir información clara sobre las vacunas indicadas para su situación. También es importante revisar periódicamente el calendario vacunal en las consultas de atención primaria, cardiología, neumología, endocrinología y otras especialidades.

Integrar esta revisión en la asistencia habitual permitiría detectar a pacientes que no han recibido alguna dosis, que necesitan una vacuna estacional o que desconocen que su enfermedad puede aumentar el riesgo de complicaciones infecciosas. La recomendación directa de los profesionales sanitarios sigue siendo uno de los factores que más influye en la decisión de vacunarse.

Más información para combatir las dudas

Las organizaciones de pacientes advierten de que persisten la desinformación, el cansancio tras los últimos años de pandemia y la percepción de que ciertas infecciones ya no representan una amenaza. A ello se suman las dificultades para acceder a los servicios sanitarios, solicitar cita o entender las diferencias entre los calendarios de vacunación.

Por este motivo, los expertos defienden campañas públicas más sencillas y continuadas, con mensajes adaptados a cada grupo de edad y condición clínica. La comunicación debe explicar qué beneficios aporta la vacunación, cuáles son sus posibles efectos adversos y por qué el balance entre beneficios y riesgos es favorable para las personas con mayor vulnerabilidad.

También se considera necesario mejorar la información dirigida a los cuidadores y a las familias. Su participación puede ser decisiva cuando se trata de personas mayores, pacientes dependientes o ciudadanos con dificultades para gestionar sus propios cuidados sanitarios.

Coordinación entre países y profesionales

Europa presenta diferencias importantes en sus calendarios, sistemas de financiación, vías de acceso y coberturas vacunales. Estas desigualdades pueden traducirse en una protección irregular frente a infecciones que afectan de forma especial a las personas con enfermedades cardiovasculares.

Una respuesta común requiere compartir datos, evaluar resultados y facilitar que las recomendaciones se apliquen de forma coherente. La coordinación entre las autoridades sanitarias europeas, los gobiernos nacionales, las comunidades autónomas, los centros de salud y los hospitales permitiría identificar mejor las bolsas de población no protegida.

La digitalización puede contribuir a este objetivo mediante registros vacunales interoperables y avisos automatizados para pacientes y profesionales. Estas herramientas deberían utilizarse con garantías de privacidad y sin sustituir el acompañamiento clínico, especialmente en los colectivos con más dificultades de acceso.

Invertir en prevención para reducir la presión asistencial

Los impulsores de esta estrategia reclaman que la vacunación de adultos se incorpore de manera explícita a los planes de prevención cardiovascular. La inversión no debería limitarse a la compra de vacunas, sino incluir formación de profesionales, campañas informativas, sistemas de seguimiento y medidas para facilitar la vacunación en centros sanitarios y comunitarios.

Prevenir infecciones graves puede reducir ingresos hospitalarios, complicaciones y pérdida de calidad de vida. Además, una mejor protección de los pacientes crónicos puede aliviar la presión sobre unos sistemas sanitarios que afrontan el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades cardiovasculares.

La prevención cardiovascular debe seguir apoyándose en hábitos saludables, control de la presión arterial, abandono del tabaco, alimentación equilibrada, ejercicio y cumplimiento de los tratamientos. Dentro de ese conjunto de medidas, la vacunación de adultos representa una intervención adicional, accesible y potencialmente decisiva para proteger a quienes presentan un mayor riesgo.

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